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Cinco impactos de la guerra en la ya golpeada economía

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Commodities. El precio internacional de algunos productos subirá pero con eso solo no alcanza. | AFP

El director director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) de la Universidad de Belgrano, Víctor Becker, analizó las consecuencias económicas inmediatas de la guerra Rusia-Ucrania.

1. Una caída de la tasa de crecimiento de la economía mundial. “La estimación del FMI de un aumento del PBI global del 4,4% para 2022 deberá ser revisada a la baja. La magnitud de la revisión dependerá de la intensidad y duración del conflicto. Las peores perspectivas son, naturalmente, para el continente europeo”, explica Beker.

2. Un fuerte impacto en el mercado energético. “Rusia es un importante productor y exportador de gas. Un 40% del consumo europeo es provisto por ese país. Esto tendrá un efecto alcista en el precio del gas y en la disponibilidad de gas licuado a escala mundial. También el precio del petróleo acusará un impacto al alza, ya sea porque Rusia reduzca sus exportaciones o porque los países occidentales impongan sanciones a quienes las adquieran”, indica el economista.

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3. Un alza del precio de cereales y oleaginosas. “Rusia y Ucrania son fuertes productores y exportadores de trigo. La merma en la oferta, debido al conflicto bélico, dispararía los precios, abarcando al resto de los cereales y oleaginosas”, sostiene el director del CENE.

4. Un impacto en los mercados financieros. “Como en todo momento de turbulencia, se espera una liquidación de activos financieros en favor del oro y del dólar, que son los activos de reserva por excelencia. De todas maneras, la suerte del dólar estará atada al rol que jueguen los Estados Unidos en el conflicto”, advierte Beker.

5. Consecuencias para la Argentina. “El aumento en el precio de nuestras exportaciones primarias puede ser un factor positivo, aunque el menor crecimiento de la economía mundial conspirará contra el resto de nuestras ventas al exterior, y deberemos hacer frente a un abultamiento de la factura por las importaciones de energía.

El relativo aislamiento de la Argentina respecto de los mercados de capitales haría que las turbulencias financieras puedan tener un menor efecto que en otros países”, completa el economista.

En el mismo sentido, Luis Argüero, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Belgrano, profundizó sobre las amenazas y oportunidades que la Guerra Rusia-Ucrania trae aparejadas para la economía argentina.

Al respecto, coincidió en que, si bien la Argentina se beneficiará por el incremento del precio de los alimentos, esto se compensará con los crecientes costos de importación de energía.

“En un contexto de debate interno sobre los subsidios al consumo energético, el incremento en los costos de generación hará prácticamente imposible que estos subsidios bajen en términos reales en 2022”, pronostica.

Por otro lado, sostuvo que a pesar de que “la errática política exterior argentina no permite prever cuál será la postura de un país que hace días nomás tuvo a su presidente ofreciéndolo como puerta de entrada de Rusia a la región, en un contexto de negociación con el FMI y con la necesidad de conseguir el apoyo de las potencias occidentales, la Argentina se verá obligada a elegir un bando”.

Desde la perspectiva comercial, indicó que, como “sólo el 1% de las exportaciones argentinas tiene como destino Rusia, y hay pocas inversiones rusas en el país, no habrá un impacto fuerte si se impone algún tipo de sanción en el comercio de mercancías o a empresas de origen ruso”.

Y por último, destacó que, en el largo plazo, el conflicto puede presentar una oportunidad para la Argentina: “Europa limitará sus importaciones de energía desde Rusia, y necesitará importar desde otros orígenes.

El potencial que tiene Argentina en el sector y la histórica buena relación entre nuestro país y el continente europeo lo presenta como una interesante opción para suplir parte de esa futura demanda”.

De todos modos esta nueva guerra europea enfriará aún más las posibilidades de acelerar y poner en marcha la letra chica de un acuerdo entre la UE y el Mercosur que ya tuvieron un entendimiento general pero aún faltan ratificaciones de cada miembro.