El último informe del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) indica que “las exportaciones siguen marcando un récord histórico y el mercado interno continúa en franca recuperación”. Más adelante, aclara que en este último año los registros de yerba mate salida de los molinos sumaron –entre enero y noviembre de 2025– 246,9 millones de kilos, lo que representa un aumento del 3,73% respecto al mismo período de 2024 (238 millones de kilos). Pero si se hace el seguimiento un poco más atrás en el tiempo, la realidad es que este repunte no es más que una compensación tras una gran caída: respecto a 2023, en 2025 salieron de los molinos 16 millones de kilos menos que ese año –cuando la cantidad de kilos llegó a los 262,9 millones–. Esto representa una reducción del 6,1% desde el inicio de la actual gestión de gobierno.
El número es importante porque, como explica el mismo documento, es el indicador más cercano al comportamiento en góndola, ya que “incluye tanto el volumen que se envía a los centros de distribución de las firmas yerbateras como las compras efectuadas por los mayoristas, hipermercados y supermercados”. El consumo estuvo especialmente resentido durante 2024, cuando se registró la cifra más baja desde 2016 (cuando fueron 234,1 millones de kilos).
En el marco de un mercado interno que no alcanza a recuperarse, los productores se declararon en crisis. Esta semana, en una asamblea realizada en Campo Viera (Misiones), acordaron el cese de la cosecha por tiempo indefinido hasta que no se responda a su reclamo: desde que el Ejecutivo le quitó al INYM la facultad de fijar y controlar precios mínimos, afirman, trabajan a pérdida.
“Hoy tenemos un costo por kilo de $ 430 y las empresas nos están pagando entre $ 180 y $ 220 en el mejor de los casos, y con cheques a 180 días”, afirmó a PERFIL Julio Petterson, presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte. En este contexto, algunos productores están desapareciendo o vendiendo sus tierras, agregó. “Las industrias te dicen que no tienen para comprar la hoja verde, pero sí tienen plata (y en dólares) para comprar las tierras a nuestros productores”. Lo que está pasando “es realmente preocupante”, aseguró. “Esperamos que el INYM escuche y que los políticos actúen, son 50 mil familias las que están padeciendo. Trabajar hoy es para fundirse”, expresó.
“Si no actuamos con celeridad, vamos camino a lo que pasó en los años 90 y no estamos dispuestos a volver a patear esa piedra nuevamente”, afirmó en diálogo con este medio Claudio Hacklande, presidente de la Unión de Agricultores de Misiones (UDAM). Entre 1990 y 2001, según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el precio de la tonelada que se pagaba a los productores por la yerba verde cayó de los $ 202 a los $ 42, lo que precisamente coincidió con la disolución de la antecesora del INYM: la Comisión de la Producción y el Comercio de la Yerba Mate (CRYM), que había sido creada en 1935. En esa época desaparecieron, según relató Hacklande, miles de pequeños productores.
“El precio que hoy nos ofrecen varía entre $ 160 y $ 220 por kilo de hoja verde cosechada y entregada a los secaderos. A eso tenemos que descontar, entre otras cosas, los aportes patronales ($ 43 por kilo), elaboración y flete hasta secadero, que depende de la distancia va entre $ 100 y $ 140 por kilo. Como mínimo, el valor debería estar entre $ 435 y $ 450 por kilo de hoja verde cosechada, aseveró.
“Este año, con los precios tan deprimidos, es prácticamente cero la cosecha de yerba mate. Declaramos un cese de cosecha hasta que el Presidente nos reciba. Esperaremos dos semanas para que tenga tiempo para contestarnos”, comentó a PERFIL Hugo Sand, productor yerbatero y miembro de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones.
Como Petterson, señaló que, si bien no existen estadísticas sobre la cantidad de productores que desparecieron en los últimos meses, “en las inmobiliarias hay mucha oferta de chacras. También al costado de la ruta, en los caminos, se observan carteles que dicen ‘Vendo esta propiedad’”.
La pregunta que se hacen los productores es qué pasó con el dinero que dejaron de cobrar. Hasta agosto de 2025, según Hacklande, los valores rondaron los $ 305 y $ 285 por kilo, con costos fijos menores. “Si dejamos de percibir $ 200 por kilo y lo multiplicamos por los mil millones de kilos de hoja verde que se cosecharon ese año, son $ 200 mil millones que no ingresaron al sector de la producción”, afirmó Sand.
Pese a que las empresas afirman no poder pagar más, las exportaciones están experimentando un crecimiento exponencial, tal como detallaron en el último reporte desde el instituto. Entre enero y noviembre de 2025 alcanzaron los 53,6 millones de kilos, un aumento del 29,7% en relación con el mismo período de 2024.
“El consumo interno fue récord en 2022-2023, de ahí para acá viene cayendo”, agregó Petterson. “La exportación crece porque los números les dan bien a los exportadores. El INYM se convirtió en una caja para la industria, dejando al pequeño productor desamparado”, concluyó.
Del 26 al 30 de enero, una comitiva conformada por ocho establecimientos yerbateros viajó para participar de la feria Gulfood, que se desarrolló en el World Trade Centre y el Exhibition Centre de la ciudad de Dubai, informan desde el INYM.
“De momento, están en Dubai promocionando el consumo de yerba mate. Eso está bien, va a favorecer a la industria para que pueda exportar más. Pero jamás los beneficios de las ventas se derraman hacia los pequeños productores”, finalizó Sand.