Aunque ya hace una década que no ejerce la profesión, Robert Cox es una palabra autorizada a la hora de hablar de la política argentina y la coyuntura que le toca vivir al periodismo en la actualidad. Es que el histórico periodista británico, que dirigió el Buenos Aires Herald durante la Dictadura militar, está convencido de que nuestro país aún “está herido” por las medidas que tomaron los gobiernos defactos en los ‘70. “Siguen en en una guerra de trincheras”, lanzó.
Lo hizo desde Márgen del Mundo, el museo de Luis Majul, que tiene colgada la biografía de Cox en sus vitrinas, luego de ser considerado como uno de los 40 periodistas más influyentes de los últimos 40 años. “Argentina está herida y el país tiene que entrar en la plena democracia, todos tenemos que tener una cultura de la democracia y los periodistas son muy importantes para lograr esto”, analizó. “Tenemos que ser militantes del pro periodismo, no militantes del gobierno o anti gobierno”, remató.
Entrevistado en Márgen del Mundo por el estudiante de Comunicación de la Universidad de San Andrés, Joaquín Esner Areas, Cox se refiere al ejercicio de la profesión, a la llamada grieta y deja sus impresiones sobre la muestra. Además, cuenta su tensa relación con la Triple A, que lo persiguió, lo arrestó y lo interrogó hasta que decidió abandonar el país.
-¿Qué le parece la idea de conjugar en Margen del Mundo un espacio de periodismo argentino?
-El concepto es magnífico, especialmente en este momento cuando hay una división entre los periodistas, casi una guerra de trincheras. Hay que parar con eso, los periodistas tienen que estar al lado del pueblo y nada más. No importa la ideología ni la política, los periodistas tienen que informar al pueblo. Entre ellos no deben confrontar. Hay que confrontar a la autoridad, a la gente que está en contra del pueblo.
-¿Sería la idea del periodismo como “cuarto poder”, que se opone a los tres poderes políticos?
-No me gusta mucho la idea del cuarto poder porque no somos en ese sentido poderosos. Yo creo que los periodistas debemos ser transparentes y humildes. Estoy en contra del periodismo de estrellas. Los periodistas importantes son los cronistas que muchas veces son anónimos, que van buscando la información relevante y la dan a conocer.
-¿Por qué cree que el periodismo se encuentra tan enfrentado como usted dice?
-Hay muchas razones que tienen que ver con lo que pasa aquí. La argentina es un país que está todavía herido por los años de la dictadura. El país tiene que entrar en la plena democracia, todos tenemos que tener una cultura de la democracia y los periodistas son muy importantes para lograr esto. Lo más importante es informar, eso es lo que tenemos en común. Más allá de la experiencia y de las distintas ideas. Tenemos que ser militantes pro-periodismo, no militantes del gobierno o anti gobierno, sino militantes del pueblo. Nosotros tenemos que ser un nunca más. Nunca más tenemos que estar en silencio cuando pasen cosas como las que ocurrieron en dictadura. Nunca más censura.
-¿Cuáles cree que son los valores, las características del periodista ideal?
-La honestidad es muy importante pero también es muy difícil, porque hay muchas formas de corrupción desde hace muchos años en Argentina y algunas existen todavía. Por otro lado la moral es muy importante, mucho más importante que la gran noticia. Hay que trabajar todo el tiempo tratando de darle algo valioso al país. Ahora tenemos muchas oportunidades, hay que caminar y acercarse a la gente.
-¿Qué reflexión le daría a los jóvenes que están a punto de comenzar sus carreras periodísticas?
-Yo no sé porqué decidí ser periodista. Creo que es algo que está en uno. Hay que sentirlo, pero tampoco ser demasiado romántico.E s algo maravilloso pero a la vez muy difícil, realmente no es joda. Nunca hay que entrar al periodismo si uno no lo siente. Posiblemente sea algo así como un sacerdocio porque mi convicción es que el periodismo es una vocación, no interesa ni el sueldo ni la jubilación, es sentir que uno quiere ayudar al mundo, con la idea de que uno puede hacer algo, porque hay muchas cosas que hay que cambiar pero no con métodos violentos, sino que hay que usar lo que tenemos, la posibilidad de comunicar a la gente, entender nosotros lo que pasa y después explicarle a la gente y tener total transparencia con ellos. Entiendo que no es una utopía, o por lo menos me gustaría creer que no lo fuera.