El presidente Lula da Silva no quiere un naufragio de la relación con su contraparte americana Donald Trump. Más aún, está empeñado en conseguir una conversación directa con el mandatario estadounidense, en parte porque parece convencido que las sanciones contra Brasil, como los aranceles de 25% que traban el ingreso de exportaciones brasileñas al mercado norteamericano, no provienen directamente del Jefe de la Casa Blanca. “No son hechas por él sino por anti latinoamericanos”, en una referencia indirecta al secretario de Estado Marco Rubio.
Pero la recuperación de los vínculos entre ambos jefes de Estado no parece sencilla. “Estoy tratando de hablar con él, mantener una conversación tete-a-tete” aclaró el líder brasileño. Y añadió que su intención es decirle: “No se meta en los negocios de Brasil y, sobre todo, en las elecciones próximas, porque si se mete va a perder”.
En una columna de Lula publicada el viernes pasado por el Washington Post, el presidente brasileño recordó que hace un año Trump “impuso un arancel de 50% sobre los productos brasileños; y en el primer párrafo de la resolución se refirió como causa a la condena que pesa sobre el ex presidente Jair Bolsonaro, por intento de golpe de Estado. Esa mención tornó explícita la motivación política”.
Aquéllos impuestos a las importaciones de la Casa Blanca no tuvieron mayores implicancias, dado que una acción de la Corte Suprema de Justicia americana suspendió la aplicación de tales trabas al libre comercio. Con todo, eso no impidió a la administración Trump, que este mes “ignorando decenas de reuniones entre nuestros equipos, sólidos argumentos técnicos y documentos probatorios, volviera a imponer nuevos aranceles a Brasil que oscilan entre el 12,5 % y el 37,5 %.”.
A pesar del énfasis negociador del actual gobierno brasileño, anoche a última hora el Palacio del Planalto emitió un comunicado sobre este asunto que suena a retaliación. Le avisa al Departamento de Estado, vía la cancillería brasileña, que aplicarán una conducta recíproca a la seguida por Washington: “Estamos realizando un análisis para determinar si las medidas unilaterales adoptadas por EE.UU. se encuadran en la Ley de Reciprocidad Económica de Brasil (Ley número 15.122/2025)”. Esto significa que Brasil podrá aplicar aranceles más altos a los productos procedentes de Estados Unidos, para trabar su ingreso al mercado brasileño.
La contundente respuesta de Brasil frente a los aranceles que le impuso Estados Unidos
Esta estrategia brasileña, que se parece a la frase: “el que las hace, las paga”, implica además no dar el placet al diplomático Daniel Pérez al frente de la embajada americana en Brasilia. Para el Palacio del Planalto esa decisión quedará pendiente hasta después de las elecciones ya que se teme que esconda una “injerencia indebida” en el proceso electoral.
El presidente Lula fue explícito al respecto: "Quieren que yo acepte apresuradamente el agrement de su embajador. Ahora, eso ocurrirá solo después de las elecciones. Si el embajador de EE.UU. es importante en Brasil, ¿por qué pasaron un año y seis meses sin enviar un embajador aquí?”. El mandatario fue directo al punto que le preocupa: “Nadie le va a ganar a Brasil con mentiras. Ahora afirman que compramos cosas de otros países fabricadas con trabajo esclavo. Sin duda, es un ataque a China”.
En consonancia con el palacio brasileño de gobierno, el ministro de Industria Marcio Elías Rosa juzgó que estas acciones americanas , solo se pueden calificar de “terribles, por involucrar claramente un persecución contra nuestro país. Esto no es una cuestión económica, ni técnica ni diplomática” concluyó.