El presidente
Néstor Kirchner se lleva consigo
importantes logros en sus cuatro años de gestión, destacándose entre ellos el
acelerado crecimiento económico que permitió salir rápidamente del colapso que
surgió tras la implosión de la convertibilidad, llevando los
indicadores socioeconómicos a niveles previos a la crisis.
Además,
logró renegociar buena parte de la deuda pública en términos favorables y alcanzar récord
en la tasa de inversión de la economía como también en el nivel de exportaciones.
Pero también hay que advertir que
parte de estos logros fueron posibles acumulando desequilibrios macroeconómicos importantes
que dada su magnitud ahora salen a la luz por medio de crecientes niveles de inflación.
Hasta ahora, el Gobierno con
un festival de subsidios que está erosionando rápidamente el ahorro público, logró
no sólo sostener las distorsiones en las tarifas en los mercados regulados sino también evitar que
la mayor inflación impacte sobre el nivel de consumo.
No obstante, la dinámica de "tapar" con subsidios la inflación para que no afecte
al bolsillo del consumidor,
tiene como límite el bolsillo del Gobierno como el saturado cuadro energético.
Por ello,
mientras más se tarde en realizar un programa antiinflacionario que rompa con el
circulo vicioso,
más aumentan las chances de que la economía sufra un proceso de ajuste que sincere parte
del cúmulo de distorsiones en los precios regulados como la velocidad de crecimiento
económico.
Superada la crisis, se advierte amplio margen para comenzar a corregir las
distorsiones de precios regulados que son evidentes en la economía, no sólo porque afectan a la
oferta interna a punto tal que es difícil encontrar inversiones privadas de envergadura en los
mercados regulados, estratégicos por cierto, sino porque paradójicamente a
tenta contra el propio modelo post convertibilidad al no promover un mayor ahorro tanto
público (para sostener el tipo de cambio)
como privado (para incrementar las inversiones).
Más aún,
a partir de la recuperación económica la decisión de no pasar de una política de subsidios
generalizados a una más focalizada que limite el beneficio a los sectores carenciados, sólo genera
una "virtual" mejora en el poder adquisitivo que actualmente son parte del empuje de la
demanda que presiona los precios al alza en el resto de los mercados, a costa del menor ahorro
público.
Es decir,
en términos macroeconómicos el objetivo de congelar las tarifas para atenuar la inflación y
que no se "coma" el plus de competitividad cambiaria, ya no sólo no lo cumple sino que
ahora también terminan "comiendo" el superávit fiscal al contenerlas en un contexto inflacionario,
y el superávit externo al trabar inversiones privadas.
Deteriorando a velocidad creciente los tres pilares del modelo (tipo de cambio y
superávit gemelos). El ciclo económico post convertibilidad culminó una etapa signada por la
recuperación económica.
Agotado los márgenes de acción que dejó la crisis, resulta conveniente
acomodar la macroeconomía al nuevo contexto que impone una economía recuperada de su peor
crisis económica y que converge directo a una tasa de crecimiento acorde a su tasa de
inversión, no necesariamente más alta al crecimiento promedio que muestra Latinoamérica.
La idea
no es "enfriar" la economía con políticas de corte ortodoxo como subir tasas de interés o
"bajar de cuajo" el tipo de cambio nominal, pero tampoco sobrestimularla con una plétora
de subsidios a costa del ahorro público que desperdicia la oportunidad de inversiones privadas en
energía sosteniendo una política claramente agotada.
Por supuesto,
es sabido que desarticular el circulo vicioso implica un menor crecimiento en el corto
plazo, pero también lo es que sin ahorro público ni inversiones en energía el actual modelo
económico difícilmente sostenga su actual dinámica.
(*) Economista de Econométrica.