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MODO FONTEVECCHIA
Crisis y liderazgos

Alberto Rodríguez Saá: “Más que ‘hay 2019’, ahora digo ‘ay 2027, pobre Argentina y peronismo’”

El exgobernador de San Luis analizó la profunda crisis de identidad y liderazgo del peronismo y señaló que el fracaso de las gestiones previas facilitó el ascenso de Javier Milei.

Alberto Rodriguez Saa
Alberto Rodriguez Saa | Facebook Alberto Rodriguez Saa

La fragmentación en la conducción del Partido Justicialista y el debate por la renovación de liderazgos territoriales profundizan las discusiones internas de la oposición frente al rumbo de la gestión económica nacional. Al respecto, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el exgobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, cuestionó el estado actual de las diferentes vertientes del movimiento y manifestó su escepticismo de cara al próximo escenario electoral: “Más que ‘hay 2019’, ahora digo ‘ay 2027, pobre Argentina y peronismo’”.

El abogado y político argentino Alberto José Rodríguez Saá cuenta con trayectoria vinculada al Partido Justicialista de la provincia de San Luis, distrito que gobernó durante cuatro mandatos divididos en dos períodos: de 2003 a 2011 y de 2015 a 2023. Su carrera institucional comenzó con el regreso de la democracia en 1983, cuando fue elegido senador nacional por San Luis, cargo que ocupó hasta 1994 y en el cual llegó a presidir el bloque del Partido Justicialista. A partir del año 2000 regresó brevemente a la Cámara Alta y al año siguiente asumió como jefe de Gabinete de Ministros de su provincia natal, para luego ser electo gobernador en 2003 y reelegido en 2007, período durante el cual proyectó su perfil hacia la escena nacional y compitió como candidato a presidente de la Nación en las elecciones de 2007 y 2011 bajo el sello de un peronismo de carácter federal y ortodoxo. Tras un intervalo en el llano, volvió a imponerse en los comicios provinciales para ejercer la gobernación en los períodos 2015-2019 y 2019-2023. Actualmente, se posiciona en el llano institucional como referente de la oposición interna dentro del Partido Justicialista local frente a la gestión del actual mandatario provincial, Claudio Poggi.

Ustedes tienen una particularidad allí en San Luis: siempre han tenido un peronismo iconoclasta, han tratado de ser contracíclicos con las tendencias e incluso competir a nivel nacional tanto con candidaturas presidenciales como por la conducción del partido. En este momento de mucha fragmentación del Partido Peronista, ¿cómo ve hoy al peronismo, hacia dónde cree que va y hacia dónde considera que debería ir?

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Hay mucha complejidad y situaciones especiales. Hace dos días, ayer o anteayer, se reunió el Congreso del Partido Justicialista. Un hecho que antes llamaba muchísimo la atención y tenía a todos los medios encima. Ahora pasa absolutamente inadvertido. Nosotros fuimos, se presentaron algunos compañeros de San Luis y plantearon que el tema principal era el problema del Consejo Nacional, que está acéfalo.

Prácticamente no tiene reuniones y no tiene sentido. Ni siquiera les dieron la palabra. Esa es la situación del Partido Nacional. San Luis tiene una posición distinta. Siempre levantó las banderas tradicionales y tal vez las más radicalizadas o reformadoras, pero también con una actualización de los tiempos.

Este es un problema de la Argentina y, por supuesto, también del peronismo. La Argentina no toma la agenda de los tiempos. Nunca tomó la agenda digital en serio, ni la agenda de la robótica, de la modernidad, de la revolución científico-tecnológica. Todo esto que está sucediendo en el mundo nunca tuvo la debida importancia.

La agenda de la Argentina nunca tuvo en cuenta, por ejemplo, la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, ni tampoco los grandes problemas nacionales que están marcados desde el 83 y que han sido incumplidos tan groseramente por todos los gobiernos.

La gente llegó a un hartazgo y hoy tenemos un emergente de esa situación. Yo siempre digo: “¿A quién va a votar Alberto?”. Y respondo: “A ninguno, porque los conozco a todos”.

