INTERNACIONAL
250° aniversario de la independencia

Trump reflota “la amenaza del comunismo” y polariza EE.UU.

El mandatario recurrió a la vieja figura de la Guerra Fría para criticar a sus oponentes. Aseguró que “hay un resurgimiento” de “radicales y extremistas” de izquierda que tienen como fin desmantelar los valores occidentales. “El comunismo es una amenaza mortal para la libertad estadounidense”, afirmó, buscando consolidar su base electoral.

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Discurso. Trump al hablar frente al emblemático monumento del Monte Rushmore. | afp

En una fecha que históricamente se utilizó para reforzar la unidad nacional y los principios fundacionales de la democracia en Estados Unidos, el presidente Donald Trump eligió reavivar la supuesta “amenaza del comunismo” interno, dividiendo nuevamente al país y retrocediendo a los eslóganes clásicos de la Guerra Fría y el Macartismo.

Al iniciar la conmemoración del 250º aniversario de la independencia norteamericana, el mandatario pronunció un discurso en el emblemático Monumento Nacional Monte Rushmore, en Dakota del Sur, donde fusionó las habituales proclamas nacionalistas estadounidense con una severa advertencia sobre el enemigo “oculto” en el país.

Lejos de la retórica conciliadora y apolítica que caracterizó las celebraciones de hitos históricos previos, Trump optó por un enfoque sombrío y de alto voltaje electoral. Aseguró ante sus seguidores que la nación enfrenta un peligro interno sin precedentes, impulsado por un supuesto resurgimiento de “radicales y extremistas” de izquierda orientados a desmantelar las libertades occidentales. En los últimos años, enfatizó, han intentado “extirparnos el espíritu estadounidense y alejarnos de nuestra historia”.

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“El comunismo es una amenaza mortal para la libertad estadounidense”, sentenció Trump con los rostros esculpidos de George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln a sus espaldas. En un giro retórico que encendió el debate inmediato entre historiadores y analistas, agregó: “Es la mayor amenaza que ha enfrentado nuestro país, incluyendo la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, Pearl Harbor o incluso el 11 de septiembre”.

Esta equiparación ubica la pugna ideológica doméstica por encima de los traumas militares y terroristas que moldearon el siglo XX y comienzos del XXI. Según el mandatario, el riesgo actual no proviene de ejércitos extranjeros ni de redes fundamentalistas externas, sino de una corriente ideológica que, a su juicio, ha permeado instituciones educativas, culturales y esferas del arco político opositor.

Para los analistas políticos, con esta narrativa Trump busca reactivar el fervor patriótico mediante la apelación al miedo a un enemigo interno omnipresente. Una estrategia que muchos vinculan directamente con la necesidad de consolidar su base electoral en un contexto de altísima polarización social y cuando su popularidad está en baja.

El fantasma de McCarthy. La apelación a una inminente toma del poder por parte de facciones comunistas dentro de los Estados Unidos evoca de forma directa los episodios más crudos de la Guerra Fría, en particular el fenómeno conocido como el “Red Scare” (el Pánico Rojo) de finales de los años 40 y la nefasta década de 1950.

Durante aquel período, bajo el liderazgo informal del senador republicano Joseph McCarthy, el país se sumergió en una intensa campaña de persecución política y censura institucional. Bajo la premisa de salvaguardar la seguridad nacional, se crearon listas negras que marginaron a miles de ciudadanos –desde funcionarios gubernamentales y militares hasta intelectuales, científicos y destacadas figuras de la industria cinematográfica de Hollywood– bajo sospechas de deslealtad o simpatías con la Unión Soviética.

Al reinstaurar estos conceptos en pleno 2026, Trump recupera un marco discursivo donde cualquier disidencia, reforma progresista o propuesta de corte socialdemócrata es etiquetada de inmediato bajo el rótulo de “comunismo radical”. Esta maniobra simplifica el debate político y anula los matices intermedios, transformando la competencia partidaria tradicional en una batalla existencial por la supervivencia del estilo de vida americano.

Además, esto ocurre a medida que la izquierda antisistema del Partido Demócrata cosecha una serie de victorias en las primarias estadounidenses.

Resignación. Mientras tanto, la ciudadanía recibe este hito histórico entre la apatía y la resignación. Encuestas recientes de Associated Press-NORC reflejan que apenas un 40% de los adultos estadounidenses manifiestan sentirse “orgullosos” ante este aniversario, mientras que un tercio expresa “entusiasmo”.

La gran mayoría percibe la fecha con escepticismo, más preocupada por los desafíos económicos cotidianos, el acceso a la salud y un clima de hostilidad política que parece haber convertido las fiestas patrias en un nuevo escenario de confrontación ideológica.

Al desempolvar las herramientas retóricas de la Guerra Fría, la administración actual demuestra que, lejos de buscar una tregua simbólica, concibe la conmemoración fundacional de los EE.UU. como el terreno ideal para profundizar la batalla cultural de su tiempo.