Suele decirse que el juego es cosa de niños, ¿qué lugar ocupa en el desarrollo?
Para la Terapia Ocupacional, el juego es la ocupación principal del niño y el escenario donde construye su identidad. Allí ensaya la vida, desarrolla autonomía y aprende a resolver problemas; a partir del juego se habita, se participa y se le da sentido a lo que se aprende porque parte del niño mismo.
Mi trabajo implica entender que, cuando un niño juega, trabaja en su futuro y eso es necesario habilitarlo y sostenerlo. Si hay dificultades para jugar, también las hay para participar del mundo. Busco que el juego sea el motor que abra puertas a la independencia, adaptando desafíos para que cada logro sea una verdadera conquista.
Si tuvieras que definir tu trabajo a través de un superpoder, ¿cuál sería?
Diría que es hacer posible lo que hoy parece difícil: traducir necesidades en oportunidades y convertir el juego en una herramienta de desarrollo. Pero, sobre todo, el superpoder de transformar cada plan B en un nuevo plan A, entendiendo que no hay una única forma posible, sino múltiples caminos para llegar.
¿Cuál es el error más común al pensar en tu profesión?
Creer que servimos para "entretener" o que solo hacemos "manualidades". Incluso en el ambiente médico, a veces se nos ve como "recreólogos". Nuestra función no es mantener ocupada a la persona, sino rehabilitar su capacidad de accionar en el mundo. Valoramos diferentes formas de ser y hacer.

¿Qué te gustaría que las familias supieran antes de empezar terapia?
Me gustaría que las familias supieran que no hay una única forma de desarrollo ni un solo camino correcto. Cada niño tiene sus tiempos y su manera de habitar el mundo, y eso no es algo a corregir, sino a comprender y acompañar.
Si pudieras cambiar algo del sistema de salud para favorecer la inclusión, ¿qué sería?
No podría simplificarlo en una sola cosa, porque hay varios cambios necesarios. Si pensamos en una inclusión que realmente transforma vidas, un punto clave es aliviar el día a día de las familias.
La discapacidad no debería ser un proceso burocrático constante; la calidad de vida también está en la agilidad y sentido común.
Sueño con un sistema integrado donde los derechos no se tengan que 'reclamar' una y otra vez, sino que estén garantizados. Debemos eliminar esa peregrinación agotadora y unificar la información para que los beneficios sean automáticos y la energía de las familias se use en vivir, no en gestionar.
Josefina Bourdieu Yrujo
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