ELOBSERVADOR
a pocos dias del mundial

Río, dura realidad detrás de la ‘tarjeta postal’

El 60% de los cariocas no tiene cloacas ni agua corriente, pese a las gigantescas obras de infraestructura que el gobierno realiza para la inminente Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos de 2016. El creativo trabajo de una ONG.

Contrastes. La violencia, presente en varias comunidades de Río que desde 2009 han sido “pacificadas” con el envío de fuerzas especiales a las favelas. El teleférico del Complexo del Alemán, que tiene
| Néstor J. Beremblum

desde Río de Janeiro


Río de Janeiro es lo que los brasileños llaman “la tarjeta de presentación de Brasil” ante los ojos del mundo. A pocos días del comienzo del Mundial 2014, que tendrá al Maracaná como escenario de la final del torneo, y a casi dos años de la realización de los Juegos Olímpicos, la Ciudad Maravillosa esconde algunas realidades ante los ojos inadvertidos de los visitantes.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

A la ya conocida violencia urbana y el transporte deficiente, Río suma problemas de infraestructura severos por la falta de inversión en las últimas dos décadas. Por la realización de la Copa del Mundo de fútbol y los Juegos Olímpicos que se realizarán en 2016, las autoridades han iniciado una serie de obras que incluyen transporte, pavimentación y revitalización de regiones (con desalojos forzados incluidos). Pero cerca del 60% de la población no tiene saneamiento ambiental ni red cloacal.

Detrás de los morros verdes y las aguas azules del Atlántico hay otra realidad que tiene mucho menos encanto y exuberancia que la geografía privilegiada que Tom Jobim y Vinicius de Moraes inmortalizaron durante el auge de la bossa nova.

Realidad y ficción. Leona Kaya Deckelbaum es israelí y quedó encantada con Brasil en 2005. Fue amor a primera vista. Lo que era un viaje de mochilera por América del Sur terminó siendo una intensa experiencia en el mayor país de la región. “Me quedé viviendo en un pueblo de pescadores en el nordeste de Brasil durante ocho meses, aprendí portugués y algunos años después, cuando hice la maestría en Relaciones Internacionales, mi tesis fue sobre urbanización de favelas a través de proyectos gubernamentales”, cuenta la joven de 31 años graduada en Historia.

“Siempre quise volver a Brasil, y durante los siete meses de la maestría que hice en Nueva York, en Relaciones Internacionales, vine a Río de Janeiro para acompañar las obras del PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento) en favelas como Manguinhos y en el Complexo do Alemão para ver cuál era el impacto social de dichas obras para mejorar las infraestructuras en los barrios más humildes”, afirma Leona.

Por su investigación, la “gringa” (como la llaman por acá) conoció las comunidades –un eufemismo portugués para el término “favela”–, y la coordinadora del área social del programa le propuso integrarse al equipo oficial y comandar el proyecto social en ambas favelas. “Terminé mi maestría y volví para trabajar con el gobierno del Estado durante un año y medio. Fue una experiencia muy buena porque pude ver el lado político, ver cómo las personas no tienen lugar en la decisión de las obras del gobierno. El discurso oficial es otro. Se dice que las comunidades involucradas participan, se debaten qué obras van a ser implementadas pero, la verdad, ni siquiera son consultadas”, afirma la mujer en un portugués elocuente y cargado de acento.

Fue una experiencia contradictoria y traumática, según afirma. El proyecto se presentaba y tenía aprobación automática, “como la idea de los teleféricos en el Alemão o en Rocinha a efectos de hacerlo un punto de interés turístico en vez de hacer obras de saneamiento ambiental”. Lo que les restaba a los vecinos era ver cómo las obras se realizaban, y a los coordinadores, como Leona, sólo les quedaba mediar entre el gobierno y los vecinos para facilitar el desarrollo de las obras. “Las personas aceptaban vender las viviendas que habían construido por migajas y eso me generaba impotencia, porque por el dinero que les pagaba el Estado no iban a conseguir ningún lugar para vivir. Tenían que optar por una opción pésima u otra peor aun para abandonar la casa en la que habían vivido toda su vida. Todos los días iba a las comunidades con el temor de alguna represalia de algún vecino”, confiesa Deckelbaum.

Aline Martins también trabajó en las favelas como técnica social en la esfera municipal y afirma que “el Municipio hace lo mismo, de una manera aun más agresiva. Mi función era convencer a los dueños de las casas de que aceptaran lo que el municipio les ofrecía y que desalojaran pacíficamente su vivienda”. La diferencia entre los procedimientos “es que el municipio, a través de la Secretaría Municipal de Habitación (SMH), no respeta ni la localidad adonde las personas serán reacomodadas, y en muchos casos ni siquiera cumple con la promesa de entregarles una vivienda. Las personas que son desalojadas son enviadas a barrios periféricos donde no viven sus familias ni están las escuelas de sus hijos”. Deckelbaum remarca las diferencias en los procedimientos: “El estado de Río de Janeiro respeta los tiempos y las leyes relacionadas con reubicación y desalojos, el municipio no. Pinta las paredes de las casas con las letras ‘SMH’ avisando que va a desalojar 24 horas antes de realizar la remoción, sin que le importen las leyes ni las personas”.