¿Y hay alguno al que votaría aunque sea como mal menor?

Me parece que en San Luis pasa lo mismo.

En el 83 yo era muy chico. Tenía 32 o 33 años. Nosotros levantamos la bandera de los desaparecidos, la deuda externa, la situación económica y social, el Beagle y Malvinas.

Llegó el presidente Alfonsín y le preguntó a Torres, un intelectual que estaba en la Secretaría de Planeamiento, cuáles eran los problemas. Y él repitió los cinco problemas que le acabo de decir.

Esos problemas siguieron y no se resolvieron. El Beagle se resolvió a medias con Alfonsín. Después Menem lo resolvió con mayor jerarquía porque hizo un acuerdo sobre los problemas limítrofes con Chile, que eran más de 100.

Todos esos problemas no se han resuelto. No los resolvió Menem, no los resolvió De la Rúa, no los resolvió Duhalde, ni Kirchner, ni Cristina, ni Macri, ni Fernández.

Yo creo que la gente siente que esos problemas no fueron resueltos y que fue un fracaso de la dirigencia política no resolverlos. Esta es la gran factura que el pueblo argentino le está pasando a la clase política, poniendo un emergente como diciendo: “Te voté tantas veces para que no hicieras nada, ahora me da lo mismo”.

O, en algunos casos, con bronca: “¿Viste lo que es sentir hambre? Bueno, yo siento hambre y vos no solucionaste nada”. Me parece que todo esto es lo que está pasando y es lo que yo veo en San Luis.

En San Luis, como en muchas provincias argentinas, hay una legitimidad del peronismo, del radicalismo o de otros partidos porque han cumplido sus programas y sus propuestas electorales.

Entonces, la situación es distinta entre los partidos nacionales y las expresiones provinciales.

¿Qué papel cumple Cristina Fernández de Kirchner en esa no renovación o no adecuación del Partido Peronista a las demandas de la sociedad? ¿Cuál es su opinión sobre qué debería hacer el partido con ella?

Prefiero no hablar de ella. Pero lo que simboliza un poco el desagrado sobre su figura es que no puede bailar en el balcón cuando el peronismo acaba de perder una elección nacional. No está bien.

El balcón se convierte en algo simbólico. Y ponerse a bailar como festejando cuando se perdió en todo el país no es conducción política. Eso divide más. Mire el discurso del presidente el primero de marzo. La parte central fue insultar a Cristina y la parte central de Cristina es Milei. Se pelean porque es un negocio para los dos.

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Es matar todo el liderazgo porque la sociedad se divide en dos. Son, por decirlo, Guatemala y Guatepeor.

¿Cree que el peronismo va a ser competitivo en 2027? Usted en su momento lanzó el grito de “hay 2019”.

Yo esa vez lo dije con hache, no como interjección. Después le saqué la hache cuando vi el gobierno y lo dejé como una expresión de dolor. Ahora digoay 2027”. Hay una Argentina con dolor.

El peronismo ha muerto muchas veces: con la muerte de cuando apareció, con Menem, con Duhalde, con Kirchner, con Cristina y con Fernández. Pero le digo otra cosa: el peronismo nunca muere, porque Perón dijo: “Mi único heredero es el pueblo”. Entonces, cada vez que se expresa el pueblo, se expresa el peronismo.

El antiperonismo y el peronismo tienen que reconocer que el peronismo está en la cultura argentina, sobre todo en la cultura de los dirigentes. El dirigente que no maneje las coordenadas del peronismo va a fracasar.

Ahora no está para nada en buenas condiciones. ¿Por qué? Porque no está interpretando la agenda de la Argentina. La agenda de la Argentina no la pone la oposición porque se le ocurre en una reunión cualquiera. La agenda de la Argentina la pone el señor Javier Milei, que ganó la elección.

¿Qué le diría a alguien que dijese que Milei es un “Perón de Twitter”?

No. Milei no tiene el concepto de patria ni el concepto de justicia que tenemos nosotros. Sería el anti-17 de Octubre.

