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INTERNACIONAL / VENEZUELA
sábado 19 enero, 2019

El peor final

En la actualidad Venezuela tiene dos presidentes que en principio se disputan la legalidad, pero en realidad están midiendo para ver cuál se puede imponer.

por Carlos De Angelis

Nicolas Maduro Foto: AFP

El sueño de una revolución socialista en pleno siglo XXI no podía tener peor final. En la actualidad Venezuela tiene dos presidentes que en principio se disputan la legalidad, pero en realidad están midiendo la correlación de fuerzas para ver cuál se puede imponer.

Por una parte, Nicolás Maduro sostiene su legitimidad en ser el sucesor designado por Hugo Chávez, su poderío basado en los altos mandos de las fuerzas armadas y su menguante respaldo en los sectores más pobres de la población que perciben que sin Maduro cae se quedarán sin nada. Por el otro lado, Juan Guaidó, un ingeniero sin gran experiencia política se atrevió a hacer lo que no lograron otros opositores en estos tiempo: negar a Maduro y designarse presidente en base a liderar provisionalmente la Asamblea Nacional. Oportunamente, el chavismo le sobreimprimió la Asamblea Constituyente -que por decreto Maduro hizo reemplazar a la AN- generándose una situación sin precedentes y que se transformó en el actual poder dual.

Las Fuerzas Armadas de Venezuela mantienen su lealtad a Nicolás Maduro

¿Qué cambió? Sin dudas el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil inclinó el mapa geopolítico regional. Estados Unidos encontró en el excapitán un aliado inesperado, para encontrar una salida política en Gualdó, por ahora, pues no han dejado de lado la amenaza de intervención militar.

La situación económica en Venezuela viene derrapando desde hace años sobre todo a partir de la caída del precio del petróleo. La dura experiencia muestra que un país monoproductor no puede llevar adelante una “revolución social” sin industrialización y sin diversificación de su economía. Incluso con el propio Chávez vivo la Revolución Bolivariana se propuso -por lo menos en lo discursivo- el módico objetivo de repartir la renta petrolera entre los sectores más pobres de la población -y la propia cúpula del gobierno según sus detractores-, lo que llevó al país a una desacumulación y un eterno periodo de vacas flacas, es decir la quiebra económica, la hiperinflación, y una inédita diáspora de millones de venezolanos por todo el planeta,incluso Argentina.

Nicolás Maduro: "Quieren imponer un Gobierno paralelo, de payasos"

Por ahora Juan Guaidó cuenta con los sectores opositores -basado en clases media y numerosos grupos estudiantiles- que vuelven a movilizarse, pues encontraron un nuevo liderazgo que los impulsa y les da un motivación para volver a las calles. Esta motivación prácticamente había desaparecido por las divergencias opositoras, la cárcel a Leopoldo López y la inhabilitación a Hernán Capriles. La novedad es que cuenta con el apoyo internacional con el eje centrado en Estados Unidos, y sus limítrofes Colombia y Brasil, al que se sumó Argentina y gran parte de la región con las -por ahora- excepciones de México, Uruguay y Bolivia.

Cercanos a Juan Guaidó sondean a los mandos medios de las fuerzas armadas a fin de recibir el apoyo que logre romper la correlación de fuerzas. Algunos piensan en la anomalía total de una fuerza militar regional interviniendo a modo "Tormenta del Desierto" con la legitimidad relativa que da la OEA. Sin embargo, las fuerzas armadas venezolanas son enormes y tienen un importante armamento facilitado de China y Rusia dos aliados de peso en esta nueva fuente de guerra fría. Igual habrá que ver hasta dónde estos países-en especial China- estarán dispuestos a intervenir en el histórico “patrio trasero” estadounidense.

Mauricio Macri reconoció a Guaidó como el Presidente Encargado de Venezuela, rompiendo la tradición argentina de no intervención, bajo la idea de que pueda conducir al restablecimiento de la de la democracia. Como si no el país no tuviera ya bastante con lo propio, tras la declaración de Macri escaló la grieta entre quienes consideran que se debe expulsar al dictador Maduro a como dé lugar y entre quienes ven una maniobra continental del Tío Sam para lograr gobiernos adictos en toda la región.

Más allá de todas las interpretaciones la violencia escala en un país latinoamericano que fue modelo de desarrollo en los años sesenta y que se aproxima al peor final.


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