INTERNACIONAL
Cementerio clandestino en el subsuelo

El mapa del horror de los narcos en México: 4.000 fosas clandestinas en dos décadas

Un informe del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana revela que en los últimos veinte años se documentaron hasta 4.071 fosas clandestinas y más de 10.000 cuerpos exhumados. La crisis expone la magnitud de la tragedia humanitaria y la impunidad, el colapso forense y la connivencia de los narcotraficantes con el poder. Atraviesa a los gobiernos de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y López Obrador.

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Dantesco. Una de las más grandes fosas clandestinas de los narcos ubicada en Jalisco, con cientos de cuerpos en su interior. | AFP

La crisis de desapariciones forzadas en México no solo destaca el trauma de una sociedad atravesada por la violencia de los narcotraficantes, sino también la complicidad e inoperancia de las autoridades.

Un informe del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana reveló que, entre 2006 y 2024, se documentaron oficialmente hasta 4.071 fosas clandestinas y más de 10.000 cuerpos exhumados en el territorio nacional.

Esta cifra desnuda la magnitud de una tragedia humanitaria que coincide cronológicamente con la llamada “guerra contra el narcotráfico” iniciada a finales de 2006, un conflicto que en lugar de contener a los cárteles atomizó la violencia, expandió sus redes de control territorial y convirtió el subsuelo mexicano en un cementerio clandestino masivo.

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Radiografía de la impunidad. El análisis de la Universidad Iberoamericana expone de manera cruda que las fosas encontradas no son episodios aislados, sino parte de una metodología sistemática de exterminio y ocultamiento utilizada por las estructuras criminales.

Durante el gobierno de Felipe Calderón (2006 - 2012), las fosas se concentraron en los estados del norte del país

El uso de predios rústicos, casas de seguridad y zonas despobladas responde a una lógica de impunidad absoluta: desaparecer el cuerpo para negar el delito y congelar la investigación judicial. Sin embargo, el hallazgo de más de 10.000 cuerpos es también el reflejo de un profundo colapso institucional. Los servicios forenses del país, tanto a nivel federal como estatal, se vieron rebasados por la dimensión de la crisis.

La falta de recursos técnicos, el rezago en la identificación genética, la escasez de peritos calificados y la corrupción sistémica han provocado que miles de restos permanezcan en calidad de desconocidos, acumulados en fosas comunes institucionales o en refrigeradores forenses que operan al límite de su capacidad.

El poder, sin respuesta. Ante este flagelo, todos los gobiernos fracasaron. Los de derecha aplicaron medidas de mano dura y choque contra los carteles. Los de centro izquierda intentaron un acercamiento y negociaciones, que tampoco fueron efectivas.

Con López Obrador (2018 - 2024), de centroizquierda, hubo un incremento sostenido e histórico en los hallazgos de fosas

Durante el gobierno de derecha de Felipe Calderón (2006 - 2012), las fosas se concentraron en los estados del norte del país (Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas), marcados por la escalada de la “guerra contra las drogas” y enfrentamientos entre el Cártel del Golfo y Los Zetas.

En la gestión de Enrique Peña Nieto (2012 - 2018), también de centroderecha, las sepulturas clandestinas de los narcos se desplazaron hacia el centro-sur y costas del país. Tres entidades (Veracruz, Guerrero y Jalisco) concentraron el 62% de los hallazgos, destacando el crecimiento exponencial en Veracruz e Iguala en Guerrero.

La apertura masiva de fosas clandestinas no habría sido posible sin la omisión deliberada y la complidad de autoridades corrompidas

Cuando tomó el poder Andrés Manuel López Obrador (2018 - 2024), de centroizquierda, hubo un incremento sostenido e histórico en los hallazgos de fosas debido tanto a la persistencia de disputas de grupos criminales (como el Cártel de Caborca en Sonora o el Cártel Santa Rosa de Lima en Guanajuato) como a la labor sistemática de los colectivos de búsqueda. Sonora, Guanajuato y Colima mostraron aumentos drásticos.

La connivencia con el poder. Uno de los aspectos más alarmantes que desprende el informe es la evidencia de la connivencia entre las organizaciones del narcotráfico y las estructuras del poder político y policial a nivel local, estatal y federal.

La apertura masiva de fosas clandestinas en regiones enteras del país no habría sido posible sin la omisión deliberada, la complicidad o la participación directa de autoridades corrompidas que blindaron las operaciones criminales frente a cualquier fiscalización.

Geográficamente, el mapa del horror se concentra en entidades federativas específicas que se han convertido en corredores estratégicos para el trasiego de drogas, armas y personas, donde la soberanía del Estado ha sido suplantada de facto por la ley del cártel.

En estos territorios, buscar a un ser querido se convirtió en una labor de riesgo extremo asumida casi en su totalidad por colectivos de madres buscadoras y familiares, ante la incapacidad o desinterés de las instituciones encargadas de procurar justicia.