¿Quién puede representar eso, aunque sea alguien extrapartidario del peronismo? ¿O cree usted, como insiste siempre Jaime Durán Barba, que va a surgir nuevamente un outsider?

Es posible que sea un outsider nuevamente, pero también es difícil. Yo no veo en este momento, como se decía antes, en el horizonte directivo, que exista alguien que pueda unir. El que va a unir sabe qué tiene que hacer: hay que plantear la agenda y resolverla con propuestas. Por ejemplo, Javier Milei tiene un éxito, que es el presupuesto equilibrado. Y es un éxito, o un objetivo de un buen gobierno, porque el presupuesto equilibrado lo anhelan todos los líderes del mundo en sus países.

Eso es buen gobierno. Y nosotros, o el peronismo, o algunos sectores, lo consideran como algo malo. Lo que está mal es llegar a un presupuesto equilibrado con semejante y tremendo sacrificio y que no haya en ningún momento algún alivio para la situación económica y social, la de las pymes y la de los empresarios.

Pero esto hay que discutirlo, hablarlo, no decir negativamente “está mal el presupuesto equilibrado”. No, está bien el presupuesto equilibrado, pero viene la discusión sobre la forma. Está bien que se combata la inflación, pero todavía hay una enorme recesión y un enfriamiento de la economía que trae problemas para todo el mundo.

Hay que plantear el rol del Estado y la agenda de los argentinos, porque eso nos une a todos. La Agenda 2030 de las Naciones Unidas nos une a todos. Hablemos de agua potable, hablemos de educación de calidad, hablemos de calidad de las instituciones. De todos esos temas también hay que hablar, y del rol del Estado.

Hay un tema muy importante que está sucediendo: el tema de la guerra. Hay guerra en el mundo, pero no es nuestra guerra. Y nosotros no podemos admitir, o al menos no quedarnos todos callados, cuando el presidente haya dicho que nosotros apoyamos a Norteamérica, al señor Trump y al primer ministro en forma incondicional.

Ya casi que estamos tirando Malvinas para satisfacer la voracidad del señor Trump. No. La posición histórica argentina es la neutralidad. Tenemos un Premio Nobel por eso.

El peronismo en la tercera posición. Ahora no hay dos bloques, hay uno.

Entonces, la posición argentina es Argentina.

Usted decía recién que los gobiernos provinciales que son reelectos y tienen éxito, muchos de ellos peronistas, lo son porque cumplen las promesas electorales y satisfacen a sus votantes, a diferencia de los candidatos y las experiencias a nivel nacional. En el caso de gobernadores como Osvaldo Jaldo en Tucumán o Gustavo Sáenz en Salta, por su propia experiencia y con ese origen peronista, ¿deberían ser acercados al partido o distanciados aún más por haber apoyado y seguir apoyando al Gobierno nacional?

Eso depende de ellos y de algunas posiciones nacionales. Si tienen un presupuesto equilibrado, cumplen sus objetivos y cuentan con el apoyo de la gente, los temas nacionales tienen que tener posiciones afines al peronismo o, al menos, acordadas con las expresiones peronistas nacionales.

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Esto no es fácil y, cuando llega el momento de las elecciones, un peronista no puede hacerse el distraído y decir “me gusta más Milei”, votar a Mauricio Macri o favorecer una alianza con Macri. Eso no es nuestro.

Y Alberto, aunque usted no vote a nadie porque los conoce a todos, que es la frase con la que comenzamos, ¿cree que Axel Kicillof va a terminar siendo el candidato que represente al peronismo en 2027?

Yo le daría un consejo a Kicillof: que se gane el Congreso de la provincia de Buenos Aires y después sea absolutamente independiente de Cristina Fernández de Kirchner y de todos.

Ese puede ser. Y ahí plantee su liderazgo: “Quiero ser presidente, tengo el aval de la provincia de Buenos Aires y no soy dependiente de Cristina”.

Entonces, sí, eso puede despertar algo. Si no, va a ser enredarse en una interna.

MV/ff