La escritora, actriz y docente Cecilia Azzolina presentó Alacrán desde madrugada, una novela construida a partir de recuerdos de infancia, vínculos familiares, naturaleza y cuerpos atravesados por distintas formas de vulnerabilidad. En diálogo con Osvaldo Quiroga en Ronda de Escritores, contó cómo una imagen asociada al fuego terminó convirtiéndose en el punto de partida de una historia que fue descubriendo mientras la escribía.
“Fue muy potente una imagen que apareció, que tiene que ver con mi infancia, que de hecho en el primer capítulo aparece, que es el fuego”, explicó Azzolina en +Perfil. La autora recordó que durante esos años mantuvo una relación de juego y fascinación con ese elemento y que esa experiencia regresó cuando comenzó a pensar la novela.
“Me parecía muy atractivo y muy peligroso a la vez”, señaló sobre aquella imagen. El fuego terminó funcionando como una puerta de entrada al personaje y al clima de la historia, aunque Azzolina aclaró que “fue también un poco a tientas, no es que me apareció una idea clara al principio y empecé a escribir por eso”.
Volver a Paraná a través de la literatura
“Tenía ganas como de volver a esa geografía, a ese territorio”, contó la escritora, nacida en Paraná, Entre Ríos, y radicada desde hacía años en Buenos Aires. La novela le permitió regresar literariamente a un espacio que seguía presente en su memoria y que fue ganando peso a medida que avanzaba la escritura.
“Había algo de la naturaleza, de cierto entorno que tenía ganas de volver a explorar porque lo extrañaba”, sostuvo. Animales, plantas y paisajes comenzaron así a formar parte de una trama donde el territorio no funciona solamente como escenario, sino como una dimensión íntimamente ligada a la experiencia de los personajes.
Los cuerpos heridos que atraviesan la historia
“Cuando Federico me hizo el prólogo, muy amoroso, me pareció muy acertado eso de los cuerpos porque yo no lo había visto tan nítido”, recordó Azzolina sobre la lectura realizada por Federico Jambert. Esa mirada le permitió reconocer un elemento que había aparecido de manera orgánica durante la escritura.
“Es verdad que hay un vínculo con los cuerpos y los cuerpos tienen como mucha fuerza”, afirmó. Los personajes aparecen atravesados por heridas, sufrimientos y fragilidades que adquieren una materialidad concreta y convierten al cuerpo en una presencia central dentro de la novela.
Mujeres y una masculinidad percibida como amenaza
“Como que la masculinidad para mí es como amenazante”, señaló Azzolina al hablar de la composición de sus personajes. La mayoría son mujeres y las figuras masculinas aparecen con menor frecuencia, pero cargadas de una tensión específica dentro de la historia.
“Es amenazante a los ojos de los personajes”, precisó la autora para remarcar que esa construcción corresponde a la percepción de quienes habitan el relato. La amenaza puede resultar incluso más intensa que otros peligros vinculados con el ambiente, la enfermedad o la fragilidad de los propios cuerpos.
La escritura como experiencia física
“También creo en ese sentido que se escribe con el cuerpo, uno no puede escapar de eso”, reflexionó Azzolina hacia el final de la conversación. Para la autora, la corporalidad no pertenece únicamente a los personajes, sino también a quien se sienta a escribir y atraviesa físicamente el proceso creativo.
“Uno no puede escapar de eso”, insistió al pensar la escritura más allá de una actividad puramente intelectual. En Alacrán desde madrugada, esa dimensión corporal se cruza con “el fuego”, con el territorio de la infancia y con personajes que buscan sostenerse frente a sus heridas, sus recuerdos y aquello que perciben como amenaza.