El nivel de las importaciones argentinas volvió al centro del debate económico luego de conocerse datos que muestran una caída respecto del mismo período del año anterior. En +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, Fernando Meaños planteó si detrás de esa reducción también aparece una menor demanda interna, con sectores que producen y consumen menos y, por lo tanto, necesitan importar menos.
El especialista en relaciones internacionales Martín Simonetta coincidió en que los datos reflejan una situación concreta, pero aclaró que tampoco existió una apertura irrestricta del comercio exterior. “Argentina es parte del MERCOSUR, hay un arancel externo común, puede tomar algunas medidas puntuales”, explicó.
Por qué “seguimos estando caros"
Simonetta puso el foco en una cuestión que continúa siendo visible para los consumidores: el precio final de numerosos productos importados. “Se redujo la brecha, pero sí, seguimos estando caros, con lo cual esto es parte del costo argentino”, sostuvo.
Entre los ejemplos mencionó zapatillas, indumentaria y teléfonos, cuyos precios todavía presentan diferencias importantes respecto de otros mercados. Su planteo apunta a que el problema excede al dólar y responde también a costos internos que se acumulan antes de que el producto llegue al consumidor.
Por qué “Hay un problema de competitividad sistémica”
Marcelo Elizondo, representante de la International Chamber of Commerce, amplió el análisis y advirtió que no toda la economía argentina enfrenta las mismas dificultades. “Somos caros en algunos rubros, no en otros, y creo que hay un problema de competitividad sistémica en la Argentina”, afirmó.
Uno de los factores centrales es, según explicó, la estructura tributaria combinada con el elevado nivel de informalidad. “Tenemos el 40 por ciento de la economía en negro. Entonces, el que paga, paga más de 50, con servicios públicos y bienes públicos de baja calidad”, sostuvo.
Para Elizondo, esto implica que las empresas que permanecen dentro de la formalidad soportan una carga proporcionalmente mucho mayor. El problema no sería únicamente cuánto recauda el Estado sobre el conjunto de la economía, sino cómo se distribuye esa carga entre quienes efectivamente cumplen.
Poco crédito y años de desinversión
Elizondo agregó la falta de inversión, los problemas de infraestructura y los costos logísticos entre los factores que restan competitividad. A eso sumó un mercado financiero todavía pequeño, que dificulta tanto las inversiones empresariales como el financiamiento del consumo.
“La Argentina, hace un par de años, tenía un crédito al sector privado del 5 por ciento del PBI, ahora subió, está en el 12, pero en Chile es el 100 por ciento del PBI”, comparó. La diferencia, según su análisis, muestra cuánto espacio todavía existe para desarrollar el financiamiento interno.
La falta de crédito termina impactando sobre toda la cadena productiva. Empresas con dificultades para invertir, consumidores que financian a tasas elevadas e infraestructura atrasada forman parte de un mismo entramado que encarece producir y vender en Argentina.
Para Elizondo, estas dificultades no pueden atribuirse exclusivamente a una gestión económica determinada. Se trata de desequilibrios acumulados durante años que requieren continuidad y reformas sostenidas para comenzar a revertirse.
“Mucho tiempo para generar problemas, requiere mucho tiempo para solucionarlos”, sintetizó. Por eso, el debate sobre las importaciones termina siendo apenas una parte de una discusión mucho más amplia: qué debe cambiar para que Argentina pueda producir, financiarse y competir con costos más cercanos a los de otros países.