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sábado 30 junio, 2018

En Twitter, la discusión sobre el aborto es más “saludable”

Natalia Aruguete junto a Ernesto Calvo investiga cómo actúa la red social en casos de conmociones públicas. Explica qué pasó en temas como Santiago Maldonado o tarifas, y qué se observa ahora.

por Pablo Helman

Argumentos. El paso del tema en la Cámara dejó buenos discursos y de los otros. Las redes mostraron opiniones independientes. Foto: CEDOC
sábado 30 junio, 2018

Los días que rodearon al 14 de junio, fecha en la que se proclamó la media sanción de la ley de aborto seguro y gratuito, no solo quedarán en la historia por el debate parlamentario –la calidad o no de los argumentos que se escucharon, las presentaciones precedentes en las comisiones–. Hay otro elemento que incluye a la palabra “debate” y que también plantea una suerte de disrupción: lo que pasó y lo que pasa en relación al aborto, especialmente en Twitter, también marcó una forma de discutir diferente. Seguramente, estemos frente a una caída de la polarización habitual en la red social. Es más, la grieta –la de Lanata, la del kirchnerismo/macrismo– parece haberse silenciado. Se discutió diferente: con menos trolls y con otra dinámica.

Natalia Aruguete y Ernesto Calvo, dos especialistas en comunicación y redes sociales, vienen trabajando desde 2016. desde los tarifazos, en cómo fue la discusión en aquella red social. Perciben funcionamientos coherentes en otros casos de conmoción pública –como el fallo por el 2x1 de la Corte Suprema y el caso Maldonado–, pero aquí su investigación (aún en curso) parece indicar otro tipo de funcionamiento.

Los datos indican que al menos una manera de funcionar y de emitir mensajes no sucedió hasta ahora. Y que las opiniones con mayor repercusión, tuvieron un recorrido más “transversal” que en otras oportunidades.

PERFIL dialogó con Aruguete. Contó cómo trabajan hasta ahora y esbozó algunos de los matices de las diferencias del debate actual.

Muro. Es una palabra que usamos sin pensar en ella, en sus resonancias. Tenemos un muro en Twitter, uno en Facebook. Allí exhibimos cosas –mensajes, básicamente, muchas veces políticos–. Es como una vieja pared en la que hacemos una pintada. Pero “muro” también es una pared. Una que establece un límite: de este lado o de aquél. Y la red (las redes, pero Twitter especialmente) “lee” esa peculiaridad. Su algoritmo nos devuelve ese mensaje. Aruguete hablará de “burbujas” y de “cámara de eco” en la entrevista. Esa dinámica se amplifica. Y mucho en otros casos de “conmoción social” . Lo que sucede en las calles –manifestaciones–, en las redes parece resonar de una manera particular: polarización, encontrarnos con ideas que solo se parecen a las nuestras, retuitear a cuentas con muchos seguidores –que, frecuentemente, no siguen a muchos–. Hacer consciente al inconsciente del algoritmo es la tarea de los investigadores argentinos. Y el resultado de su interpretación puede resultar tan terapéutico como el psicoanálisis.

Método. “Nos encontramos que la discusión funcionó de manera distinta de otros casos que analizamos –dice Natalia Aruguete–. Nuestro foco está en momentos en donde hay movilización en las calles, y un fuerte movimiento en la agenda política, conmoción. Analizamos Twitter, por el hecho de que toda su información es pública. Así podemos acceder a una gran cantidad de información. Tomamos temas como tarifazos, el caso Maldonado, el 2x1. Y ahora, aborto”.

Señala: “La medida que tomamos es el retuit. Consideramos que el retuit es una muestra de apoyo a un mensaje. Creemos que ante un mensaje, uno puede ignorarlo, darle like o retuitearlo. O responder al mensaje, que no siempre va como apoyo al mensaje. Todo ese conjunto nos permite armar un mapa que nos muestra quiénes están conversando en Twitter. Y con quiénes lo hacen. Lo que veníamos viendo en otras conmociones que se dieron en el caso argentino es que se venía dando una fuerte polarización en el sentido de que quienes interactúan lo hacen con los usuarios de una misma comunidad y es muy poca la interacción que existe entre comunidades”, explica.

Agrega: “Lo que venía ocurriendo es que había comunidades muy marcadas. Pero en la discusión sobre el aborto, no lo vemos así. Vemos en aborto legal es que este tema corta transversalmente a la política. No tenemos un núcleo duro de cambiemos que esté opinando. También puede observarse como muchos de los legisladores de Cambiemos se ubican en un lugar distinto de lo que lo hicieron en otras discusiones públicas”.

 Marca, por ejemplo, claras diferencias con el caso Maldonado.

—¿Cómo fue en ese caso?

—En el caso Maldonado, a lo largo del tiempo, reunimos 7 millones de tuits. Supera con creces a otras investigaciones. Allí encontramos una alta jerarquía mediática, porque las autoridades, que son aquellos usuarios que tienen muchos seguidores y son muy influenciadores en las redes y siguen a mucha gente, con mucha capacidad de propagarse. En esa red que estuvo muy polarizada, del lado opositor al Gobierno, las diez cuentas principales, ocho eran institucionales, de políticos y periodistas. En cambio, en la comunidad cercana al Gobierno, las diez autoridades principales, cuyos tuits circularon mayoritariamente, ocho eran cuentas falsas y trolls. De hecho, en primer mes de la discusión, del lado de la comunidad pro Gobierno, el tuit que tuvo mayor circulación fue uno con información falsa de una cuenta falsa. Aquí eso no pasó.

