INTERNACIONAL
CUESTIONAMIENTOS

Polémica en Cuba por el rol del nieto de Castro en las negociaciones con EE.UU.

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GENTILEZA. Posa para la entrevista que le dió a USA Today. | cedoc

La política exterior cubana, históricamente caracterizada por su hermetismo, pasa por un momento crítico. El detonante fueron las declaraciones de una figura sin cargo público formal, pero con un apellido de peso indiscutible: Raúl Guillermo Rodríguez Castro.

Conocido popularmente como “El Cangrejo”, el nieto y escolta de Raúl Castro rompió el silencio en una entrevista concedida al diario estadounidense USA Today, desatando una oleada de críticas que ha alcanzado incluso a los sectores más fieles al oficialismo y obligando a La Habana a admitir, por primera vez, su rol estratégico en el deshielo con Washington.

La administración de Donald Trump considera que el famoso Cangrejo puede desempeñar una función muy parecida a la que hoy realiza en Caracas Delcy Rodríguez: empujar el cambio económico, eje del nuevo gobierno chavista, y abrir las puertas de la isla a los negocios que hoy caracterizan la relación de EE.UU. con Venezuela.

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En el texto publicado por el periódico norteamericano, Rodríguez Castro dejó clara la enorme influencia que ejerce tras bambalinas en las decisiones de Estado. La frase que dinamitó el tablero diplomático fue su abierta disposición a “negociar con cualquier persona que designe Estados Unidos”, haciendo hincapié en que esa apertura incluía explícitamente al presidente Donald Trump.

Otra de las declaraciones que levantaron ampollas entre los cubanos fue respecto a la vida que lleva, insistiendo en que no posee riqueza propia. “Me duele mucho que las personas no puedan vivir como yo. Mi mayor pesar es que la gente pase calamidades, pero me levanto todos los días para revertir esa situación”, aseguró a USA Today.

En esa línea, el nieto de Raúl Castro insistió́ en que su ropa cara, los vehículos de lujo que utiliza en el extranjero y sus costosos viajes internacionales son financiados por amigos con dinero y admiradores.

La verdadera anomalía de este episodio no radica en que Washington y La Habana conversen –un secreto a voces durante meses en medios internacionales–, sino en la reacción interna. Por primera vez en décadas, las fisuras del descontento no provinieron exclusivamente de la disidencia, sino del propio aparato cultural y comunicacional del Estado, que cuestionó el nepotismo y la erosión institucional.

Figuras del ala civil oficialista reaccionaron con severidad ante lo que consideraron una usurpación de funciones. El periodista Michel Torres, rostro habitual de la televisión estatal cubana, lanzó una pregunta retórica demoledora en sus redes: “¿Usurpar las funciones del gobierno, asumir un rol público para el que nadie te eligió... se le permitiría a alguien más?”.

En la misma sintonía se pronunció el cantautor Israel Rojas, tradicionalmente alineado con el gobierno, quien advirtió con firmeza que “ninguna familiaridad ni jovialidad de un dirigente revolucionario puede excusar saltares la institucionalidad del país”. Ambas declaraciones reflejan el malestar de sectores que defienden el proceso revolucionario, pero rechazan la instauración de una suerte de dinastía familiar inmune a los controles soberanos.

Ante la bola de nieve mediática, el aparato estatal se vio forzado a validar la posición del nieto de Castro para apagar el fuego interno. El primer ministro cubano, Manuel Marrero, salió en defensa de Rodríguez Castro, señalando que “el equipo de trabajo cuenta con la confianza, el apoyo y el mandato del General de Ejército (Raúl Castro) y del Presidente de la República. Aunque Marreroevitó nombrarlo directamente, constituyó la primera confirmación de su participación en los diálogos.