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Alejandro Cesario sobre su poesía en RDE: “Siempre escribo desde el dolor y la injusticia”

El poeta recordó en Ronda de Escritores (RDE) cómo Fernando Sorrentino despertó su interés por la literatura durante la escuela secundaria y explicó por qué el dolor, la injusticia y la realidad argentina atraviesan su escritura.

El poeta y editor Alejandro Cesario.
El poeta y editor Alejandro Cesario. | reperfilar.

El poeta Alejandro Cesario recordó que su relación con la escritura comenzó durante sus años de escuela secundaria, cuando tuvo como profesor al escritor Fernando Sorrentino. En diálogo con Osvaldo Quiroga en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, señaló que aquel encuentro fue decisivo para profundizar un interés por la literatura que hasta entonces comenzaba a tomar forma.

“Yo creo que los primeros poemas vienen del secundario”, contó Cesario al reconstruir el inicio de ese recorrido. Según explicó, Sorrentino percibió rápidamente su curiosidad por los libros y comenzó a acercarle autores, obras y corrientes que terminarían formando parte de su educación literaria.

El profesor que abrió una puerta hacia la literatura

Cesario recordó que no todos sus compañeros mostraban el mismo entusiasmo frente a las lecturas propuestas durante las clases. Él, en cambio, se encontraba entre quienes efectivamente leían aquellos textos y después continuaban conversando sobre ellos fuera del aula.

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La influencia de Sorrentino fue creciendo a medida que aparecieron nuevos nombres y tradiciones literarias. “Él me hizo meterme en el mundo de Borges, me hizo conocer a Vallejos, a Neruda, a Baudelaire, poetas surrealistas”, recordó al enumerar algunas de las lecturas que marcaron aquellos años.

Ese descubrimiento no quedó limitado a la lectura y comenzó a trasladarse progresivamente hacia la escritura. “Yo creo que los primeros poemas vienen del secundario”, insistió Cesario, al ubicar en esa etapa el momento en que empezó no solamente a leer poesía, sino también a experimentar con sus propios textos.

De Borges y Neruda a los poetas surrealistas

Las lecturas que recibió durante su adolescencia fueron construyendo un universo amplio y diverso. Borges, Neruda, Baudelaire y los surrealistas aparecen en el recuerdo de Cesario como autores que le permitieron descubrir distintas posibilidades para trabajar con las palabras.

“Él me hizo meterme en el mundo de Borges”, destacó nuevamente sobre Sorrentino, subrayando que su profesor no se limitó a recomendar libros, sino que lo acompañó en el ingreso a un territorio literario que desconocía. A partir de allí, comenzó también a animarse a mostrar lo que escribía y a transformar aquella curiosidad inicial en una práctica sostenida.

Con el tiempo, la poesía dejó de ser solamente una consecuencia de sus lecturas y comenzó a convertirse en una forma propia de interpretar aquello que lo rodeaba. La escritura pasó entonces de la fascinación por otros autores a la necesidad de encontrar una voz desde la cual observar la realidad.

“El dolor y la injusticia” como punto de partida

Consultado por Quiroga sobre si existe un núcleo capaz de reunir los poemas de su libro, Cesario identificó inmediatamente dos elementos. “Siempre desde el origen de donde escribo, que es un poco el dolor y la injusticia”, afirmó.

Esos conceptos funcionan para el poeta como un punto de partida desde el cual mirar acontecimientos personales, sociales y políticos. La poesía aparece así vinculada con una sensibilidad frente a aquello que considera doloroso o injusto, más que con la intención de permanecer al margen de los conflictos de su tiempo.

La Argentina ocupa, en ese sentido, un lugar especialmente fértil dentro de su escritura. “Y en la Argentina tenés material de sobra para trabajar”, sostuvo Cesario al referirse a una realidad que constantemente ofrece situaciones capaces de convertirse en materia poética.

Entre las lecturas que comenzaron durante la adolescencia y esa mirada sobre el presente, Cesario fue construyendo su propia relación con la poesía. Su recorrido une la influencia decisiva de un maestro con una escritura que encuentra en “el dolor y la injusticia” dos de sus principales razones para seguir interrogando la realidad.