lunes 10 de mayo de 2021
EDUCACIóN Doble testimonio
18-08-2020 13:31

Educación a distancia: crónicas de la vida diaria de los estudiantes

La educación a distancia ha cambiado rutinas y una marcada interacción entre estudiantes. Relatos desde la Fundación Cimientos.

18-08-2020 13:31

Dos relatos en primer persona en tiempos de pandemia, cuarentena y coronavirus. A continuación dos vívidos testimonios de dos estudiantes en Argentina.

"CRÓNICA DEL DESGASTE DE ESTUDIAR A DISTANCIA"

Me despierto a las 9 hs. me preparo un café con dos cucharadas de azúcar y mientras lo tomo,  reviso los correos y mensajes de los profesores. De fondo escucho a mi mamá barriendo. Termino de desayunar y abro la ventana de mi pieza para que entre algo de sol. Pongo una mesita arriba de la cama, justo donde da el sol, para poder hacer las tareas sintiendo el calor de los rayos de luz en mi cara.

Los mensajes de los profesores que me llegaron son: trabajos, recordatorios de entregas y dudas de mis compañeros. Además de estudiante, soy delegada de mi clase, elegida por voto en el primer año del secundario, y tengo la responsabilidad de pasar esos trabajos al grupo. Para ello, reenvío los recordatorios a mis compañeros y los ayudo a resolver sus dudas. Parece un trabajo simple, sin embargo, me lleva tiempo.

Por mi tarea de delegada, en este contexto de educación a distancia, me llegan consultas a cualquier hora, por ello, apago los datos de mi celular por un rato para poder concentrarme de lleno en mi tarea y hacer el trabajo de Historia. Tengo compañeros que no les entienden ciertas explicaciones a los profesores, entonces me mandan un mensaje y me piden que les explique. A otros se les borran los archivos y tengo que volver a pasarles los trabajos. Y también algunos no tienen buena conexión a internet y me piden que reenvíe sus trabajos a los docentes.

A las 17 hs. reactivo los datos y me llegan consultas y dudas de mis compañeros en avalancha. Entre las respuestas, les recuerdo que a las 18 hs- tenemos una videoconferencia por Zoom de la materia Historia. Cuando inicia la misma, además de prestar atención para incorporar lo que la profesora dicta, estoy atenta a los problemas técnicos de mis compañeros. Tengo el rol de tomar notas para luego compartirlas, asesorar en el correcto uso de esta herramienta digital y ser la intermediaria con la docente. En este contexto, mi doble función de alumna y delegada esta al límite de mi capacidad.

Estoy cansada, mi tarea conlleva responsabilidad, fuerza de voluntad y dedicación. Tengo casi 20 personas que dependen de que yo les pase los trabajos y que les despeje las dudas para que ellos, acompañados por mí y guiados por los docentes, puedan continuar con su escolaridad. A pesar del desgaste físico y emocional de todos estos días de educación a distancia, estoy orgullosa de mi misma y de la tarea que cumplo.

La clase termina a las 19hs y el sol ya bajó. Mi cabeza esta aturdida y yo solo quiero un poco de tranquilidad mental. Para despejar, tomo unos mates con mi mamá, aunque en medio del recreo, llega un nuevo trabajo que debo reenviar al grupo. Mi familia me inculca que la escuela es lo primero y por eso siempre le doy prioridad. A las 23hs mi jornada, como estudiante y delegada, por fin termina.

Finalmente, me voy a dormir con una linda sensación.

Por Milagros Pettean. Estudiante acompañada por Fundación Cimientos.

 

"LA ANOMALIDAD DE ESTUDIAR A DISTANCIA"

Si este fuese un año normal, casi la mitad de mi día estaría organizado: me despertaría a las 06:00 AM, me vestiría, me peinaría, prepararía la mochila y saldría a la parada 06:30AM para tomar el colectivo que me lleve a la escuela.  A 7:10AM abrirían las puertas de la escuela e iría a sentarme a mi banco a esperar que lleguen mis amigas. Iniciada la clase, esperaríamos con ansías el recreo y también hablaríamos hasta que la profesora nos llame la atención. Al finalizar la jornada escolar, llegaría a mi casa alrededor de las 01:00 PM para almorzar y empezar a hacer las tareas o ir a gimnasia. Pero esto no está sucediendo, no es un año normal. 

Hoy es un día más de educación a distancia y me despierto a las 11:05AM con el ruido de personas hablando en la calle y la luz que entra por la ventana de mi habitación. Lo mejor hubiera sido levantarme a comenzar el día, pero últimamente la falta de rutina no me deja levantarme temprano.
Cómo mi mamá esta llevando adelante una reunión por Zoom con las maestras de jardín de mi hermano menor, me pongo a escuchar música con auriculares para no molestarla. Estos días estoy escuchando mucho a Beret. Mientras, organizo en mi calendario las fechas de entrega de los trabajos de la escuela. Esta semana tengo tareas de matemáticas, biología, psicología, historia, geografía, salud y adolescencia.

Al terminar la organización, tiendo mi cama, acomodo mi mesita de noche y barro mi pieza. Aprovecho un tiempo libre y me ducho. Termino con el tiempo justo para conectarme a las 2:00 PM a la clase de inglés por Zoom. La clase sucede con normalidad hasta que un hijo de la docente irrumpe en la pantalla para mostrar uno de sus juguetes.  A las 03:00 PM vuelvo mi cuarto ya que tengo una clase de Literatura por Google Meet y la quiero tomar tranquila y sin ruido. Por problemas de conexión e interferencias, esta clase es un poco más caótica ya que no puedo escuchar bien. Haciendo un esfuerzo y practicando mi paciencia, la puedo terminar.

El resto del día es bastante tranquilo: Estoy con mi celular viendo vídeos en Youtube y Tik Tok; hablo con compañeros del año pasado y nos contamos cómo llevamos la cuarentena, lo mucho que extrañamos poder salir y el anhelo de volver a los momentos del año pasado. Extraño esos días en donde la pasábamos muy bien todos juntos.

A la hora de la merienda me voy al comedor a comer las galletitas con chip de chocolate que mi mamá cocinó y las acompaño con una chocolatada. Vuelvo a mi pieza a guardar las carpetas y lapiceras que había desacomodado durante las clases. Después, sigo hablando con mis compañeros hasta que mi mamá me llama a cenar a las 08:40 PM. Al terminar, mi hermano menor me pide que juegue con él: jugamos a las cosquillas, a atraparnos y, después de cansarnos, jugamos con las aplicaciones del celular. No me deja ir hasta alrededor de las 11:00 PM, horario en el cual por fin me acuesto en mi cama, pero pasan 3 largas horas hasta que me puedo dormir. No es un año normal

Por Leila Cecilia Maiz. Estudiante acompañada por Fundación Cimientos.

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