OPINIóN
Apertura de sesiones

Volvió el Milei original, y ahora con sueños de bronce

En su mensaje de apertura de sesiones montó un show de histrionismo. Como Trump una semana atrás con los demócratas en el Capitolio, hostigó con insultos a la minoría kirchnerista. Prometió enviar en el año 90 proyectos de ley al Parlamento. Y coqueteó con una reforma de la Constitución.

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Apertura de sesiones en el Congreso | Pablo Cuarterolo

Igual que Donald Trump una semana antes en la Cámara de Representantes, Javier Milei estructuró su mensaje ante la Asamblea Legislativa en torno a la oposición kirchnerista. Fue, como lo habían sido los demócratas para Trump, su punto de referencia, distracción y fuga. No parecía importar demasiado el contenido del discurso, pese a su pretensión moralizadora y como en ocasiones anteriores, su carácter fundacional. Lo que le importaba al Presidente era señalar al responsable de todos los males de la Argentina, de los pasados, pero sobre todo de los actuales. Y el malvado estaba allí, presente en el recinto en toda su villanía. Y como a lo largo de las exitosas sesiones extraordinarias del Congreso, en minoría. Para Milei sólo había que empujarla a la red.

Como Trump, aunque menos avezado, se sabe que Milei es un personaje criado en un set de TV. De pie en una pequeña tarima, delante del estrado de la presidencia de la Cámara de Diputados -traje azul de tres piezas, camisa blanca, corbata azul eléctrico- el Presidente desplegó anoche toda la potencia histriónica que lo encumbró inesperadamente en el vértice del poder político en la Argentina. Volvió a demostrar que no hay otro igual.

Milei habló cerca de dos horas, pero si se contemplara el tiempo neto de su mensaje, la ceremonia podría haber durado la mitad. Una y otra vez se dirigió al bloque de diputados del peronismo (los senadores no asistieron), bloque que a la vez actuó como segunda voz, en un juego escénico con el Presidente (la teoría de la representación, un concepto del siglo XVII que aparece con Hobbes, proviene del arte dramático; de modo que nadie inventó nada).

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Aunque Milei empezó el discurso contrariado y en repetidas ocasiones violento (hubo quienes lo atribuyeron al insólito desenlace del caso Gendarme Gallo, un rato antes del acto), en el recinto abundó más la jarana que la indignación.

“Me encanta domarlos kukas, me encanta hacerlos llorar”, dijo el Presidente sobre una de sus predilecciones, no importa el sujeto. En adelante calificaría a los peronistas de “brutos”, “bestias ignorantes”, “cavernícolas”; “manga de ladrones”, “comunistas”, “delincuentes”, y una novedad en materia de insultos, “asesinos” (por la firma del pacto con Irán y la muerte del fiscal Alberto Nisman). También mencionó en cinco oportunidades a su “líder presa”. Al calificativo de “fascista” que le llovió en un momento desde las bancas Milei respondió: “¿Qué tiene que ver eso conmigo? ¡Tiene que ver con ustedes, que estaban inspirados en un fascista!”.

Reforma y bronce

En una primera media hora, Milei repasó lo heredado del período Fernández-Fernández, no por conocida, menos relevante para la articulación de su narración. Lo reconoció alguna vez: la herencia es lo que mejor explica por qué los argentinos eligieron un gobierno libertario.

Más interesante que esto: Milei le cargó a la oposición la responsabilidad de los tropiezos de su programa económico. Acusó al kirchnerismo de haber instrumentado un plan para desestabilizar la economía y “derrocar a este gobierno” en complicidad “con sectores empresarios, mediáticos (…) y digamos, propios, que lo hacían con tal de abrazar el Sillón de Rivadavia”. Se interpretó como una alusión a la vicepresidenta Victoria Villarruel, a quien podía verse inquieta a la izquierda de la pantalla.

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El discurso enlazó esta denuncia de golpismo con el debate de las últimas semanas en torno a la apertura importadora indiscriminada, en momentos en que China busca mercados donde volcar su excedente. “¿Alguien quiere seguir con un modelo empobrecedor donde solo ganan los políticos corruptos y los empresarios amigos del poder, a costa de los argentinos de bien?”, planteó.

Milei volvió a aludir despectivamente a Paolo Rocca (Techint) y a Javier Madanes Quintanilla (Fate/Aluar), sobre quien preguntó: “Les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caros, contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle mientras se negocia la protección del sector aluminio?”. Fue durante un largo pasaje destinado a

Milei defendió la apertura, dijo promueve el acceso al consumidor de bienes de mejor calidad y menor precio y que las empresas que no puedan competir deberán cerrar y despedir a sus trabajadores. Pero que este círculo no sólo no impactará en un alza del índice de desempleo, sino que finalmente será virtuoso para la economía.

El Presidente Javier Milei
El Presidente Javier Milei en la apertura del Congreso - Foto: Pablo Cuarterolo / Cedoc

Vale reproducir el textual de Milei sobre este proceso, una explicación del estilo de las de Federico Sturzenegger: “El consumidor ahorra el dinero al comprar el bien importado, y ese dinero lo utilizará para comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía, el cual es más productivo y, por ende, podrá pagar mayores salarios. En definitiva, suben los salarios y los precios son más bajos, se consume más y el bienestar aumenta”.

Los fundamentos de Milei no son solo de orden económico sino, como dijo, también “moral”, término que se constituyó como núcleo de su mensaje de ayer. Milei repuso su horizonte utópico libertario: en lo que llamó “un cambio de época”, propuso establecer “la moral como política de Estado”. “La verdadera batalla de nuestro tiempo es cultural, filosófica y moral”, dijo.

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No hubo espacio para anuncios concretos, como no sea la promesa de profundizar este año la impronta transformadora y enviar cada uno de los nueve meses de funcionamiento del Congreso un paquete de reformas estructurales. Nada menos que 90.

Volvió el Milei original, ahora con sueños de bronce. Invitó a su gente, seguramente a sus ministros, “a pensar en sus nombres grabados en piedra” y a los legisladores, a “legislar a la altura de la grandeza argentina”. “Es momento de crear la arquitectura institucional y jurídica para los próximos cincuenta años, estas nuevas reglas de juego que dejarán en el pasado, de una vez y para siempre, el proceso olvidable que ha sido nuestro último siglo de historia”, desafió.

Sabemos que Milei apunta a su reelección. Llegó la hora de preguntarnos si buscará tener además su Constitución libertaria.

wc/ff