INTERNACIONAL
¿puede ser blanco de ataques?

América Latina, la única región virgen de atentados de EI

Los expertos dicen que no hay indicios de una amenaza terrorista. Pero debaten si pueden desatarse procesos de radicalización. Déficit de los servicios de inteligencia.

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Violencia for export. Estado Islámico alarma a Occidente a fuerza de ataques dirigidos orgánicamente por el grupo o cometidos por “lobos solitarios”, todos inspirados en su proclama radical. | Cedoc Perfil y AP

¿Puede Latinoamérica convertirse en un blanco de ataques terroristas dirigidos o inspirados por Estado Islámico (EI)? La reciente masacre en Las Ramblas de Barcelona encendió el debate sobre los alcances y límites de la llamada “yihad global” y, en particular, sobre la probabilidad o improbabilidad de que el terrorismo yihadista golpee en la única región de Occidente que se mantiene virgen de atentados al estilo de los que se han visto en los últimos tres años en Europa.

En los últimos meses, funcionarios de distintos gobiernos latinoamericanos –entre ellos, el argentino– comenzaron a hablar de la importancia de estar listos para la “guerra contra el terrorismo” y a dar por hecho que la región no está exenta de eventuales ataques.

Sin embargo, desde que EI irrumpió en la escena mundial en 2014, ningún país latinoamericano sufrió hasta ahora ataques de individuos o grupos con una visión radical y violenta del islam. A su vez, la cantidad de reclutas de EI procedentes de la región es muy marginal en comparación con los que provienen de Asia, África, Europa, Oceanía e incluso América del Norte. Tampoco es un detalle menor el hecho de que Latinoamérica sea hoy una región de paz: el fin del conflicto con las FARC en Colombia, por ejemplo, reduce las chances de alianzas extraregionales con otros grupos armados, sin importar cuáles sean sus motivaciones o su signo ideológico.

La comunidad de inteligencia de los Estados Unidos, posiblemente la que mayor información posee sobre EI y grupos afines, no considera que en Latinoamérica exista hoy una amenaza preocupante de terrorismo, según se desprende de las últimas dos versiones de la Evaluación de Amenazas Globales de la Dirección Nacional de Inteligencia de ese país. El último informe del Congressional Research Service del Parlamento estadounidense tampoco mencionó a EI en su capítulo sobre terrorismo en Latinoamérica. Al mismo tiempo, la cooperación en materia de inteligencia entre la Argentina, Brasil, Paraguay y los Estados Unidos en torno a la Triple Frontera ha evitado que Washington perciba a esa área como una fuente de amenaza grave para sus intereses y ciudadanos.

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Convite. Aún así, en los últimos días, la Casa Blanca invitó a los países latinoamericanos a sumarse a la coalición militar que combate a EI en Siria e Irak. De gira por la región, el vicepresidente estadounidense Mike Pence felicitó a Panamá por haber sido el primer (y único) estado latinoamericano que se incorporó a esa alianza.

Pero, si el objetivo fuera repeler la eventual presencia de elementos radicalizados en la región, ¿sería una buena idea sumarse a la guerra contra EI en el territorio de su autoproclamado “califato”? En opinión del experto argentino Nicolás Dapena, asesor del Consejo de Seguridad de la ONU en materia de terrorismo y tráfico de armas, “el hecho de que casi ningún país latinoamericano integre la coalición minimiza la posibilidad de que la región sea blanco de operaciones terroristas tácticas de EI como represalia”. Aunque ello no significa que no exista variabilidad en los niveles de riesgo en función de situaciones especiales. “Por ejemplo, los Juegos Olímpicos en Río elevaron el nivel de alerta, y lo mismo ocurrirá en la Argentina durante el G20”, señaló Dapena a PERFIL.

Por el contrario, el diplomático y ex vicecanciller argentino Roberto García Moritán no cree que integrar o no la alianza militar vaya a cambiar la ecuación, ya que “la modalidad actual que ha adoptado el terrorismo radical implica que ninguna región del mundo sea inmune a ese flagelo, por lo que toda la comunidad internacional debe unirse contra él y todos los estados deben adoptar actitudes responsables para combatirlo”. García Moritán coincide con la línea que transmite el gobierno argentino, especialmente a través del Ministerio de Seguridad.

Ahora bien: es preciso distinguir entre los ataques dirigidos orgánicamente por EI y los atentados cometidos por los –bien o mal– llamados “lobos solitarios” que actúan inspirados por la ideología radical del “califato”. Marcelo Saín, experto argentino en políticas de seguridad y ex director de la Escuela Nacional de Inteligencia bajo la gestión kirchnerista, evaluó que el riesgo de que se desencadenen procesos de radicalización de potenciales atacantes en Latinoamérica es sensiblemente menor que en Europa, ya que aquí “no se registra una presencia de líderes religiosos u otros actores radicalizados dentro de las comunidades musulmanas en la región”.

Dapena no comparte el diagnóstico. "El proceso de radicalización no necesariamente requiere de una figura presencial, como un imán en una mezquita, que entable un vínculo cara a cara con el potencial atacante –sostuvo el experto argentino, quien integró el equipo de investigación de la ONU que estableció la responsabilidad de EI en el uso de armas químicas en Aleppo, Siria, en 2015–. Hoy las redes sociales son la primera vía de radicalización. El principal comandante de operaciones de EI era checheno: no tenía nada que ver con imanes ni mezquitas”.

En lo que sí hay consenso es en las dificultades que encontrarían los servicios de inteligencia de la región si tuvieran que hacer frente a una amenaza terrorista real. “No están capacitados para atender esta problemática –dijo Saín–. No la comprenden ni tienen los saberes necesarios para entender su lógica. Del único modo que podrían intervenir en esta materia es con la cooperación de la inteligencia europea”. Aunque, vale decir, las cosas tampoco están fáciles para los europeos.