El libro Los desaparecidos de la Iglesia nació de una investigación doctoral que la socióloga Soledad Cattogio comenzó en 2006, cuando se cumplían 30 años del golpe de Estado de 1976. En +Perfil, la investigadora explicó que una de las primeras preguntas surgió al observar la fuerte presencia de determinadas figuras del catolicismo en la memoria sobre aquellos años. “Una de las cosas que a mí me impresionaba entonces era la visibilidad que tenían algunas figuras del catolicismo”, señaló. Entre ellas mencionó a Carlos Mugica y Enrique Angelelli, convertidos en referencias asociadas a la resistencia, la persecución y el martirio.
Sin embargo, esa presencia simbólica contrastaba con el peso cuantitativo que tenían las víctimas religiosas dentro del universo registrado por la CONADEP. Según explicó Cattogio, los integrantes del clero representaban entonces alrededor del 0,3% de los desaparecidos.
Entre los mártires y los cómplices
A partir de esa diferencia, la socióloga comenzó a preguntarse cómo se había construido la memoria sobre el papel de la Iglesia durante la violencia política y el terrorismo de Estado. “Mi pregunta tenía que ver, bueno, pero, ¿cómo conviven en esa institución?”, explicó.
El interrogante apuntaba a cuestionar una lectura que presenta a la Iglesia exclusivamente dividida entre dos sectores: por un lado, quienes colaboraron o acompañaron a la represión y, por otro, los religiosos perseguidos, secuestrados o asesinados. La investigación buscó reconstruir las zonas intermedias, los puntos de contacto y las diferencias entre los distintos espacios del catolicismo.
Para Cattogio, resultaba necesario entender “cómo conviven en esa institución” posiciones que podían llegar a ser profundamente antagónicas y cómo esas divergencias se radicalizaron durante las décadas de 1960 y 1970.
Carlos Mugica y la violencia antes de 1976
Durante la conversación, Osvaldo Quiroga recuperó la figura del sacerdote Carlos Mugica, vinculado estrechamente con la Villa 31 de Retiro, y recordó que su asesinato ocurrió antes del golpe militar.
Cattogio confirmó que Mugica fue asesinado en 1974, un dato que permite observar que la persecución y la violencia contra determinados sectores religiosos no comenzaron el 24 de marzo de 1976. “El campo de estudios de historia reciente ha, de algún modo, redefinido también las periodizaciones”, explicó la investigadora. Esa revisión modificó una forma de ordenar el pasado que había quedado muy marcada durante la transición democrática por la oposición entre dictadura y democracia.
“A partir del 74” comienza un cambio
Los estudios posteriores permitieron observar que numerosos procesos de violencia política, persecución y represión ya se encontraban en desarrollo antes de la última dictadura. Quiroga recordó en ese sentido la inestabilidad política que atravesó la Argentina durante buena parte del siglo XX y mencionó, entre otros episodios, el golpe encabezado por Juan Carlos Onganía en 1966.
Cattogio ubicó un momento especialmente significativo en 1974 para el grupo específico que analiza en su investigación. “A partir del 74 empiezan a ser sistemáticas las detenciones, desapariciones y asesinatos en este grupo”, afirmó.
Ese momento aparece así como un punto de inflexión para comprender la experiencia de los religiosos que fueron perseguidos durante los años siguientes.
Los desaparecidos de la Iglesia busca reconstruir esas trayectorias, pero también ir más allá de una división cerrada entre víctimas y cómplices. El trabajo de Cattogio pone el foco en una institución atravesada por conflictos internos, posiciones políticas diferentes y procesos de radicalización que ya estaban presentes antes del golpe de Estado de 1976.