La escritora Gabriela Exilart construye buena parte de sus novelas a partir de episodios poco conocidos de la historia argentina. Abogada de profesión, encuentra en hechos silenciados, comunidades olvidadas y acontecimientos relegados del relato oficial el punto de partida para desarrollar tramas donde la investigación histórica convive con personajes y situaciones de ficción.
“A mí me gusta encontrar hechos que no han sido demasiado narrados por nuestra historia, por la historia oficial”, explicó Exilart en diálogo con Osvaldo Quiroga durante Ronda de Escritores en +Perfil. La autora señaló que su interés suele concentrarse en acontecimientos del siglo XX que, pese a su importancia, permanecieron durante décadas fuera de los relatos más difundidos.
“Esos hechos a mí me convocaron para narrarlos”, sostuvo al describir cómo encuentra los temas de sus libros. Durante sus investigaciones, Exilart identificó episodios ocurridos en distintas regiones del país donde se repetían mecanismos de reducción, sometimiento y explotación de determinadas comunidades.
Napalpí y la búsqueda de justicia poética
“Yo soy abogada y evidentemente la búsqueda de la justicia poética está muy arraigada”, afirmó al hablar sobre la masacre de Napalpí, ocurrida en 1924 en Chaco. El episodio tuvo un proceso judicial casi un siglo después y se convirtió en uno de los acontecimientos históricos que despertaron especialmente su interés.
“Voy en esa búsqueda de justicia poética, porque obviamente lo que ya ocurrió no tiene reparación”, explicó. La escritora reconoce que la ficción no puede modificar los hechos del pasado, pero sí puede volver sobre ellos, recuperar voces y construir una nueva mirada sobre acontecimientos que permanecieron durante mucho tiempo silenciados.
Primero la investigación, después la ficción
“No puedo contar toda la historia, sino que tengo que evaluar si ese hecho que a mí me convoca sirve o no para sumarle una historia de ficción”, señaló Exilart. Antes de comenzar una novela necesita seleccionar, investigar y ordenar los acontecimientos que servirán como estructura del relato.
“Hay todo un trabajo racional en la parte histórica”, sostuvo sobre esa primera etapa. Una vez definido ese marco, aparece “esa libertad y esa pulsión de escritura en lo que hace a la ficción, de los personajes que interactúan con los personajes de la historia”.
Escribir incluso lejos del escritorio
“Los que amamos la escritura estamos todo el tiempo atravesados por esas ganas, por ese deseo”, afirmó Exilart al describir una actividad que no se limita al momento de sentarse frente a una computadora. Para la autora, las escenas, los diálogos y los personajes continúan desarrollándose mentalmente mientras realiza otras tareas.
“Yo escribo en todo momento en la cabeza”, resumió. Esa forma permanente de relacionarse con la literatura también explica cómo combina su trabajo con otras actividades y cómo puede continuar construyendo una novela aun cuando no está escribiendo materialmente.
“Estoy manejando y estoy escribiendo, estoy cocinando y estoy escribiendo, estoy tendiendo la ropa y estoy escribiendo”, ejemplificó. Exilart sintetizó ese proceso en dos herramientas fundamentales, “la observación, la escucha”, que alimentan una literatura donde la investigación histórica y la imaginación terminan encontrándose en un mismo relato.