El endeudamiento dejó de estar asociado exclusivamente a la compra de un auto, un electrodoméstico o algún proyecto de largo plazo. Para una parte importante de los hogares argentinos, el crédito comenzó a funcionar como un complemento del ingreso para pagar gastos cotidianos, desde alimentos hasta servicios.
El último Monitor de Opinión Pública de Zentrix mostró que el 61,9% de los consultados tomó algún crédito o deuda durante los seis meses previos. Entre quienes se endeudaron, el 53,7% lo hizo porque sus ingresos no alcanzaban para cubrir necesidades básicas y otro 23,1% mencionó el aumento de tarifas y servicios públicos.
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El problema no termina en la toma de deuda. Apenas el 18,9% afirmó que puede cumplir sus compromisos sin inconvenientes. El 33,7% paga con alguna dificultad, el 28,9% con mucha dificultad, el 12% ya registra atrasos y otro 6,4% directamente indicó que no puede seguir pagando. Con estos números queda en claro que, 8 de cada 10 personas endeudadas atraviesa alguna dificultad para afrontar sus obligaciones.

Frente a ese escenario, especialistas en finanzas personales consultados por PERFIL coinciden en una primera advertencia: cuando ya existe un problema de sobreendeudamiento, la prioridad no debería ser conseguir rápidamente otro préstamo, sino frenar, ordenar todas las obligaciones y conocer cuánto cuesta realmente cada deuda.
Primer paso: dejar de sumar deuda y poner todos los números sobre la mesa
El asesor financiero Iván Vallejos deja en claro que, ante todo, prima la necesidad de conocer el estado de deuda. "La Ley 25.326 establece el derecho de acceso gratuito a los datos personales en bases de informes con una frecuencia no inferior a seis meses. Además, Nosis ofrece su propio informe de crédito de forma gratuita a través de Mi Nosis, una aplicación que podemos descargar en el celular y en la que, con nuestro CUIT, podemos consultar nuestro estado de deuda. También podemos revisar la Central de Deudores del BCRA, donde figuran las financiaciones informadas a nuestro nombre por entidades financieras y otros proveedores de crédito, incluyendo monto, entidad, situación y días de atraso", comenta a PERFIL.
Siguiendo con su recomendación señala que, desde el punto de vista financiero, normalmente conviene atacar primero las deudas más caras. Pero también hay que mirar la urgencia. "Una deuda que está entrando en mora puede requerir atención inmediata porque pueden aparecer intereses punitorios, gastos adicionales y problemas en nuestro historial crediticio.
Por eso, antes de tomar cualquier decisión, recomiendo hacer un mapa de todas las deudas: cuánto debo, a quién, qué tasa tiene, cuál es el CFT, cuánto pago por mes, cuántas cuotas me quedan, cuánto capital debo todavía y cuánto me costaría cancelar anticipadamente", aconseja.
Por su parte, desde Criteria advierten que la expansión de las billeteras digitales redujo considerablemente las barreras para acceder al crédito. Una persona puede recibir una oferta y tener el dinero acreditado en pocos minutos, pero esa facilidad también aumenta el riesgo de tomar decisiones sin evaluar el costo.
"El crédito no es necesariamente malo y puede ser una herramienta útil para atravesar una necesidad puntual, financiar una compra o incluso ordenar pasivos. El problema surge cuando se utiliza para financiar gastos recurrentes o para cancelar otra deuda", explicaron desde la consultora.
En ese caso, señalan, el crédito comienza a financiar un nivel de consumo que los ingresos corrientes ya no permiten sostener.
La contadora Adriana Czerwony coincide en que, para quien ya está endeudado, el primer paso es cortar esa dinámica.
"Lo primero es tratar de no endeudarse más", planteó. Y agregó que antes de pensar cómo cancelar los compromisos hay que sentarse, planificar y elaborar una radiografía completa de la situación financiera.
En la práctica, el relevamiento debería incluir al menos saldo total, cuota, vencimiento, tasa y Costo Financiero Total (CFT) de cada tarjeta, préstamo, descubierto o crédito tomado a través de una billetera.