Claro como el agua. Según sus fundadores, Meu Rio es una red que no tiene vínculos con políticos o empresas que donen fondos para su funcionamiento. Es una red de personas que se movilizaron en algún momento por algún asunto que busque mejorar algo en la ciudad y que se solventa con donaciones de particulares que adhieren a las causas que abraza. Su objetivo es intentar aglutinar algunos asuntos que fueron reivindicados en aquellas manifestaciones de junio de 2013 y, al mismo tiempo, hacer que las personas se involucren y participen de cambios concretos en la ciudad a través de herramientas de internet que son creadas para tal fin. Al principio era un grupo de veinte amigos que vivían en la zona sur, la región más turística y acomodada de la ciudad. Pero de a poco se fue transformando en una red que actualmente cuenta con 130 mil adherentes. “Como los fundadores no tenían vínculo o contacto directo con las comunidades, me invitaron a participar por mi experiencia trabajando en ellas durante el PAC y me nombraron coordinadora de territorios, que es la forma en que se denomina el trabajo de campo en nuestra red. De esa forma podemos tener propuestas articuladas entre todos los barrios”, cuenta la ex mochilera y carioca de corazón, como se define Leona.

La movilización más exitosa llevada a cabo por Meu Rio ocurrió el último verano. Bajo el nombre “Verano de Saneamiento”, Meu Rio puso en evidencia una carencia fundamental de la ciudad: la escasez de saneamiento ambiental de las aguas que se consumen y la pésima estructura o, en muchos barrios, la inexistencia de la red cloacal. “Llamar la atención de un tema como ése requirió creatividad y colaboración de todos los interesados. Para eso hicimos varias acciones con atletas de deportes náuticos que participarán de los Juegos Olímpicos; pusimos inodoros en la playa de Ipanema para mostrarle al mundo que los desechos y las heces van directamente al mar sin que la Compañía de Aguas del Estado (Cedae) cumpla su obligación”.

Cedae cobra una factura de agua y servicio cloacal en la que aparecen un valor por consumo de agua y el mismo valor por red cloacal. Lo curioso es que la empresa acaba cobrando, en muchos casos, por un servicio que no es prestado y el consumidor es obligado a pagar bajo la amenaza de corte. “Es la única empresa pública que no tiene un órgano de control, como hay en telefonía, petróleo, luz, etc. En el año 2000, el entonces gobernador de Río de Janeiro, Anthony Garotinho, que se presentará nuevamente al gobierno del Estado en octubre de este año, le concedió superpoderes a Cedae”, narra Leona. Hay más de 34 mil acciones judiciales contra Cedae por algún incumplimiento en el servicio que la empresa presta con procesos “congelados” gracias a recursos de amparo que argumentan que si dichas acciones prosperan, Cedae corre serio riesgo de quebrar. En 2013, más de la mitad de la ciudad sufrió cortes en el suministro de agua de la red, que en algunos casos superaron los treinta días, sin que el consumidor tuviera más que el derecho de exigir el descuento proporcional en su factura mensual.

Manifestaciones y ciudadanía

Si los más pobres están desprotegidos ante la intervención del Estado en sus barrios, la clase media brasileña también viene reclamando por la acción u omisión del poder público. Después de las manifestaciones de junio de 2013, en las que centenas de miles salieron a las calles durante la realización de la Copa Confederaciones, el gobierno nacional brasileño tomó medidas para evitar que se repitan durante el próximo mundial. Para eso, la presidenta Dilma Rousseff aprobó un gasto de 1.500 millones de reales para equipar y preparar fuerzas especialmente entrenadas con la finalidad de contener posibles desórdenes mientras dure el torneo. Sin embargo, parte de la población ha mantenido vigentes las demandas relacionadas con servicios públicos, como transporte, salud y educación.

Leona Kaya Deckelbaum vivió las manifestaciones ya fuera de la esfera gubernamental. “La población carioca no sabe canalizar sus demandas y reclamos. Pude ver eso en junio del año pasado. Salieron a las calles contra el aumento de veinte centavos en el pasaje de colectivo pero no tomaron las calles para reivindicar los problemas estructurales que esta ciudad sufre y que vienen agravándose desde hace veinte o 25 años”.

El análisis de la activista es contundente cuando afirma que “la cosa que más me molestaba cuando trabajaba para el Estado era la falta de resistencia en las propias comunidades delante de las propuestas que les presentaban desde el gobierno. La falta de movilización, la falta de resistencia de las personas, de manera general, es increíble. Acá no hacen absolutamente nada para intentar cambiar el statu quo. Un ejemplo es la reforma del Maracaná, que costó 1.400 millones de reales, realizada con dinero público y que se le concedió por 35 años, por medio de una licitación, a un consorcio privado para su explotación a un precio irrisorio (181,5 millones de reales más 300 millones inyectados a lo largo de la explotación). Meu Rio es un intento de reacción ante esa realidad”, dice Leona.