En las últimas semanas, las páginas económicas de los diarios dieron cuenta de un financiamiento externo que el ministro de Economía Martín Lousteau fue a buscar a los Estados Unidos. Crédito, blindaje y crisis financiera internacional fueron las palabras más usadas para describir el pedido del Ministro a los organismos internacionales de crédito como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento del Banco Mundial (BIRF).
¿Por qué una Argentina que atraviesa “un gran momento de superávit fiscal”, con
“crecimiento sostenido” y otras variables económicas que abundan en los anuncios
oficiales aunque no en la realidad, sale a pedir financiamiento externo?
Perfil.com consultó a José Luis Espert, quien aseguró que los créditos por 15.500 millones de dólares que Lousteau solicitó tanto al BID como al BIRF son para repagar la deuda contraída con esos organismos y para paliar una situación fiscal “que es endeble porque no hay superávit”.
Espert consideró: “Durante el período 2003-2007 los préstamos que se lograban tanto
con el BID como el BIRF fueron para repagar deuda. Pero esta vez
pidió el doble de lo necesario. Porque para el período 2008-2011, la deuda es de
7.300 millones de dólares y pidió 15.500 millones de dólares”.
Según Espert, con ese exceso se
pagarían los vencimientos de préstamos garantizados, Bodem y otros.
“Los vencimientos de deuda le explotan a Lousteau entre 2008 y 2011 y como
no existe el superávit fiscal se necesita ese dinero”, explicó Espert,
un economista que se
define a sí mismo como muy pro-capitalista y quien cree que el Estado debe intervenir lo mínimo
necesario en la economía.
“Lousteau miente sobre la situación fiscal, miente en el número”, soltó el
economista quien describió que los anuncios oficiales de superávit fiscal son de nivel nacional sin
considerar “
el pago de intereses de deuda pública ni el déficit de las provincias”.
Para Espert, la Argentina tiene un problema financiero muy complicado: “Es increíble
que con una recaudación de 360.000 millones de pesos, el superávit fiscal sea de 10.000 millones y
eso es porque el gasto público estimado para 2008 es de 340.000 millones de pesos. Lo que
significan 270.000 millones más que en 2002 cuando el gasto público era de 77.000 millones de
pesos”, disparó Espert.
Si bien el economista reconoce que entre 2003 y 2006 se paró el deterioro distributivo, anticipa que “la inflación va a retrotraer esa situación otra vez”.