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IDEAS / Opinión
martes 26 febrero, 2019

Preservar, restaurar, mantener, revitalizar

Los valores a tener en cuenta a la hora de considerar un patrimonio y las posibilidades de un edificio histórico con las que se cuenta sin que se lo convierta en un museo

Luis J. Grossman (*)

villa ocampo Foto: Cedoc perfil
martes 26 febrero, 2019

Después de estudios, investigaciones y análisis, se decide que una construcción debe ser conservada. Es decir, está prohibida su demolición y existen pautas acerca de diversos módulos de preservación, lo que implica alternativas para adecuarse a los rasgos del objeto a preservar y los objetivos de esa preservación. Si las condiciones del objeto en cuestión muestran deterioros y fallas, se impone hacer la restauración que permita recuperar los rasgos esenciales de ese objeto (sea éste un mueble, un cuadro, un edificio o una plaza).

Llegamos así al tercer término: mantener. Porque ninguna de las acciones mencionadas más arriba es estable en el tiempo si no existe un correcto mantenimiento, palabra ésta que parece ausente en los manuales de estos temas.

De nada vale preservar y restaurar una bella boisserie o un mural pictórico, si no se evita la humedad que los afectará en poco tiempo. Resolver la impermeabilización de las cubiertas y los revestimientos exteriores es prioritario en cualquier operación sobre el patrimonio, mandato que no siempre se cumple.

Un libro recientemente aparecido lleva por título Patrimonio en el Siglo XXI – El caso Villa Ocampo y sus autores, Nicolás Helft y Fabio Grementieri, plantean puntos de vista que -si bien no son nuevos- merecen ser vistos con detenimiento.

Porque a partir del minucioso y paciente trabajo de puesta en valor de ese conjunto legendario, el de la Villa Ocampo y su entorno, los autores ponen en el campo de la discusión los valores a tener en cuenta a la hora de encarar ese patrimonio que, sin acumular siglos, amerita su recuperación y el rescate de una experiencia cultural de gran significación para nuestro país y para la estatura intelectual de la Argentina en el siglo XX.

Argentina se suma a la campaña de la UNESCO para la preservación del patrimonio cultural

Y es posible darle vida a un edificio considerado como parte del patrimonio sin convertirlo en un museo. Porque para un funcionario, o un político en general, esa es la solución más sencilla, inapelable. Y para los que conocieron a Victoria Ocampo, su personalidad y su carácter, nada hubiera estado más lejos de su voluntad que convertir la Villa en un museo.

Cuando en el Casco Histórico de la Ciudad se instituyó un Premio para aquellas intervenciones realizadas en su territorio, quedaba demostrado que, sin embalsamar a esos edificios heredados, se los podía exaltar mediante una función adecuada que les otorgara nueva vida. Y aquí aparece un verbo que es preciso conjugar: revitalizar. Es una falta de respeto, para nuestros predecesores y para la generación actual, convertir añosos recintos en penumbrosos espacios sin vida; limpios y cuidados, pero inertes. En palabras de Nicolás Helft, se trata de permitir que esos edificios se puedan “ganar la vida”. Esta es la misión de aquellos expertos en gestionar bienes culturales: sin resignar la dignidad y el respeto por el bien de que se trata, se propongan objetivos aptos para ese bien. Los trabajos premiados en el concurso del Casco Histórico que cité más arriba son modélicos en esta cuestión.

Del mismo modo que fue ejemplar lo sucedido con el edificio sede de La Prensa en la primera cuadra de la Avenida de Mayo. Cuando se lo convirtió en aposento del Ministerio de Cultura de la Ciudad, ese bello y legendario edificio revivió. Su Salón Dorado vibró con los aplausos del público asistente a recitales, conferencias y debates. Ese edificio singular volvió a la vida.

Otro caso digno de destacar es el de la sede de la Auditoría General de la Nación, frente a la Plaza de los Dos Congresos, inspirada por el doctor Leandro Despouy y realizada con cuidado, respeto y experiencia por el arquitecto Pablo Martínez.

Hace casi una década, en un trabajo multinacional editado en Italia el título elegido por los colegas italianos fue “Centri Storici - proposte per lo sviluppo”, es decir “Centros Históricos - propuestas para el desarrollo”. Cualquiera diría que en las reflexiones de este borrador se omitió un vocablo, desarrollar. Puede ser.

(*) Arquitecto.


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