El periodista Pablo Corso contó que llegó a la historia de Víctor Basterra de manera inesperada, mientras buscaba un tema para su primer libro. A través de las redes sociales encontró el relato de un detenido de la ESMA que había sido obligado a fotografiar a represores y que logró esconder parte de ese material durante los últimos años de la dictadura.
En +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, Corso explicó que decidió reconstruir no solamente el recorrido de aquellas fotografías, sino también las consecuencias personales de la experiencia. “Me propuse contar esa historia en paralelo con tratar de reconstruir qué le había pasado a él por dentro, qué le había pasado a su familia, qué le había pasado a sus compañeros y qué consecuencias tuvo, no sólo en su vida, sino la de los demás”, sostuvo.
El trabajo forzado de Basterra dentro de la ESMA
Basterra era obrero gráfico y conocía en profundidad la confección de documentos. Según relató Corso, ese conocimiento fue aprovechado por los represores de la ESMA, que lo obligaron a trabajar en la producción de documentación falsa.
En el sótano del Casino de Oficiales se fotografiaba a integrantes de los grupos represivos para confeccionar esas identificaciones. Algunos necesitaban documentos con nombres falsos y fotografías verdaderas para presentarse bajo otras identidades.
“Lo que siempre reconoció fue haber fotografiado a los represores”, señaló Corso. Esa tarea, realizada bajo cautiverio, terminaría permitiéndole conservar una prueba de enorme importancia.
Cómo logró ocultar las fotografías
Basterra encontró una forma de guardar parte del material que pasaba por sus manos. Realizaba más de una copia de determinadas fotografías y ocultaba una de ellas dentro del laboratorio en el que era obligado a trabajar.
Según explicó Corso, Basterra sabía que los guardias evitaban revisar minuciosamente ese espacio por temor a afectar el material fotosensible. Esa circunstancia le permitió preservar imágenes de los rostros de integrantes del aparato represivo.
El valor de esas fotografías surgiría posteriormente, cuando pudieron ser utilizadas para identificar personas y complementar los testimonios sobre lo ocurrido dentro de la ESMA.
Las imágenes que se convirtieron en prueba judicial
Corso destacó que el aporte de Basterra no terminó con la recuperación de las fotografías. A lo largo de los años también declaró reiteradamente ante la Justicia en causas relacionadas con los crímenes cometidos durante la última dictadura.
“Dio un testimonio muy contundente en el juicio a la Junta”, afirmó el periodista. Basterra también participó posteriormente en numerosas instancias judiciales, entre ellas procesos vinculados con la megacausa ESMA.
Según Corso, llegó a declarar entre 30 y 40 veces a lo largo de su vida. Sus palabras pudieron ser acompañadas por la documentación que había logrado preservar durante su cautiverio.
Reconstruir qué había ocurrido después
El periodista explicó que su investigación no buscó limitarse al episodio de las fotografías. Su interés también estuvo puesto en qué produjo aquella experiencia en Basterra, en su familia y en sus compañeros, y en las consecuencias que permanecieron mucho después de terminada la dictadura.
Basterra murió en 2020, después de haber participado durante décadas en distintas causas judiciales. Las fotografías que logró conservar y los testimonios que brindó quedaron incorporados a los procesos destinados a reconstruir lo ocurrido dentro de la ESMA.