El riesgo país argentino superó este lunes los 765 puntos básicos, con una suba cercana al 7% respecto del cierre del viernes, en una jornada marcada por el impacto de la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil. Aunque el resultado electoral desató una fuerte corrección en los mercados de la región y profundizó las pérdidas de los activos locales, el movimiento también volvió a poner en primer plano las dudas sobre la capacidad de la Argentina para afrontar sus compromisos financieros y sostener el programa económico en los próximos años. El nivel alcanzado se convirtió en un nuevo máximo para 2026.
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"El resultado de Brasil fue un disparador importante, pero no creo que explique por sí solo el nivel actual del riesgo país argentino", sostuvo el analista financiero Maximiliano Ramírez ante la consulta de PERFIL. Según explicó, la reacción de los mercados fue regional: "hubo una fuerte corrección de los activos brasileños y eso inevitablemente contagió a Argentina, que además es uno de los mercados más sensibles cuando aumenta la aversión al riesgo".
Las dudas sobre el financiamiento de 2027
Para Ramírez, una parte sustancial de la presión sobre los bonos argentinos responde a que el mercado comenzó a concentrar su atención en las necesidades financieras del país para 2027, cuando volverán a pesar tanto los vencimientos de deuda como las incógnitas sobre la continuidad del programa económico.
"Argentina ya venía mostrando cierta debilidad antes de Brasil, fundamentalmente porque el mercado empezó a mirar más hacia 2027", señaló.
En ese escenario, el analista identificó tres preguntas centrales para los inversores: "cómo se va a cubrir el programa financiero, qué capacidad va a tener Argentina de volver al mercado voluntario de deuda y, sobre todo, cuál es la sustentabilidad política del programa económico cuando nos acerquemos nuevamente a un año electoral".
El mercado ya comenzó a diferenciar el riesgo asociado a los vencimientos que caen dentro de la actual administración de aquellos que deberán afrontarse posteriormente. La incertidumbre sobre la capacidad de refinanciar los compromisos en dólares, por lo tanto, no se limita a la situación inmediata de las cuentas públicas, sino que también incorpora las expectativas sobre el rumbo económico después de las próximas elecciones presidenciales.

Ramírez consideró que el aumento del riesgo país no responde exclusivamente a un deterioro de los fundamentos macroeconómicos. "No diría que hay hoy un deterioro macroeconómico que, por sí solo, justifique todo el aumento del riesgo país. Pero tampoco diría que es puramente un fenómeno externo", afirmó.
Y resumió: "Brasil explica el shock de corto plazo, mientras que la incertidumbre sobre el financiamiento y principalmente sobre el escenario político de 2027 explica buena parte de la prima adicional que Argentina está pagando".
La actividad económica también entra en la cuenta
A los interrogantes financieros y políticos se suman las señales de debilidad de la economía real. El analista Franco Marín señaló en diálogo con PERFIL que, aunque las anclas fiscal y monetaria muestran consistencia, persisten alertas en el nivel de actividad, con consecuencias sobre el empleo y la recaudación tributaria.
"En el frente interno, los fundamentos macroeconómicos muestran consistencia en sus anclas fiscal y monetaria, aunque persisten señales de alerta en el nivel de actividad", sostuvo.
En ese sentido, advirtió que "la debilidad económica está afectando a la dinámica del empleo". La consecuencia es una presión adicional sobre los ingresos tributarios y el balance fiscal, en un contexto en el que la sostenibilidad de las cuentas públicas constituye uno de los pilares del programa económico.
Para Marín, será necesario "consolidar las expectativas en torno a la solvencia del programa económico y observar un repunte tangible en la actividad que aleje el fantasma de una recesión técnica inminente".

La presión internacional y las señales que espera el mercado
El contexto internacional representa otro factor de presión. La aversión al riesgo que siguió al resultado electoral brasileño se combinó con la atención puesta en la política monetaria de Estados Unidos. La persistencia de la inflación núcleo mantiene a los inversores pendientes de las próximas decisiones de la Reserva Federal, mientras las tasas de interés y los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense condicionan el atractivo relativo de los activos emergentes.
En la jornada del lunes, la reacción alcanzó tanto a las acciones como a los títulos soberanos argentinos. Según el análisis de Marín, el Merval medido en dólares contado con liquidación retrocedió un 5%, mientras que los bonos soberanos en dólares cedieron entre 2% y 3%, con mayores pérdidas en los títulos de vencimiento más largo. La brecha cambiaria, en tanto, se amplió al 7%.
Para Ramírez, la cuestión central será determinar si el movimiento queda circunscripto al shock regional o si termina modificando las expectativas sobre la economía argentina. "Si Brasil se estabiliza y Argentina logra dar señales claras respecto de reservas, financiamiento y continuidad del orden macro, estos niveles de riesgo país pueden empezar a comprimir nuevamente", evaluó.
El escenario contrario supondría que los inversores comiencen a incorporar de manera anticipada una mayor incertidumbre electoral. "En cambio, si se instala anticipadamente una prima electoral hacia 2027, probablemente tengamos varios meses de mayor volatilidad", advirtió.
En la misma línea, Marín sostuvo que cualquier recuperación sostenida de los activos argentinos dependerá de la capacidad de anclar las variables macroeconómicas y "de ofrecer señales inequívocas de seguridad jurídica".
FN/MSS