Qué deudas hay que pagar primero
No todas las deudas tienen la misma urgencia.
Una primera clasificación debe hacerse por las consecuencias de dejar de pagar. Antes de destinar todo el ingreso a cancelar una tarjeta, el presupuesto necesita preservar vivienda, alimentos, salud, servicios esenciales y otras obligaciones cuyo incumplimiento pueda generar consecuencias difíciles de revertir.
Una vez cubierto ese primer nivel, para las deudas financieras el criterio cambia: conviene identificar cuáles tienen mayor costo y evitar que continúen acumulando intereses.
Mariano Ricciardi, director de BDI Inversiones, resume el criterio de manera concreta: "La primera regla para alguien endeudado es dejar de mirar solamente el valor de la cuota y analizar el costo total de la deuda. Conviene ordenar las deudas por Costo Financiero Total, tasa y vencimiento, y cancelar primero las más caras, generalmente tarjetas vencidas y préstamos personales".

El punto es central porque una deuda con una cuota aparentemente baja puede terminar resultando mucho más cara que otra si tiene mayores intereses, comisiones, seguros, impuestos u otros cargos.
Desde Criteria recomiendan, por eso, no preguntar solamente "¿cuánto voy a pagar por mes?", sino "¿cuánto voy a terminar devolviendo por cada peso que me prestan?".
Si existen varias obligaciones y no se pueden cancelar todas, una estrategia posible es sostener los pagos necesarios para evitar caer en mora y destinar cualquier excedente a reducir primero la deuda financiera de mayor costo. A medida que esa deuda desaparece, el dinero liberado puede trasladarse a la siguiente.
El objetivo es impedir que los compromisos más caros sean los que permanezcan más tiempo acumulando intereses.
Pago mínimo de la tarjeta: por qué puede convertirse en una trampa
Uno de los puntos sobre los que más advierten los especialistas es el pago mínimo de la tarjeta de crédito.
Czerwony recomienda, siempre que sea posible, cancelar el total del resumen y evitar convertir el pago mínimo en una conducta permanente.
"Se hace una bola de nieve", resume, especialmente cuando a la financiación del saldo anterior se agregan nuevas compras. El problema es que el saldo pendiente continúa generando intereses y la deuda puede crecer mucho más rápido de lo que el usuario percibe mirando solamente la cuota mensual.
Por eso, pagar el mínimo puede evitar un incumplimiento inmediato, pero no equivale a estar reduciendo de manera significativa la deuda.
Refinanciar puede servir, pero no siempre
Otro error frecuente es comparar créditos a partir de la tasa promocionada o del monto de la cuota.
"El error más común es no distinguir entre 'me aprueban o adjudican un préstamo' y 'me conviene'", explicó Czerwony. "Que una app te preapruebe un crédito en 30 segundos no significa que sea la mejor opción".
Para la especialista, el dato fundamental es el Costo Financiero Total.
Ricciardi también advierte que refinanciar solo tiene sentido bajo determinadas condiciones. "Refinanciar puede servir si permite reemplazar deuda cara por otra más barata y con una cuota sostenible; no si simplemente estira los plazos", señaló.
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La distinción es clave. Una cuota menor puede ser consecuencia de una baja efectiva del costo financiero, pero también simplemente de un plazo mucho más largo, que termina elevando el monto total desembolsado.
Tomar nueva deuda exclusivamente para cubrir vencimientos anteriores puede convertirse así en uno de los mecanismos que alimentan el sobreendeudamiento. Sin embargo, consolidar varias obligaciones en un único crédito puede ser una alternativa si efectivamente reduce el costo financiero y permite construir un cronograma de pagos que pueda cumplirse con los ingresos disponibles.
La morosidad marca la dimensión del problema
Según Ricciardi, los datos que relevó BDI Consultora muestran hasta qué punto se deterioró la capacidad de pago de las familias.
