La construcción de muros que separan las fronteras entre distintos países –una solución tan antigua como la guerra misma– vuelve a erigirse como un recurso para demostrar cierta seguridad en las naciones con límites calientes, y que van desde los Estados Unidos, Arabia Saudita o Israel.
El mes pasado, el presidente norteamericano George W. Bush le dio su firma a una ley en la que se autoriza la construcción de un gigantesco muro que surque la frontera con México y que tendrá como fin contener las oleadas de inmigrantes que llegan a ese país desde América Latina.
La muralla –en la que ya están invertidos unos 1.200 millones de dólares, sólo de monto inicial– será levantada en 1.130 de los 3.141 kilómetros que separan al gigante del norte de la tierra azteca. La decisión generó un fuerte rechazo en los representantes de toda América latina reunidos este fin de semana en Montevideo en el marco de la XVI Cumbre Iberoamericana.
De la muralla china a Berlín. Con todo, el proyecto del jefe de Estado norteamericano no es novedoso en la historia: infinidad de muros y murallas fueron construidos desde antaño para protegerse de todo tipo de invasiones y defenderse de los enemigos.
La gran Muralla de China, levantada para proteger la frontera norte de China de ataques de tribus nómades procedentes de las estepas de Asia Central, tiene una extensión de unos 6 mil kilómetros, que va desde Corea hasta el desierto de Gobi. La construcción de este inmenso bloque se remonta al siglo III antes de Cristo y ha sido reconstruida en distintos sectores, especialmente bajo las dinastías de los Ming en los siglos XIV y XVII.
Con una longitud diez veces menor, pero con similares objetivos, Israel lleva adelante la construcción de un muro que lo separa de Cisjordania, invocando el peligro de centenares de atentados suicidas palestinos. La construcción pretende extenderse por 600 kilómetros.
El muro hebreo –al que los palestinos denominan como el “muro del apartheid”– consiste en un sinfín de enormes paredones alineados, con cerramientos y puestos de control, equipados de sistemas electrónicos de vigilancia de última generación.
También por seguridad, en medio de un conflicto interreligioso, en Belfast, Irlanda del Norte, una empalizada construida con hormigón, metal y alambrada en los años setenta separa a católicos de protestantes. En los mismos territorios de Gran Bretaña, el imperio romano construyó entre los años 122 y 127 después de Cristo el muro de Adriano, con el cual
intentó protegerse de los llamados bárbaros a lo largo de un centenar de kilómetros, desde el mar de Irlanda al Mar del Norte.
Menos eficaz, en cambio, fue en Francia la construcción de la llamada Línea Maginot. La fortificación, que se levantó en la década del treinta en la frontera noreste francesa para proteger el país de una invasión alemana, dejaba desamparada la frontera belga y, de hecho, el ejército alemán simplemente esquivó el obstáculo en mayo de 1940. Frente a la enemiga línea Maginot, entre 1936 y 1940, los alemanes construyeron una estructura fortificada, la línea Sigfrido, que aguantó en pie hasta principios de 1945.
Los muros que sobrevivieron. Pese a que algunos de estos muros sobrevivieron sólo como reliquias, el poder de disuasión de otros aún muestra ser efectivo para separar pueblos o proteger intereses. En la conflictiva frontera con Irak, Arabia Saudita pretende instalar un muro que permita un mayor control al tránsito de personas. La barrera estará equipada de alambradas, cámaras térmicas o cualquier otro medio “que impida las infiltraciones”, según declaró a la televisión Al-Arabiya el príncipe Ahmed ben Abdel Aziz, viceministro del Interior saudí.
La frontera con Irak, de 1.800 kilómetros de longitud, es motivo constante de preocupación para ambos países, debido al tráfico de armas y a las infiltraciones de presuntos extremistas. Previamente, en febrero de 2004, las autoridades de Riad habían aceptado suspender la construcción de una controvertida barrera con Yemen. La decisión fue adoptada después de un acuerdo logrado con las autoridades yemenitas para que ambos países intensifiquen el control fronterizo.
También Marruecos a principios de la década de 1980 levantó en el Sahara Occidental varios muros protectores contra las incursiones de los independentistas del Frente Polisario, apoyados por Argelia. Se trató de una armadura de piedras y arena de entre dos y tres metros de alto y unos 2.300 kilómetros de largo. Cerca de esa región, una valla separa a Marruecos de España en el cónclave español de Melilla, con el objetivo de contener a los inmigrantes africanos hacia la Unión Europea.
Mientras los muros y las encienden debates en varios países, en agosto Alemania conmemoró los cuarenta y cinco años de la construcción del mítico muro de Berlín, que durante casi treinta años dividió en dos la capital alemana. Se erigió en agosto de 1961 y separaba como un tabique la Alemania comunista y la occidental. En un primer momento, estuvo compuesto por doce kilómetros de placas de hormigón y 137 kilómetros de alambre de púas, cortaba en dos la calle Bernauerstrasse, y se duplicó con el paso de los años. Cayó el 9 de noviembre de 1989, cuando el mundo imaginaba un futuro de fronteras abiertas que no fue tal.
El muro entrerriano. La Argentina también tiene su muro desde el viernes pasado. Es el que elevaron los ambientalistas de la ciudad de Gualeguaychú sobre la ruta 136. Si bien se asemeja más a un paredón, el divisor es empleado como elemento de protesta contra la construcción de dos pasteras en Uruguay.