En plena cosecha, el campo ya mira hacia adelante, aunque lo que ve no parece ser muy tranquilizador. Con más del 70% de la superficie agrícola argentina operando bajo algún tipo de alquiler, los productores están sentados a la mesa de negociación con un problema concreto: los números del trigo para la campaña 2026/27 no cierran.
Así lo indica un informe técnico elaborado por investigadores del INTA, que calculó márgenes y riesgos para los principales cultivos de invierno y verano, en un contexto de costos productivos en alza impulsados por tensiones globales y el conflicto en Medio Oriente.
En el corazón agrícola del país, sobrevive, pero por poco
En el corazón agrícola del país, cerca de los puertos del Gran Rosario, el trigo todavía da ganancias, pero limitadas. Según el informe del INTA que firman Marianela De Emilio, Noelia Barberis y Patricia Egolf, un productor que alquila el campo donde siembra trigo puede esperar una ganancia de 20 dólares por hectárea en la próxima campaña. Una cifra tan chica que cualquier problema, como por ejemplo, una helada, sequía eventual o una caída del precio internacional, alcanzaría para transformar la ganancia en pérdida.

La comparación con otros cultivos de invierno es contundente.
La colza, que en Argentina tiene cada vez más superficie, dejaría una ganancia doce veces mayor: cerca de 230 dólares por hectárea. Y tiene además una ventaja extra: puede aguantar una caída importante en el precio de venta sin que el productor entre en pérdida. El trigo no tiene ese margen.
En el interior, el trigo directamente pierde plata
Más lejos de los puertos, en zonas como el sur de Córdoba, a unos 400 kilómetros del Gran Rosario, la situación es más grave. Ahí, un productor que alquila la tierra y siembra trigo puede terminar la campaña perdiendo 142 dólares por cada hectárea trabajada. No es un negocio ajustado explican desde el INTA, sino que es pérdida directa.
¿Por qué? Porque en esas zonas los rindes son menores, los fletes al puerto son más caros, y los alquileres, aunque más baratos que en la zona núcleo, igual comprometen una parte importante del ingreso.

Frente a eso, el informe del INTA señala dos cultivos que sí cierran. El garbanzo, que puede dejar hasta 175 dólares de ganancia por hectárea, aunque requiere saber cómo producirlo y tener comprador asegurado de antemano. Y la carinata — un cultivo industrial todavía poco conocido en el país — que también da positivo, aunque con márgenes más modestos.
¿Qué hacer entonces?
La recomendación del INTA pasa por sentarse y tomar decisiones con calma. Antes de firmar cualquier contrato de alquiler para la próxima campaña, hay que hacer los números con los precios actuales del mercado, no con los del año pasado ni con expectativas optimistas. En un año con costos en alza y precios agrícolas volátiles, comprometerse a pagar un alquiler caro puede significar trabajar toda la campaña para terminar endeudado.
La regla práctica que surge del informe: el alquiler no debería superar entre el 25% y el 40% de lo que se espera cobrar por la cosecha. Más que eso, y cualquier tropiezo climático o de precios puede dejar al productor sin poder pagar sus compromisos.
El otro mensaje apunta a diversificar. Seguir apostando todo al trigo, el cultivo de invierno por excelencia en Argentina, es cada vez más riesgoso. La colza, el garbanzo o la carinata no son opciones para cualquiera: requieren aprender a producirlos y tener canales de venta. Pero para quienes den ese paso, los números son considerablemente mejores.
En un sector donde los productores no pueden fijar el precio al que venden, ese lo pone el mercado internacional, la única palanca real está en los costos y en qué se decide sembrar. Este año, esa decisión importa más que nunca.
Fuente: INTA CIEP y EEA Manfredi. Investigadoras: Marianela De Emilio, Noelia Barberis y Patricia Egolf.