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ELOBSERVADOR / Holder Timmerck
sábado 9 noviembre, 2019

"Era un gran obstáculo entre mi vida y mis sueños"

"Una vida a los dos lados del Muro". Así describe su experiencia de preso político de una Alemania y de refugiado también político en otra.

Libertad. La caída del Muro significó el fin de la Guerra Fría y determinó el curso de la historia en los años que vendrían. Foto: cedoc
sábado 9 noviembre, 2019

Si bien hoy es un día importante para Holger Timmerck, hay otra fecha que es de festejos. Se trata del 3 de febrero. Ese día de 1982 consiguió saltar el Muro, dejar la cárcel y encontrar otra vida. De visita en Chile, donde contesta las preguntas de PERFIL, invitado por la embajada alemana para dar clases respecto del evento “30 años de la caída del Muro”. El relato de su experiencia describe lo que fue su peripecia antes de llegar a Perú, donde vive hoy: una vida a ambos lados del Muro.

Abusos. Timmerck quiso huir de la entonces Alemania Democrática. Fue apresado en ese momento. Estuvo más de dos años detenido y consiguió salir. Sin embargo, no fue el fin. En Alemania del Oeste padeció el no poder ver a su familia. Ahora radicado en Perú, las cosas son distintas. “Hay más de diez mil kilómetros. Pero no hay un muro que nos separe”, explica en un castellano perfecto que aún conserva el fuerte acento alemán.

“El Muro es para mí un símbolo –explica–. El símbolo más grande del abuso del poder: de la política, de los políticos. Y en este caso el símbolo de la dictadura comunista en Alemania”.

Marca un matiz, que también tiene que ver con el sentido de la fecha: “El Muro fue construido con violencia. Se hizo para combatir. Y fue destruido pacíficamente”.

“Otro de sus mensajes es que los restos que están en Berlín son un dato. Algo que deben aprender muy bien los jóvenes y las generaciones que llegan, para no olvidar lo que fue una época siniestra”, sostiene.

Sueños. “En mi vida personal, el Muro representa un obstáculo. En gran parte de mi vida, fue así. Mientras vivía en el Este, el Muro es lo que se oponía entre mis sueños y yo. Entre mí y la libertad. Y cuando alcancé a vivir en Alemania del Este, en los '80, tuve mi libertad: la alternativa de realizar mi sueño, que fue dedicarme al deporte. Nuevamente, el maldito muro funcionó como un obstáculo. Esta vez, entre mí y mi familia. Entre mi persona y mi patria. No podía volver a buscar a mi familia. Terminé teniendo una familia dividida, por culpa del Muro”.

—¿Cómo llegó a Perú?

—Si tuviera que contarte mi vida en Perú, empezaría diciendo que encontré una señorita de Lima en un estadio de fútbol en Hamburgo, en 2011. Fue en un partido de la Bundersliga. La muchacha quería ver un partido de su compatriota Paolo Guerrero, que jugaba en ese equipo ese año. Ella buscaba ver a Guerrero. Se llama Claudia. Y me encontró a mí. Nos enamoramos y fui a Lima. Nos enamoramos y encontré trabajo, tenemos una hija y una vida tranquila. Ahora, aunque estoy a más de 10 mil km de Alemania, entre mí y mi patria, por más que haya tantos kilómetros, ni existe el Muro”.

—¿Estuvo en una cárcel común?

—Cuando me condenaron por mi intento de fuga a dos años y cuatro meses, yo fui tratado como un criminal. Porque en la república “democrática”, la Alemania comunista, no había supuestamente presos políticos. Y como criminal fui a una penintenciaría donde había asesinos, violadores, los gánsters del país, antiguos nazis de la época de Adolf Hitler. Yo era un joven de 20 años, sin tatuajes ni antecedentes. Fue una pesadilla. Sentía que era una suerte de castigo extra de la Stasi. Estuve en una cárcel en Brandenburgo.

—¿Cómo fue la llegada a Alemania del Oeste?

—El gobierno del oeste todos los años invirtió mucho dinero en un programa para liberar presos políticos como yo. Fue un programa que se mantuvo en secreto entre los dos gobiernos de Alemania. Crucé la frontera el 3 de febrero de 1982. Esa fecha es para mí la de un segundo cumpleaños. El cumpleaños de mi libertad. Cuando crucé, no tenía ni ropa. Recibí mi primer saco de invierno de una fundación ligada a la Iglesia. Porque a mí me detuvieron en verano, en agosto de 1980, y fui liberado en un campo de refugiados. Salí con lo puesto”.

—¿Siguen las diferencias entre las dos Alemanias?

—Después de la caída del Muro y la reunificación, todavía estamos en un proceso. La reunificación continúa de alguna manera. La gente del este y del oeste está acostumbrada a determinadas cosas y modificarlas del todo es un proceso que lleva tiempo. Es algo que a mi juicio va a llevar una generación más, para llegar a la normalidad entre las personas de un lado y del otro. El Muro es historia.


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