La periodista y locutora Gabriela Radice encontró en la literatura una nueva manera de mirar las historias que durante años había observado desde el periodismo. Cerca de los 60 años publicó su segunda novela, Renegadas, un proyecto que nació en un taller literario y terminó revelándole una pasión que hasta entonces permanecía prácticamente desconocida.
“Encontrar, ya muy cerca de los 60, encontrar una pasión nueva en la vida, me parece que es algo que yo atesoro mucho”, explicó. En ese recorrido resultaron fundamentales su editora, Andrea Álvarez Mujica, y el trabajo realizado junto a la editorial Hormigas Negras.
Radice reconoció que su identidad como periodista continúa atravesando su manera de escribir. “Encuentro los ojos de la periodista que soy, que se han posado en un montón de historias, pero que me pregunto: ¿qué más puede venir?”, señaló.
La ficción apareció precisamente como respuesta a esa pregunta. La literatura le permitió abandonar por momentos la obligación periodística de contar únicamente aquello que ocurrió y comenzar a imaginar qué historias podían esconderse detrás de determinadas escenas de la realidad.
Ese cruce entre observación y ficción se convirtió en uno de los elementos centrales de Renegadas. La novela no reproduce historias reales particulares, pero toma como punto de partida situaciones que la autora comenzó a encontrar con creciente frecuencia en la ciudad.
Por qué no nacieron en la calle
El disparador apareció durante los viajes que Radice realizaba hacia la radio de las Madres, donde trabajaba junto a Pablo Caruso. “Me encontraba en el subte, cuando salía, siempre la misma geografía, gente tirada en la calle, cada vez más y más y más familias”, recordó.
La repetición de esas escenas despertó una pregunta que terminó guiando toda la novela. “Me preguntaba, ¿cómo sería el pasado? Porque no nacieron en la calle”, explicó.
A partir de allí comenzó a imaginar qué podía haber sucedido antes, qué vínculos se habían roto y qué circunstancias podían llevar a una persona a terminar viviendo en la calle. La intención, aclaró, fue acercarse a esas historias sin convertirlas simplemente en objetos narrativos.
Una familia que se rompe
La trama de Renegadas gira alrededor de tres hermanos afectados por un acontecimiento dramático que altera completamente la estructura familiar. “Traté de ser respetuosa con esas humanidades, pero imaginar una ficción sobre lo que le pasa a una familia que se disuelve”, explicó Radice.
Los hermanos toman caminos diferentes y una de ellos, Dolores, también llamada Lola, termina en situación de calle. Aunque la historia pertenece al terreno de la ficción, la autora insistió en que todo el relato conserva una conexión directa con aquello que observó durante años.
“Todo eso que yo relato, si bien lo hago con la narrativa de ficción, está atravesado por la realidad”, sostuvo. La novela se convierte así en una forma de mirar una problemática social desde personajes, vínculos y experiencias íntimas.
“Matriarcado total”
La familia ocupa un lugar decisivo dentro de la historia y las mujeres aparecen particularmente fortalecidas. “Es como un matriarcado la familia”, explicó Radice al describir el universo de Dolores, Clementina, Eros y el resto de los personajes.
La autora reforzó esa característica con humor: “Eran todas mujeronas, mujeronas, matriarcado total”. Esa estructura familiar permite que la novela aborde también las formas del cuidado, los conflictos y las relaciones entre generaciones.
Con Renegadas, Radice consiguió finalmente reunir dos territorios de su vida profesional. La mirada periodística le proporcionó las preguntas y la literatura le permitió imaginar las respuestas, en un proceso que no solamente produjo una nueva novela, sino que también le permitió descubrir, cerca de los 60 años, una nueva forma de contar historias.