La dramaturga Sonia Novello conversó con Osvaldo Quiroga en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, sobre su última obra teatral y el proceso que permitió convertir dos relatos concebidos originalmente para la literatura en una propuesta escénica. Ante la pregunta del conductor sobre si era posible “tener el cielo en una habitación”, respondió sin dudar: “Claro que sí, con la imaginación”.
Esa respuesta resume buena parte de una obra en la que espacios aparentemente cotidianos se convierten en territorios para explorar el deseo, las fantasías y las relaciones humanas. Novello explicó que la pieza nació de dos cuentos escritos en momentos diferentes y que el desafío consistió en encontrar una forma de trasladarlos al lenguaje teatral.
“Nos pusimos el desafío de llevarlos a escena”
La autora contó que el proyecto se desarrolló junto a Claudia Macalfi, con quien mantiene una relación de trabajo de más de dos décadas. “Nos pusimos el desafío de llevarlos a escena, con lo que eso implica”, relató al describir el proceso de transformación de materiales que inicialmente no habían sido pensados para ser representados.
Ese recorrido también estuvo marcado por el trabajo realizado durante los ensayos con los actores Luis Miricay y Anaria Sánchez. La dramaturga destacó que la construcción escénica fue tomando forma a partir del intercambio con los intérpretes, que permitieron descubrir nuevas posibilidades dentro de los relatos.
El pasaje de la literatura al escenario exigió encontrar acciones, cuerpos, ritmos y situaciones capaces de expresar aquello que en los cuentos podía permanecer únicamente en la narración. De esa exploración surgió una obra en la que los mundos interiores de sus protagonistas ocupan un lugar central.
“Es un hombre que en una habitación nos cuenta”
Uno de los relatos está protagonizado por un hombre mayor que permanece solo dentro de una habitación. “Es un hombre que en una habitación nos cuenta, un hombre ya grande, que parece que hace mucho que está solo”, explicó Novello al presentar al personaje.
En determinado momento, ese hombre cuenta que finalmente habría conocido a una mujer con quien podría construir algún tipo de vínculo. La posibilidad del encuentro abre entonces una serie de interrogantes sobre la soledad, el deseo y la manera en que una persona se imagina a sí misma frente a los demás.
Para Novello, escribir esa historia implicó además adoptar una perspectiva que no era la propia. “Tuve ese desafío, que me pareció muy interesante, de meterme en la cabeza de un hombre, cómo desea y cómo se ve a sí mismo”, señaló.
Un hombre que se piensa deseante y deseado
La dramaturga explicó que no le interesaba solamente observar qué desea el protagonista, sino también cómo construye una imagen de sí mismo. El personaje aparece como un hombre que se siente deseante, pero que también necesita imaginarse como alguien capaz de despertar el deseo de otros.
La conversación con Quiroga llevó incluso hacia algunos de los interrogantes clásicos del psicoanálisis vinculados con la sexualidad y la identidad. Novello retomó ese terreno con una pregunta: “¿Qué es una mujer? ¿No era la pregunta?”, planteó durante el intercambio.
El interrogante funciona también como contrapunto de la búsqueda realizada al escribir desde la perspectiva masculina. La obra no intenta ofrecer respuestas definitivas, sino observar cómo hombres y mujeres construyen fantasías acerca de sí mismos y acerca de quienes tienen enfrente.
“Ella ordena estos placares”
El segundo relato parte de una situación completamente diferente y tiene como protagonista a una mujer dedicada a ordenar los placares de una casa. Sin embargo, esa tarea cotidiana se convierte rápidamente en un disparador para la imaginación.
“Ella ordena estos placares y mientras esto le despierta ciertas fantasías de la mujer que usa esa ropa”, contó Novello. Las prendas comienzan así a funcionar como rastros de una persona ausente a partir de los cuales la protagonista imagina una identidad, una vida y diferentes posibilidades.
Los objetos domésticos dejan de ser meros elementos de utilería y se convierten en puertas hacia un mundo interior. La ropa, el espacio y aquello que la protagonista cree descubrir detrás de ellos permiten que la realidad cotidiana se mezcle progresivamente con la fantasía.