Neil Low, un veterano con cinco décadas en el Departamento de Policía de Seattle (SPD), puso en duda la versión oficial que se mantuvo activa durante 32 años sobre la muerte de Kurt Cobain. El capitán retirado, quien recibió el encargo de auditar el expediente en 2005 por orden de su jefe, afirmó que las pruebas físicas en el lugar donde encontraron al músico simplemente "no cierran". Para el ex jefe policial, la investigación inicial fue deficiente y la escena pudo ser preparada para que el líder de Nirvana pareciera haberse quitado la vida por mano propia.
El oficial calificó el trabajo de sus colegas en 1994 como "desprolijo" y aseguró que los investigadores entraron al lugar con una conclusión ya tomada. Según Low, la narrativa del suicidio comenzó apenas descubrieron el cuerpo, cuando un vocero del SPD anunció la causa de muerte ante los medios antes de que se realizara la autopsia o los exámenes toxicológicos. Esta decisión temprana condicionó todo el proceso posterior, impidiendo que el caso se tratara como un potencial homicidio desde el primer momento.

Uno de los puntos más críticos que mencionó Low fue la limpieza inusual de las manos de Cobain en las fotos. El capitán explicó que un disparo de escopeta con perdigones genera un impacto tan violento que debería haber producido un "spray" masivo de sangre y tejido sobre la víctima. Sin embargo, las imágenes mostraron un escenario que no coincidió con la fuerza del proyectil, lo que sugirió que la escena pudo ser alterada o que el músico no fue quien disparó el arma.
Excite, además, otra cuestión que encendió las alarmas en las autoridades. Los informes toxicológicos revelaron que Cobain tenía en su organismo una dosis de heroína tres veces superior al límite letal para cualquier ser humano. Low sostuvo que, con esa cantidad de droga en el sistema, es físicamente improbable que una persona tuviera la capacidad de manipular una escopeta Remington Modelo 11 y dispararse a sí misma. El veterano indicó que alguien con ese nivel de intoxicación habría necesitado asistencia externa para realizar cualquier acción.

El capitán también denunció el desorden en las investigaciones que se realizaron en el lugar. Los registros confirmaron que al menos 12 oficiales entraron y salieron del lugar, contaminando potenciales pruebas de ADN que nunca se recolectaron como correspondía. Además, Low detectó contradicciones graves entre la autopsia y los informes policiales, incluyendo notas encontradas en los bolsillos del músico que no figuraron en las actas originales de 1994.
A pesar de que el Departamento de Policía de Seattle mantuvo su postura oficial de que Cobain se suicidó, Low se unió ahora al pedido de investigadores independientes para reabrir la causa. El ex oficial reconoció que él mismo creyó en la versión oficial inicialmente, pero que tras revisar a fondo los archivos con su experiencia profesional, concluyó que se trató de un homicidio. Para el veterano, los errores humanos y los detalles omitidos en el reporte original crearon una versión de los hechos que hoy resulta insostenible ante la nueva evidencia.
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El misterioso pasajero y la compra de municiones
Entre los documentos que Low resaltó se encuentra un informe olvidado de 1994 que mencionó a un chofer de la empresa Gray Top Cabs. El conductor declaró haber levantado a un pasajero en la casa de Cobain que no coincidía con la descripción física del músico ni con los habitantes habituales de la casa. Este detalle, que podría indicar la presencia de un tercero en el lugar días antes de que encontraran el cuerpo, fue obviado en los reportes posteriores.
Otro dato que llamó la atención de los investigadores fue la supuesta dificultad de la víctima para conseguir municiones antes de su muerte. El reporte del taxista indicó que el pasajero no logró encontrar un negocio para comprar cartuchos, algo que resultaba raro para alguien como Cobain, que era un dueño de armas experimentado y conocía perfectamente dónde abastecerse. Esta inconsistencia reforzó la teoría de que el hombre que tomó ese taxi no era el líder de Nirvana, sino alguien vinculado a los eventos finales.
Finalmente, Low señaló que Kurt no era una persona violenta y que elegir un método tan “salvaje” no encajaba con su perfil psicológico. La falta de recolección de pruebas clave, como el raspado de uñas o el análisis profundo de los patrones de sangre en el pecho, dejó vacíos legales que hoy, tres décadas después, vuelven a poner a la policía local en el centro de la escena.
TC