Sobrevivientes de los distritos devastados por las inundaciones de Nepal, algunos en camillas y otros suavemente apoyados por los hombros, fueron evacuados en helicóptero a un lugar seguro mientras el constante rugido de los helicópteros resonaba por toda la devastada ciudad de Bidur.
Algunos caminaban solos, con el rostro congelado por el shock, mientras helicópteros aterrizaban cada pocos minutos en un campo de fútbol dentro del acantonamiento militar del pueblo, levantando nubes de polvo.
Entre los supervivientes estaba el agente de aduanas Omkar Joshi, de 35 años, que pasó la noche anterior varado en la cima de una colina en la ciudad fronteriza de Timure, que desapareció por completo. “Todo está acabado. El noventa por ciento de la población está muerta, tragada por el barro. Es un enorme cementerio. Solo queda arena y piedras, empapados de sangre humana”, relató.
Joshi señaló que cientos de personas sobrevivieron trepando por las laderas cercanas mientras las aguas de la inundación rugían por el valle de abajo. “Llovió toda la noche, pero nos quedamos quietos hasta que llegaron los helicópteros a por nosotros”, dijo.
Más abajo, la devastación quedó grabada en el paisaje destrozado de Devighat. Sabir Miyan, residente del pueblo, dijo que las advertencias de que las aguas de la inundación descendían en toda velocidad desde las montañas habían ayudado a salvar vidas. “Muchos de nosotros podríamos salvar nuestras vidas, pero todo lo demás ha desaparecido. Ahora todo es ruinas”, remarcó.
Keshav Prasad Baral, de 68 años, fe rescatado en helicóptero tras perder a su esposa. “Fue un enorme chorro de lodo que venía directo hacia nosotros. A medida que se acercaba, seguía subiendo más y más. Cuando lo vi entrar a nuestra casa, intenté agarrar la mano de mi esposa y llevarla a la terraza. Pero ella fue arrastrada por el lodo. Cuatro o cinco horas después, vino un helicóptero a rescatarme. Mi esposa sigue en alguna parte debajo del lodo. Ella ya no está”.
Otro residente, Shoyam Rajbhandari, afirmo: “Cuando llegué al bazar de Dhunge, en media hora la inundación llegó y destruyó todo el mercado. La gente se estaba preparando para ir a trabajar a esa hora. Cuántos desaparecidos o muertos hay, no lo sabemos”.
Anisha Nepali también dio su versión. “Todo sucedió en cuestión de minutos; el agua rugía con una fuerza increíble arrastrando rocas gigantescas y arrancando las casas desde los cimientos. No dio tiempo a casi nada, solo a correr hacia las partes más altas de la montaña para salvar la vida”, señaló.
“La realidad es que, si te encuentras en una comunidad situada debajo de un gran glaciar y, potencialmente, de un lago glaciar donde podría ocurrir una GLOF (Inundación por desborde de lago glaciar), en cierta medida es una bomba de relojería. Huir no sirve de nada”, indicó Adrian McCallum, glaciólogo de la Universidad de Sunshine Coast.