INTERNACIONAL
Pueden quemar hasta los huesos

Ucrania bajo "fuego blanco": Rusia lanzó mortíferas bombas de termita en zonas civiles

Durante el fin de semana, el Kremlin utilizó armas incendiarias para atacar Vuhledar. Se trataría de un crimen de guerra ya que está prohibido el uso de este armamento en áreas residenciales.

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Vladimir Putin | NA

"El infierno ha llegado a la Tierra" había dicho el asesor de la Alcaldía de la ciudad ucraniana de Mariupol, Petro Andriushchenko, tras los ataques con bombas termita contra la acería de Azovstal. Nuevamente, "el infierno" llegó a Ucrania, esta vez en la ciudad de Vuhledar, donde en la noche del último sábado se reportó una nueva embestida rusa con los proyectiles incendiarios 9M22S, capaces de quemar la carne humana hasta los huesos.

En videos que circularon a través de las redes sociales este fin de semana, se puede ver una lluvia de bombas de fósforo blanco que cayeron en un área residencial de Vuhledar, ciudad de 14 mil habitantes antes de la guerra. La zona ha sido casi destruida por los brutales combates a través de los cuales Rusia quiere tomar la ciudad de Bakhmut, que se encuentra a unos kilómetros del lugar.

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Se cree que el arma utilizada en las embestidas recientes se trata de los proyectiles incendiarios 9M22S, que también fueron empleados en ataques previos como en Azovstal y Ozerne. Las bombas termita tienen una temperatura de combustión de más de 2000 grados centígrados, por lo que pueden incendiar con facilidad superficies inflamables e incluso son capaces de quemar la carne humana hasta los huesos. En este tipo de armamento, las municiones se esparcen sobre un área amplia para infligir el máximo daño.

Si bien el uso de armas incendiarias está permitido contra objetivos militares, su operación contra objetivos civiles es considerada un crimen de guerra según el Protocolo III de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC). Dicho tratado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue firmado por Rusia, Ucrania y otros cientos de países.

Sin embargo, este tipo de arsenal fue utilizado en reiteradas ocasiones por Putin desde que comenzó el conflicto bélico en febrero de 2022. Sumado a esto, también se acusó a las fuerzas rusas de utilizarlas en la guerra civil de Siria, en su alianza con el gobierno de Bashar al-Assad.

La CAAC prohíbe el uso de tipos específicos de armas que se considera que causan sufrimientos innecesarios o injustificables a los combatientes o que afectan indiscriminadamente a los civiles, como las armas químicas, las bombas de racimo o las armas incendiarias.

Cómo son las bombas termitas que pueden quemar hasta los huesos

Las bombas termitas empleadas por Rusia corresponden al grupo de armas incendiarias. La CAAC define a este tipo de armas como "cualquier arma o munición que esté diseñada principalmente para prender fuego a objetos o causar quemaduras a las personas por la acción de las llamas, el calor o una combinación de ambos, producidos por un producto químico reacción de una sustancia entregada en el objetivo".

El 9M22S dispone de un calibre de 122 milímetros con una longitud de casi tres metros. Su capacidad de carga de seis kilogramos de elementos incendiarios se reparten en 180 piezas individuales que esparce en la atmósfera segundos antes de impactar contra el suelo, lo que amplía el radio de acción.

El misil está diseñado para incendiar encender vegetación, combustible y edificios, provocando llamas blancas similares a los fuegos artificiales. Por su parte, el tiempo de combustión de cada munición es de al menos dos minutos para aumentar las probabilidades de producir un incendio. Este tipo de bombas se usan para ataques que no pueden ser precisos ya que abarcan un gran área.

Estas armas pueden tener efectos catastróficos en los civiles debido a que atacan indiscriminadamente un área, lo que aumenta de manera considerable la posibilidad de que personas inocentes resulten heridas o pierdan la vida. En ese sentido, los proyectiles llegan a temperaturas superiores a los 2.000 grados centígrados, siendo capaces de quemar la carne humana hasta los huesos y de destruir equipo militar.

Las víctimas de ataques con armas incendiarias pueden sufrir quemaduras de cuarto e incluso quinto grado que dañan la piel, los músculos, los ligamentos, los tendones, los nervios, los vasos sanguíneos y los huesos. A su vez, esto puede provocar infecciones graves, conmoción e incluso la muerte.

Según Human Rights Watch, el tratamiento de las lesiones provocadas por este tipo de armas es insoportable e incluso lo compararon con ser "despellejado vivo". En ese sentido, describieron a este tipo de armamento como "las armas más crueles en la guerra moderna".

MB CP