miércoles 17 de agosto de 2022
INTERNACIONAL TOMARON LA RESIDENCIA PRESIDENCIAL

Una multitud obligó al presidente de Sri Lanka a anunciar su renuncia al gobierno

El país asiático vive la crisis más grave de su historia, derivada de la pandemia y de malas decisiones financieras. Sufre una inflación galopante y la grave escasez de combustibles golpea a la poca actividad económica. Según la ONU, el 80% de sus habitantes se saltea comidas. Desde abril entró en default de su deuda pública de 51 mil millones de dólares y negocia un programa de rescate con el Fondo Monetario Internacional, lo que implicará más ajustes.

10-07-2022 03:09

El presidente de Sri Lanka hizo saber ayer que renunciará el próximo miércoles, poco después de que una multitud enardecida lo obligara a huir de su residencia, llevando a su paroxismo la crisis desencadenada por el hundimiento económico del país.

Cientos de miles de personas se congregaron desde la mañana en Colombo, la capital, para exigir que el mandatario, Gotabaya Rajapaksa, asumiese la responsabilidad por los desajustes financieros que arruinaron a este país isleño de Asia meridional. Y varios centenares forzaron la entrada del palacio presidencial y obligaron a Rajapaksa a abandonar precipitadamente el lugar.

Las redes sociales mostraron imágenes de los invasores deambulando por los salones del edificio de la época colonial británica y a algunos refrescándose en la piscina del lugar.

“El presidente ha sido escoltado a un sitio seguro”, dijo una fuente militar a la prensa. “Sigue siendo el presidente y está bajo protección de una unidad militar”, añadió. Para garantizar su evacuación, los militares tuvieron que efectuar varios disparos al aire, manteniendo a raya a la muchedumbre.

Poco después, las oficinas del mandatario, en el distrito administrativo, también cayeron en manos de los manifestantes, que también atacaron e incendiaron la residencia privada del primer ministro, Ranil Wickremesinghe.

Según informes médicos, tres personas resultaron heridas de bala cuando las fuerzas de seguridad trataron de dispersar la protesta en el sector administrativo de Colombo y 36 recibieron tratamiento por los efectos de los gases lacrimógenos. 

El viernes, las fuerzas del orden impusieron un toque de queda en un intento de disuadir a los manifestantes de salir a la calle. Sin embargo, esta medida fue levantada después de que los partidos de la oposición, los activistas de derechos humanos y el Colegio de Abogados amenazaron con demandar al jefe de la policía. 

Según las autoridades, unos 20 mil soldados y policías fueron enviados a Colombo para proteger al presidente. De todos modos, el toque de queda fue ignorado y algunos manifestantes obligaron incluso a las autoridades ferroviarias a conducirlos en tren hasta Colombo para participar en la marcha.

En mayo, nueve personas murieron y varios centenares resultaron heridas en los disturbios.

Por la noche, el titular del Parlamento anunció por televisión que, “para garantizar una transición pacífica, el presidente Rajapaksa dijo que presentaría su renuncia el 13 de julio”.

El primer ministro Wickremesinghe, primero en la línea de sucesión, convocó durante el día a una reunión de emergencia con líderes de otros partidos y se dijo dispuesto a dimitir para permitir la formación de un gobierno de unidad nacional.

Manifestaciones masivas. Las manifestaciones de las últimas semanas para exigir la renuncia del gobierno han tenido una afluencia masiva. Rajapaksa es señalado como principal responsable de la mayor crisis desde la independencia del país en 1948, que conjuga una inflación galopante con una grave escasez de combustibles, electricidad y alimentos.

La ONU estima que alrededor del 80% de los 22 millones de ceilandeses se saltea comidas. 

Según economistas, el colapso se debe a la pandemia de covid-19, que privó a la isla de las divisas del sector turístico y se vio agravada por malas decisiones políticas. En abril, Sri Lanka se declaró en suspensión de pagos de su deuda pública de 51 mil millones de dólares e inició negociaciones de rescate financiero con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero analistas temen que ese programa imponga aumentos de impuestos y atice la cólera popular.

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