Tirando por la borda todos los pronósticos ortodoxos que pronosticaban una desestabilización del
sistema monetario tras el pago anticipado de la deuda al FMI, el Gobierno festejó hoy la superación
del nivel previo de reservas y destacó la solidez y previsibilidad que ofrece su política
monetaria.
El 3 de enero pasado el gobierno de Néstor Kirchner decidió cancelar por anticipado la deuda
de 9500 millones de dólares con el FMI utilizando parte de los 28.120 millones que, en ese momento,
constituían las reservas del Banco Central.
La idea: sacarse de encima al Fondo y sus recetas neoconservadoras. Tanto la derecha como la
izquierda se encargaron de vilipendiar la decisión. Si por un lado, se temió por la estabilidad
monetaria, por el otro, se sostuvo que ese dinero tenía otras prioridades y, por lo tanto, debería
haber tenido otros destinos.
Con lo anunciado hoy por Redrado y la ministra de Economía, Felisa Miceli, el Gobierno logró
rebatir a uno de esos sectores. Habiendo alcanzado esta tarde los 28.125 millones de dólares, el
oficialismo pudo enarbolar la bandera que representa a un sistema monetario con una "mayor solidez"
y con "capacidad de hacer frente a sus compromisos".
Redrado indicó que, este comportamiento del sistema monetario, demuestra que en la Argentina
hay "una mayor capacidad de inversión" y que, debido a que existen menores "vulnerabilidades", el
país ofrece una "mayor previsibillidad".
"Es el principal seguro que puede tener el país", sostuvo el titular del Central sobre el
abundante nivel de reservas que calificó de "esquema sólido de largo plazo" pasible de atravesar
los vaivenes globales.
El "fuerte superávit comercial" es, según estimó Redrado, la fuente de esos recursos. Aunque
también destacó el nivel de superávit fiscal, una política que al Gobierno le gusta llamar "basada
en superávits gemelos".