¿Cómo fueron tus inicios? ¿Qué te llevó a empezar a trabajar específicamente con procesos de duelo y a darle forma a lo que hoy es Centro Blatt?
Desde que me recibí me dediqué casi exclusivamente a acompañar personas que transitaban procesos de duelo. Comencé trabajando, sobre todo, con personas que transitaban duelos por diagnóstico de enfermedad y por fallecimiento, pero claro que existen multiplicidad de pérdidas y así fue que, en el 2017, nació el Centro Blatt dedicado a la atención integral de enfermedades crónicas, duelos y psicooncología. Al contar con un equipo de profesionales podemos abordar todo tipo de duelos (por divorcio, migración, pérdida del trabajo, diagnóstico de enfermedad, muerte, rupturas vinculares, etc.) y abarcar también más edades y circunstancias como personas internadas, por ejemplo.

¿Cómo fuiste construyendo un espacio que pueda acompañar niños, adolescentes y adultos desde un mismo lugar?
En un momento empecé a darme cuenta que, al acompañar a un miembro de una familia en su duelo, quedaban otros sin atención. En algunos casos podían realizarse tratamientos familiares, pero en otros, urgía la necesidad de tratamientos individuales especializados en simultáneo. Era claro que hacía falta un equipo para poder abordarlos.
¿Qué te pasaba a vos con la falta de espacios especializados que aborden estos procesos antes de crear este Centro de atención en duelos?
Era muy difícil encontrar colegas especializados a quienes derivar otros miembros de una misma familia. Notaba que había muchos psicólogos generales, pero no colegas que se especializaran en la temática de duelo. Eso me llevó a presentar un proyecto en la Universidad para iniciar una Diplomatura Universitaria en Psicología del Duelo que finalmente inició en el 2019, en este momento está en curso la 7ma cohorte.
¿Cómo es para vos recibir a alguien que llega atravesando una pérdida? ¿Te impacta en lo personal trabajar con historias tan sensibles?
Por un lado, es duro, durísimo, pero también es esperanzador. Ya el hecho de saber que están buscando ayuda para transitar su duelo, me genera esperanza. Desde el inicio veo la posibilidad, ahí me centro. Es un camino difícil, pero al haber acompañado a tantas personas en el peor momento de sus vidas, sé que un día, esa persona que llega con un dolor que lo desgarra, puede ser que elija, a conciencia, nuevamente la vida. Sí, claro que me impacta ser testigo de tanto dolor, me sensibiliza, me duele y justamente desde ese sentir es desde donde puedo acompañar el proceso de transformación que implica el duelo.
¿Cómo es esta tarea de poner en agenda una temática que muchas veces se evita?
Es un desafío constante. La muerte no tiene marketing y en general, la evitamos, no hablamos de ella (pareciera que, si no la nombramos, no existe). Todos sabemos que nos vamos a morir, pero vivimos como si no fuera así. Es un tema del que debemos hablar en todos lados: en la sobremesa de un almuerzo en familia, en las Universidades, en las escuelas, en los medios de comunicación; es entre todos que podemos correr a la muerte y al duelo del tabú y del silencio. Es al darle la bienvenida a la muerte que podemos vivir la vida con mayor intensidad.
Tenés algunos libros publicados ¿nos podés contar sobre ellos?
Sí, publiqué un poemario para adultos que se llama: “Duelando voy”, editado por Miríficas ediciones en 2024. También, tengo dos libros infantiles publicados: “El globo mensajero”, editado por Editorial Niña Pez en 2024, es un cuento pensado para niños/as que transitan un duelo y el otro es en formato e-book, editado por la editorial de la Universidad del Aconcagua en el 2025, se llama: “Adiós Simón” y está pensado para quienes pierden una mascota.
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