—Maldonado se parece más a otros casos...

—Sí, en tarifazos o en 2x1 vimos una fuerte polarización política en Twitter, en relación a esas conmociones políticas. Uno retuitea por dos motivos: por un lado, porque en términos subjetivos, a uno le genera cierta disonancia dar retuits a información con la que uno no coincide ideológicamente. La llamamos disonancia cognitiva.

—Reproducimos lo que nos identifica.

—Es lo que ocurre con las burbujas de información: esto es que nosotros solemos encontrarnos en nuestro muro con mensajes que son coherentes con aquellos mensajes que ya fuimos expresando en las redes. Cualquier tipo de manifestación que hayamos hecho en la red, ya sea dar un determinado me gusta a un mensaje, retuitear a otros en nuestro perfil o en los tuits de otros, esos van dejando huellas que hace que los mensajes que yo vuelvo a encontrar en un muro de otros usuarios, sean consistentes, coherentes con aquellas “huellas digitales” que yo fui dejando en la red.

—La red nos devuelve aquello que nosotros le damos.

—Las burbujas que se arman; no nacen únicamente de una cuestión subjetiva, sino por una cuestión orgánica de las redes sociales. Todo esto pasó en casos en los que hubo una fuerte polarización política, generadas por los temas. Otra de las cuestiones que hemos visto en las investigaciones que hicimos.

—En esos casos, ¿es la política la empuja al algoritmo es al revés?

—Ambas. El algoritmo tra-cciona posiciones, consolidadas por lo que llamamos disonancia cognitiva (o sea, yo no retuiteo aquellos mensajes que me generan cierta resistencia o con lo que no acuerdo). Y como sí retuiteo aquellos mensajes con los que acuerdo. Entonces, se retroalimenta la burbuja. Por eso, en el muro no me encuentro con toda la información, sino con aquella información que es coherente con los signos que yo ya fui dejando en las redes, que dan cuenta de quién soy.

—¿No se corre el riesgo de caer en la desinformación?

—Hay autores que plantean eso. Lo que sí es cierto que uno pierde en variedad informativa. Porque todo el tiempo se está volviendo a aquella información que en algún sentido ya emitiste. Se produce lo que en la investigación llamamos cámara de eco: ese mensaje que te vuelve, como en una cámara de eco a tu muro. Eso coincide con otros dos rasgos. Uno es la fuerte concentración de información que hay en Twitter, porque en realidad vos tenés mensajes únicos, que tienen una mayor proporción de retuiteos. No es que lo que expresamos en la red se difunda por todos lados, no es un flujo democrático de la información, sino que los usuarios más jerárquicos emiten mensajes. Y como son usuarios jerárquicos tienen muchos seguidores y siguen a pocos, sus mensajes tienen muchas más posibilidades de propagarse en las redes que los de un ciudadano común, o un ciudadano de bajo rango.

Nosotros venimos viendo mucho eso: polarización, concentración y jerarquía en la información en las redes.

—¿Eso pasa solo en la política? ¿O sucede también con la intimidad de las personas?

—El algoritmo funciona siempre igual. Twitter tiene la particularidad de ser una red más política. Tiene un mayor índice de discusión política de lo que sucede en otras redes sociales. Por decirlo de alguna manera, tiene menos gatitos que en otros lados. Hay una suerte de microclima en lo que es Twitter respecto a otras. Pero estas dinámicas, más polarizadas, concentradoras de la información, a partir de reglas jerárquicas, nosotros las vemos en otros casos también: tiene que ver con su propia lógica de funcionamiento.

 

Vivir en una burbuja

Natalia Aruguete considera que: "Las burbujas de filtro generan eso: consolidan esas congruencias ideológicas entre usuarios que están conectados".

Este es uno de los efectos posibles de informarse solo a través de las redes. La lógica de Twitter, o la de Facebook o Instagram es que estemos viendo la pantalla, no la de brindarnos información. En esto se diferencian de los medios tradicionales, como por ejemplo el diario que estamos leyendo.

Y en materia de política y también de noticias, este mecanismo puede generar un efecto de desinformación: aún en aquellas personas que participan de los debates de la sociedad.

La lógica del algoritmo es ésa. Por ello se habla de cámaras de eco. Lo que sucede en algunos casos es que ese mensaje que nos vuelve, es emitido con conciencia por parte de quienes lo enuncian. Son las autoridades de las redes –cuentas con muchos seguidores y que siguen a pocas personas, por eso su mensaje hace eco más fácilmente– que van generando esa suerte de eco que rebota más en las paredes que en los muros.

Una invitación a pensar diferente los debares sociales. Y también a valorar las noticias editadas por periodistas, aunque no siempre estamos de acuerdo. Matizar, evaluar, analizar diferencias.


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