INTERNACIONAL
opinión

La inmoralidad de Lula

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Gracias. Brasileños de origen palestino le agradecen a Lula sus declaraciones sobre Gaza. | cedoc

Las afirmaciones descabelladas del presidente de Brasil, Lula Da Silva, en las que comparó a la guerra entre Israel y Hamas con el genocidio nazi, constituyen una banalización del Holocausto. Sus declaraciones son inmorales: usa la peor tragedia que padeció el pueblo judío en la modernidad en su contra. En este sentido, hay algo extremadamente perverso en sus declaraciones. 

La negación del Holocausto y sus derivados, que son la minimización, la relativización y la banalización, son formas modernas de antisemitismo. Sumado a otros ejemplos que ahora voy a mencionar, la conducta de Lula lo muestra como un hombre que ha abrazado la causa del antisionismo de una manera muy clara. 

Vayamos por partes. Primeramente: la negación del Holocausto adquiere distintas formas. Una es la negación directa, como cuando alguien dice que Auschwitz es una mentira. Otra manera de minimizarlo sería decir, como hace el presidente de la Autoridad Palestina, que el Holocausto existió, pero que no murieron tantos judíos. O como hacen algunos negadores de la derecha neonazi cuando dicen Auschwitz estuvo en funcionamiento, pero no hubo cámaras de gas. Y la banalización es cuando acusan a quien sea de nazi. 

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Lula se enfoca en la respuesta militar de Israel, sin ninguna consideración al hecho de que Hamas intentó hacer un microgenocidio contra judíos el 7 de octubre cuando entró al territorio soberano de Israel, y no a zonas disputadas, que igual hubiera estado injustificado, en donde violó, masacró, incendió, mutiló y mató. 

Es sorprendente que esta sea la respuesta de una democracia a un grupo terrorista sin ningún tipo de prurito moral, que incluso expone a los civiles palestinos al fuego israelí para salvarse, mientras ellos se cubren en los túneles que construyeron con el dinero donado del mundo para el bienestar de la población gazatí. 

Las frases de Lula se pueden analizar viendo que Brasil es parte de los Brics, (Brasil, Rusia, Sudáfrica, China y la India). Salvo por Bombay, el resto son todos países del bloque antioccidental: totalmente en contra de la hegemonía de la superpotencia norteamericana. 

Lula ha sido protagonista de otras situaciones que hablan de su ideología. Recibió buques militares iraníes en Río de Janeiro. Defendió a Putin y su masacre inconcebible sobre los ucranianos. Visitó Irán y recibió a líderes iraníes en su país, a pesar de que es un país sancionado por su promoción de terrorismo y por su programa nuclear ilegal. 

Incluso cuando Interpol votó la emisión de alertas rojas contra los perpetradores del atentado a la AMIA, una iniciativa promovida por la Argentina en manos del liderazgo del fiscal Alberto Nisman, y que la policía internacional validó en una asamblea en Marruecos en 2007, el Brasil de Lula se abstuvo. 

Lula visitó la tumba de Arafat, pero se negó a ir a la tumba de Herzl; es decir, fue a la tumba del líder del nacionalismo palestino, pero se negó a ir a la tumba del líder del sionismo político. Definió a Chávez como el mejor presidente en los últimos cien años. Y hace poco, incluso en el marco de toda la controversia que causó Roger Waters con su antisemitismo virulento y público, Lula lo recibió.

El perfil de Lula muestra a un líder que retorna a su origen sindical radical y con sus declaraciones da testimonio a este radicalismo que cruza la línea del antisemitismo de manera muy clara.

*Analista político, periodista y miembro del Foro Argentino contra el Antisemitismo.