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No se extingue el que se distingue. Por Daniel Ivoskus

La imagen y la marca personal de un candidato es un atributo asociado a la percepción que debe ser cuidadosamente tratado. Aquí, algunas recomendaciones. Galería de fotos

No se extingue el que se distingue. Por Daniel Ivoskus
No se extingue el que se distingue. Por Daniel Ivoskus | CREDITO PERFIL

La interpretación más común de la imagen política es la que asocia el concepto con la apariencia y con el valor emocional del liderazgo, activo que no está ligado directamente a la imagen sino a la percepción.

La apariencia involucra cualidades asociadas a lo visible, a la presencia. Pero sin la consistencia de un carácter y una personalidad definida, esos valores tienden a diluirse. Se trata, ni más ni menos, que de ser y parecer.

Las miradas de las audiencias se transformaron. Las sociedades detectan el ruido, descubren lo que no es natural y lo rechazan. La capacidad de reflejar la esencia de un político desde su imagen de campaña consolida la confianza del elector.

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Imagen y poder han tenido una estrecha ligazón desde tiempos remotos. Sin embargo, no hace tanto que la imagen política se ha constituido en un campo específico de estudio de la consultoría.

Hoy, que gran parte de la estrategia está constituida por el mensaje, es importante que no existan “distractores” de imagen que puedan contaminar la construcción de ese mensaje. A excepción, claro, de que esos detalles ayuden a fortalecer el encuadre final.

Lo cierto que hoy, efectivamente, se extingue todo aquel que no se distingue. La necesidad de poseer una marca personal ya no puede ser puesta en tela de juicio. Una marca lo encierra todo para un político. Qué se quiere transmitir, desde que lugar, que ventajas comparativas puede alcanzar a partir de esa marca. Una marca personal diseñada desde la autenticidad compone un gran atributo.

El problema es que todavía hay muchísimas prácticas que es necesario desterrar para siempre. Como en otros ítems de la consultoría política, en cuestiones de marca e imagen la falta de preparación en un equipo es detectable. Y torna al político menos competitivo.

Básicamente, porque la vida de cualquier figura pública está mucho más expuesta que hace 70 años. Los canales se han multiplicado, la inmediatez de las redes sociales no permite margen para el error. La división entre el mundo real y el virtual cada vez es más borrosa.

Hoy ya nadie puede dudar que un equipo de campaña profesional debe reunir investigación y experiencias aplicadas en materia de imagen pública. Ya no se trata de un elemento aislado y disociado del resto.

Desde el lado del político, en tanto, se debe considerar que la construcción de la imagen requiere de sacrificio y entrega constante a un proyecto de exploración que entienda a la valoración social como un proceso racional, pero sobre todo como un fenómeno emocional.