El ministro de Economía, Luis Caputo, desplegó una intensa agenda durante el G20 de Finanzas, con reuniones con organismos multilaterales y representantes de diferentes países. Uno de los gestos que más llamó la atención fue la decisión del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, de ubicar al funcionario argentino en su mesa junto con representantes de Italia, Francia, Japón y Polonia.
El gesto fue interpretado como una nueva señal del acercamiento entre Washington y Buenos Aires. Bessent reforzó esa percepción al sostener públicamente que Argentina está “liderando una gran oportunidad en Occidente”, una definición que volvió a colocar al país dentro de la estrategia regional de Estados Unidos.
Caputo, el FMI y el Banco Mundial
Gonzalo Martínez destacó en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, que la agenda de Caputo excedió largamente el encuentro con Bessent. El ministro también mantuvo una reunión con Kristalina Georgieva, titular del Fondo Monetario Internacional, en momentos en que Argentina continúa bajo un programa con el organismo.
También hubo conversaciones con autoridades del Banco Mundial, institución que viene participando del esquema de financiamiento argentino. Martínez recordó que el organismo otorgó recientemente una garantía cercana a los 2.000 millones de dólares, destinada a facilitar el acceso del país al crédito.
La agenda sumó además un encuentro con el ministro de Finanzas de Qatar. El diálogo puso especialmente el foco en energía, precios internacionales y nuevas posibilidades comerciales para la producción argentina.
Qatar y la oportunidad energética
Durante esa reunión apareció la situación del estrecho de Ormuz y su incidencia sobre el mercado mundial del petróleo. Caputo buscó presentar el crecimiento de la producción argentina como una oportunidad para ampliar mercados y generar nuevas exportaciones.
En ese escenario, Vaca Muerta se convirtió nuevamente en uno de los principales activos estratégicos del país. La formación neuquina explica una parte sustancial del crecimiento reciente de la producción de hidrocarburos y concentra buena parte del interés de inversores internacionales.
Durante el programa se señaló que la producción nacional ronda los 916.200 barriles diarios, con alrededor del 70% vinculado a Vaca Muerta. La expectativa oficial es acercarse al objetivo de un millón de barriles por día, una cifra que ampliaría todavía más la capacidad exportadora.
“Son dólares que ingresan al país”
Martínez destacó que el crecimiento energético ya tiene consecuencias concretas sobre las cuentas externas. Según los datos mencionados durante el análisis, Argentina acumula alrededor de 9.000 millones de dólares en exportaciones energéticas y una balanza sectorial superavitaria cercana a los 7.000 millones de dólares.
“Son dólares que ingresan al país”, resumió el periodista. El dato resulta especialmente relevante para un programa económico que necesita fortalecer la generación de divisas y ampliar las fuentes de financiamiento genuino.
Estados Unidos también mira a Vaca Muerta
Claudio Mardones destacó que la agenda internacional terminó de reforzar ese interés con una reunión vinculada directamente al desarrollo energético argentino. Según explicó, participaron funcionarios estadounidenses, Horacio Marín, presidente de YPF, y el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa.
El eje fue nuevamente Vaca Muerta y las posibilidades de expansión del sector. Para Mardones, el encuentro debe interpretarse junto con los gestos políticos recibidos por Caputo y con el creciente interés de Estados Unidos en la producción energética regional.
Así, la participación argentina en el G20 terminó combinando tres objetivos centrales: respaldo político, acceso al financiamiento y búsqueda de nuevos mercados. En esa estrategia, Vaca Muerta aparece como la principal carta del Gobierno para transformar recursos naturales en exportaciones, inversiones y dólares para la economía argentina.