"El último informe que elaboramos revela la magnitud del problema: la morosidad de las familias alcanzó niveles récord, con 12,8% en bancos y 29,6% en billeteras virtuales", indicó.

La diferencia también expone uno de los riesgos asociados con la expansión del crédito digital. La posibilidad de conseguir financiamiento en pocos pasos amplió el acceso a préstamos para personas que antes tenían mayores restricciones, pero también puede facilitar la acumulación simultánea de pequeños créditos con costos elevados.
Mientras se pagan las deudas, también hay que cambiar el consumo
Sanear las cuentas no depende únicamente de elegir qué crédito cancelar primero. Los especialistas remarcan que, mientras dure el proceso de desendeudamiento, también puede ser necesario modificar transitoriamente los patrones de consumo.
"Mientras se ordenan las deudas, también hay que cambiar transitoriamente la forma de consumir: priorizar vivienda, alimentos, salud y servicios esenciales, reducir gastos postergables, gastos hormiga y evitar tomar nueva deuda para financiar consumo cotidiano", sostuvo Ricciardi.

Para el director de BDI Inversiones, "en muchos casos, cancelar primero la 'deuda mala' es la mejor decisión financiera".
La distinción entre deuda "buena" y "mala" también aparece en la explicación de Czerwony. Una deuda puede tener sentido cuando permite financiar un activo, un proyecto o una inversión capaz de generar valor o ingresos futuros. Distinto es pedir prestado por impulso o usar permanentemente el crédito para sostener consumos que los ingresos corrientes ya no alcanzan a cubrir.
Cuánto del sueldo debería destinarse a las cuotas
No existe un porcentaje universal aplicable a todas las familias porque depende, entre otros factores, del nivel de ingresos, el alquiler, la composición del hogar y los gastos esenciales.
Czerwony plantea como referencia intentar que las cuotas no comprometan más del 20% al 30% del ingreso mensual real, y enfatiza que debe calcularse sobre el dinero que efectivamente ingresa y no sobre expectativas de ingresos futuros.
Más allá del porcentaje elegido, hay una señal de alerta más clara: si una familia necesita pedir dinero todos los meses para pagar alimentos, servicios, alquiler u otros gastos recurrentes, ya existe un desequilibrio entre ingresos y gastos que un nuevo crédito difícilmente pueda solucionar.
"En ese escenario, un nuevo crédito puede postergar el problema, pero difícilmente pueda resolverlo", remarcaron desde Criteria.
Qué cosas no hacer cuando las deudas ya no se pueden pagar
Los especialistas consultados condensan varias conductas que conviene evitar.
No tomar automáticamente un crédito porque aparece preaprobado. Que el banco o una billetera estén dispuestos a prestar no significa que el usuario lo necesite ni que le convenga.
No mirar únicamente la cuota. Una cuota más chica puede esconder un plazo mucho más extenso y un costo total superior.
No refinanciar sin conocer el CFT. La tasa nominal por sí sola no muestra cuánto terminará costando la operación.
No utilizar sistemáticamente el pago mínimo de la tarjeta como método de financiación. El saldo pendiente sigue acumulando intereses.
No tomar sucesivos préstamos para tapar vencimientos anteriores, salvo que exista una verdadera sustitución de deuda cara por otra más barata y sostenible.
No volver a utilizar inmediatamente el límite que quedó disponible después de refinanciar una tarjeta o préstamo. De lo contrario, se corre el riesgo de terminar con dos deudas en lugar de una.
Y, fundamentalmente, no ignorar el problema ni esperar a que las obligaciones se vuelvan inmanejables. Cuanto antes se conozca la dimensión real del pasivo, más alternativas existen para negociar, refinanciar o reordenar el presupuesto.
En un escenario en el que pedir dinero prestado puede resolverse con pocos movimientos desde el celular, el desafío ya no pasa únicamente por conseguir financiamiento. Como advierten los especialistas, la clave es saber cuándo el crédito resuelve un problema y cuándo simplemente lo patea para adelante, y con intereses.
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