ESPECTACULOS
‘El tiempo de las moscas’

“En la serie está la fiebre femenina”

Las actrices Carla Peterson y Nancy Dupláa protagonizan la nueva producción argentina de Netflix basada en dos novelas de Claudia Piñeiro. Thriller, humor y aventura se cruzan en una historia dirigida por Ana Katz y Benjamín Naishtat.

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Base. La miniserie une thriller y comedia a partir de Tuya y El tiempo de las moscas, novelas clave de Claudia Piñeiro. | gza. netflix

La química que tienen Carla Peterson y Nancy Dupláa trasciende cualquier pantalla.Es evidente que se aprecian, se quieren y se admiran, los espectadores podrán verlas en acción a partir del 1° de enero por Netflix. Es la fecha de estreno de la miniserie El tiempo de las moscas con sus seis capítulos y que las tiene a ellas como protagonistas, aunque están acompañadas por Osqui Guzmán, Valeria Lois, Jimena Anganuzzi, Diego Velázquez, Diego Cremonesi, Carlos Belloso y los nombres siguen, entre ellos varios intérpretes de la escena independiente. El guión es el entrecruce de dos novelas de Claudia Piñeiro: Tuya y El tiempo de las moscas, por lo cual se anticipa thriller y una mirada cómplice sobre el mundo femenino.

Con mucho humor Carla Peterson confiesa: “Me gusta mucho manejar y esa camioneta de los años setenta era muy pesada. Las cámaras estaban al costado y un día me enteré que manejé sin frenos. (Se ríe). No sé si actuó bien, pero sé manejar muy bien”.

—¿Cómo definirían la serie?

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CARLA PETERSON: Es una serie de aventuras, amistad, intriga, acción, comedia y drama. Cuando elijo qué quiero ver en una plataforma te ponen categorías extrañas, como droga o sexo. Siento que tiene algo de Agatha Christie, es como una novela, pero muy argentina.

NANCY DUPLÁA: No la podría definir. Nos divertimos haciéndola y cuando la vi terminada siento que la musicalización y la edición le dio un giro distinto. Diría que es de aventuras.

—La serie fue dirigida por Ana Katz y Benjamín Naishtat: ¿notaron diferencias?

C.P: Estaban muy conectados en cómo iban a ir contando. Había un trabajo previo de ellos, pero en el momento de grabar eran completamente distintos. De hecho, hay un capítulo (el tres) que dirige Benjamín, que es sobre la otra novela de Claudia Piñeiro (Tuya), que es casi una película. Son dos creadores diferentes, pero eso hizo que la serie tenga más capas y nuestros personajes también. Además dirigieron distintos momentos, el pasado con Benjamín y el presente con Ana. Los dos tienen también una cierta ironía y humor, distinto pero que se asemeja. Lo noté ahora que la vi entera.

N. D: El día que vas a grabar preguntás: “¿con qué equipo me toca?”. En mi caso dependo mucho de la gente. Es cierto que tenían una mirada bastante diferente a la hora de resolver las escenas en el momento y eso te enriquece. Sobre todo si se logra cierta alquimia entre los dos y que el relato no varíe. Me parece que fue algo, en este caso, muy positivo.

—¿Cuál fue la escena o las secuencias más complicadas?

N.D: ¿Sabés que no hubo? Había una atmósfera, una energía que en lo personal trataba de seguir, porque soy dispersa y a veces me voy como medio de mambo. Todo eso me parece que invitaba a estar como en una circunstancia determinada. Estábamos cómodas. No hubo grandes complicaciones, ni grandes desafíos. Trabajamos muy concentradas para mantener esa atmósfera y esta relación, que se cuente de manera íntima, sin estridencia y sin aclarar demasiado. Pero también así todo tiene su romanticismo, con sus escenas de encuentro.

C.P: Para mí fue complicada esa cabeza. El desamor que tiene mi personaje, esa falta de rumbo. Es alguien solitario, una mujer que de entrada ya perdió. No está conectada con su corazón y que nunca pudo ser feliz. Pero a la vez sentía que toda esa angustia se tenía que ver con cierta luz. Nancy tiene muchísima verdad, con escenas muy difíciles, pero ella lo hace todo real, creíble y sincero. La mirás y te hace actuar.

