Los poderes políticos y religiosos del Rey Mohammed VI de Marruecos serán limitados por una nueva Constitución, que será refrendada el 1 de julio. Esto ocurre en medio de la oleada de revueltas que en los últimos seis meses sacuden las naciones árabes de Oriente Medio y el norte africano. En Marruecos, desde febrero, miles de manifestantes son convocados a las calles por el “Movimiento del 20 de febrero” para pedir reformas democráticas.
La respuesta del rey Mohammed VI fue el anuncio, en marzo, de profundas reformas del sistema político, que pueden empezar a tomar forma si se cumplen las expectativas con esta nueva Constitución.
Según el rey, la medida representa “un nuevo pacto histórico entre el Trono y el pueblo”, por lo que la Constitución tendrá “la preeminencia como fuente de todos los Poderes”.
El proyecto propone una monarquía de estilo europeo, el fortalecimiento de los poderes del primer ministro -que se convertirá en Presidente del Gobierno- y ampliará las atribuciones del Parlamento.
En cuanto al rey, la Constitución establecerá que su figura y su palabra ya no serán “sagradas”, pero el artículo 46 garantizará la persona del monarca como “inviolable”. Es decir, le eximirá de responsabilidades políticas del gobierno y continuarán aplicándose penas por criticarlo o insultarlo.
Mohammed VI seguirá siendo jefe de las Fuerzas Armadas, presidente del Consejo Superior del Poder Judicial -la justicia se rinde en su nombre- y presidente del Consejo Superior de Ulemas (sabios del Islam), bajo cuya supervisión estará el Ministerio del Interior. También presidirá el Consejo de Ministros.
También reservará para el rey su estatus de “Amir Al-Mouminim” (Príncipe de los Creyentes), un título heredado por los califas y sultanes marroquíes desde la época del Profeta Mahoma, que hace de él la única autoridad religiosa del reino.
Las repercusiones. El anuncio de la reforma constitucional no colmó las expectativas de la la mayor parte de la población. Los jóvenes del "Movimiento 20 de Febrero" salieron a las calles de Rabat, Fez y Casablanca para manifestarse contra la nueva Carta Magna con la consigna: “¡El referéndum es una fachada!".
En tanto, en las redes sociales se lanzaron llamamientos a boicotear las urnas el 1 de julio, cuando se vote la nueva Constitución.
Aba Dila, dirigente juvenil, ironizaba: “Marruecos sigue estando, desgraciadamente, muy alejado de lo que es una Constitución democrática. Antes teníamos a un monarca absoluto y ahora tenemos a un monarca absoluto que además es Papa”.
Una solución en bloque. La Constitución marroquí es sólo una de las medidas adoptadas por distintos monarcas árabes para aplacar las revueltas, revertir la crisis y contentar a sus súbditos.
En Jordania, el rey Abdallah II, decretó una amnistía general que beneficia a miles de presos. La medida coincide con un compromiso del rey de llevar a cabo de forma "real y rápida" las reformas prometidas ante la protestas.
Su colega saudita, Abdallah Al-Saud, también en medio de una crisis, ya invirtió 48.000 millones de euros en 500.000 en viviendas para los pobres, creación de empleos para jóvenes y aumento de sueldos a empleados públicos.
Dado el apoyo que Arabia Saudita ofrece desde hace unos meses al rey Hamad de Bahrein, otro monarca en la cuerda floja, éste último decidió entregar a su hijo -el príncipe Jalid- como esposo para una de las numerosas hijas del rey saudita. Un símbolo de gratitud y aprecio que parece tomado de los cuentos árabes de la Edad Media.
(*) Especial para Perfil.com