INTERNACIONAL
Vaticano

Maldito sentido del humor

Por Silvio Santamarina (*)

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El escándalo que se desató en el corazón del mundo católico por las imitaciones del cómico Maurizio Crozza marca el segundo traspié del nuevo equipo comunicacional del Vaticano. El primero fue el episodio de las polémicas declaraciones del Papa que ofendieron a la dirigencia islámica de las regiones más calientes del planeta.

Ahora la pelea de los comunicólogos se plantea en los alrededores de la Santa Sede, lo que muestra cierta perplejidad a la hora de insertarse en la era de la videopolítica. Lo paradójico es que el antecesor de Ratzinger, Juan Pablo II, había sido uno de los líderes con más cintura mediática del universo, de la mano de su monje semiótico, el español Joaquín Navarro Valls.

En una vuelta a las fuentes, la doctrina mediática de la nueva conducción vaticana se ajustó al estilo personal grisáceo de Benedicto XVI, y evaluó que poner cara de perro frente a la cultura digital globalizada podía ser una manera de recuperar la identidad de la Iglesia como una institución con valores bien definidos y arraigados, que no están sujetos a negociación a cambio de puntos de rating en la grilla de las audiencias planetarias.

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Pero si bien esta estrategia puede ser una jugada audaz e interesante, también podría esconder un miedo clásico de los poderosos a ser observados con la lupa irreverente de la cultura popular, que para bien o para mal (esa es otra discusión) hoy se cocina casi exclusivamente en los medios masivos de comunicación.

Los argentinos conocemos bien el pánico a los bloopers y a los imitadores de los últimos presidentes argentinos: las quejas tardías de Fernando De la Rúa contra el supuesto complot de Marcelo Tinelli y otros capos televisivos para debilitar su figura, y las operaciones del kirchnerismo para esterilizar de imitadores del matrimonio presidencial al prime time de la TV son muestras elocuentes. La historia enseña, de todos modos, que si un cómico es capaz de pinchar a un líder, es porque quizás ese líder se está desinflando solo.

No es necesariamente el caso de este Papa, aunque sus gurúes comunicacionales harían bien en revisar si tanta indignación frente a algunos chistes de dudoso gusto no aleja la figura del Sumo Pontífice del calor desfachatado de las calles de Roma.

* Prosecretario de Redacción del Diario Perfil