—¿Sienten que es una serie donde se prioriza mostrar el mundo femenino?

N.D: Creo que las novelas de Claudia (Piñeiro) tienen un recorrido y una energía femenina como empoderada. Mi generación tuvo que ir incorporándola. Nosotras venimos de madres machistas. En mi caso me crié con todos varones, por lo cual tuve que ir incorporándola y gracias a la vida que me dio una hija mujer (Morena) para entender ese camino, de verdad y disfrutarlo. Nosotras también fuimos de alguna manera luchadoras en su momento cuando hubo que estar y lograr leyes fundamentales, como la del aborto. Traemos esa energía y la queremos aprovechar en algo lúdico, como es la actuación, porque llega a infinitas cabezas y corazones. Es muy importante la función que tenemos nosotras como actrices. Si bien no hay una bajada de línea determinada, en la serie está la fiebre femenina. Los personajes se conocen en la cárcel, donde empieza esa hermandad, en lo bueno y en lo malo.

C.P: Hay chicas malas y buenas también. Eso también me gusta de esta serie, que no hay una tipografía toda rosa. Creo que aquí se habla de todo tipo de mujeres. Se muestra la relación madre e hijas, desde distinto punto de vista. Y la hermandad entre estas dos amigas. Me hice muchas preguntas cuando leía el guión sobre mi personaje, una mujer que quiere estar sola. No se sintió ni madre, ni esposa.

—¿Hay diferencias entre grabar aquellas novelas para la televisión abierta y las series para estas plataformas?

N.D: Completamente diferente. Nosotras tuvimos la suerte de hacer novelas en los últimos tiempos. Había empezado a correr mucho el tema de los tiempos y todo se grababa muy al filo del aire. Ese aceleramiento a veces iba en desmedro de la calidad de nosotras como intérpretes y del producto en sí. Aquí no sucede, todo tiene un plan más organizado.

C.P: Igual creo que eso que pasaba le daba cierta personalidad a esas tiras que hacíamos y que las veíamos todos. Por eso aceptabas un poco más esas fallas y te gustaban, como televidente. Esa inmediatez del día a día era como si estuvieras adentro de las casas. Hoy hay más elección. El público es más exigente en el momento de qué serie vamos a ver, quién trabaja, cuántos capítulos y cuántas temporadas. Empiezan a hacerse todas esas preguntas. Ahora una tiene todas esas exigencias. Creo que hay que estar a la altura, por eso también no existe esta diferencia del director de cine y de series.

—Estuvieron rodeadas de actores del teatro independiente...

C.P: Maravillosos. En esta serie pasa, porque la gente de casting y los directores los conocen y vienen de esos lugares. Filmar con Osqui Guzmán, de golpe una pequeña participación te trae una luz enorme y una precisión también. Te enriquece la escena, encontrarte ahí con ellos de golpe es pasar un día maravilloso. Solamente haciendo estas series me junto con pares, con amigos, porque ya en la vida no tenés mucho tiempo de juntarte, entonces mi trabajo me da esto.

N.D: Se amplía la búsqueda, dan oportunidades, como la actriz que hace de tu hija (Julia Dorto).

C.P: Todos los que vienen y te cuentan que estuvieron de gira por no sé dónde, que filmaron con no sé con quién y eso a mí es lo que más me interesa de lo que hago. Que me hablen de lo que me encanta, me apasiona y me genera intriga. Llegan con muchas ganas, es una energía muy contagiosa y todo para sumar.

—¿Te costó encarar a este personajes más masculino?

N.D: Te diría que es una energía que conozco más que la femenina, porque me crie con primos varones. Fue un plomo mi infancia, además era la más chica, entonces me agredían. Aprendí a defenderme, todo era muy masculino. La paso muy bien con los varones, me divierto y los entiendo. Entonces cuando me tocan personajes así masculinos son como un viaje que ya conozco. Lo único es que debo medirme, pero para eso estaban nuestros dos directores que controlaban mucho lo gestual.