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Economía y mercados

Alejandro Vanoli: “La macro se puede despegar de la economía real por poco tiempo”

El economista advirtió sobre los límites de un modelo sostenido por sectores dinámicos como la energía y el agro, pero con escaso impacto en el bienestar cotidiano de la población.

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Alejandro Vanoli sobre la salida del cepo: “Es un plan B que se impuso por la pérdida diaria de reservas” | Cedoc Perfil

La evolución de los mercados financieros y su impacto sobre la actividad económica volvió a instalar el debate sobre la sostenibilidad del modelo argentino, en un contexto marcado por la caída del consumo, la falta de inversiones productivas y las dudas sobre el empleo. Alejandro Vanoli advirtió que “la macro se puede despegar de la economía real por poco tiempo” y sostuvo que el crecimiento basado en sectores como la energía, la minería y el agro no alcanza si no está acompañado por políticas que impulsen la producción, la inversión y el trabajo.

El economista y funcionario argentino que ocupó cargos clave durante los gobiernos kirchneristas, Alejandro Vanoli, fue presidente de la Comisión Nacional de Valores (CNV) entre 2009 y 2014, presidente del Banco Central de la República Argentina entre 2014 y 2015, durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, y más tarde director ejecutivo de Administración Nacional de la Seguridad Social en 2019 y 2020, durante la gestión de Alberto Fernández. Sumado a eso, integró el denominado Plan Fénix, un grupo de economistas heterodoxos surgido tras la crisis de 2001. A lo largo de su paso por el Banco Central impulsó una política de fuerte regulación cambiaria y financiera. Asumió tras la salida de Juan Carlos Fábrega y dejó el cargo en diciembre de 2015, antes de la asunción de Mauricio Macri.

Tu última columna hace una comparación interesante entre Wall Street y Main Street. Es una figura que se utiliza normalmente en el mundo anglosajón, fundamentalmente en Estados Unidos, donde en todos los pueblos hay una calle que se llama Main. Por lo tanto, es como podríamos decir la calle del pueblo o la calle más habitual. Wall Street existe solamente en el centro financiero de la ciudad de Nueva York y plantea la dicotomía de que hay momentos en los cuales el mundo financiero festeja, las acciones aumentan, pero no necesariamente mejora la calidad de vida de las personas. Por eso terminan perdiendo las elecciones determinados gobiernos. El ejemplo más cercano que tenemos es el de Perú durante muchos años, en los cuales la economía o la macroeconomía no paraba de mostrar señales muy positivas. Sin embargo, todos los presidentes perdían las elecciones porque no se producía un traspaso de Wall Street a Main Street.

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Yo creo que siempre existe la tentación, entre quienes ejercen la conducción económica y las finanzas, no necesariamente en Argentina sino en el mundo, de prestarle atención a algunas de las macrovariables. Todos lo hacemos: cómo está el tipo de cambio, las reservas, la tasa de interés, incluso el PBI.

Pero lo cierto es que uno está obligado a mirar esas variables, aunque además hay que tener la capacidad de auscultar cómo le va a la calle, cómo le va al argentino medio, cómo le va a una pyme.

Porque muchas veces ha pasado que el riesgo país estaba bien o que los datos macro eran elogiados por los consultores y por el propio FMI, y después, tanto en Argentina como en el mundo, las cosas anduvieron mal.

Entonces, en momentos en los que el gobierno tiene cierto triunfalismo porque algunas variables están mejorando, hay que tener la honestidad intelectual para ver realmente dónde las cosas aparentemente están bien y qué hay detrás, en lo profundo. Para determinar si existe una tendencia de mediano y largo plazo que se pueda sostener y, fundamentalmente, en qué medida ese bienestar macrofinanciero derrama sobre la actividad económica y la gente.

Me parece que está la cuestión intertemporal. Uno puede decir, al revés, que la calle está muy bien, pero esos indicadores macroeconómicos señalan que pronto todo va a explotar. Entonces, finalmente, no es bueno mirar solamente Main Street ni solamente Wall Street. Es necesario mirar los dos, porque muchas veces la calle estaba bien y seis meses después explotó todo. Probablemente lo que esté sucediendo es que todavía el apoyo que tiene el presidente Milei se explica porque las personas de Main Street, que la están pasando mal, suponen que en el futuro la van a pasar mejor. Entonces, podríamos decir que no necesariamente que Wall Street esté bien y Main Street esté mal indica que estemos mal. El tema es el futuro. Por eso vuelvo a preguntarte: ¿vos creés que los indicadores de Wall Street permiten esperanzarse con que en el futuro Main Street va a estar bien o no?

Yo creo que no hay indicadores, en el conjunto de la economía. Más allá de que el dato de marzo fue bueno. El dato del EMAE, para la gente, es el indicador mensual de actividad. Fue un dato bueno. El gobierno proyectó eso y los mercados también. Bajó el riesgo país por debajo de los 500 puntos y están en una suerte de fiesta temporal.

Ahora, cuando uno mira abril y mayo, y todavía no tenemos datos de actividad, mucho menos datos de PBI, que se conocen con rezago, ve un conjunto de indicadores preocupantes desde el punto de vista de la actividad.

Por ejemplo, el despacho de cemento en la construcción, los datos de recaudación, los datos de uso de energía, los datos de consumo y los datos de mora. Te doy algunos ejemplos, pero hay muchos indicadores que monitoreamos mes a mes o día a día y que no permiten dar una señal de crecimiento.

Y esto es importante porque uno podría decir que hay momentos en los que puede haber un divorcio entre la esfera financiera y la esfera real. Pero en el largo plazo eso no pasa.

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¿Por qué? Porque cuando la esfera real empieza a andar mal, eso impacta en la recaudación, impacta en las cuentas públicas y ahí empiezan las señales de alerta.

Si yo fuera un inversor financiero y durante dos, tres o cuatro meses, ahora que hay cosecha gruesa, acceso al endeudamiento por parte de empresas de energía y buenos precios del agro, uno podría decir que hay señales positivas desde la macro. Pero hay desafíos. Si bien creo que el gobierno ha tomado nota, más allá del relato, afloja un poco con las tasas de interés y ha tenido una política fiscal algo más expansiva, manteniendo subsidios por el clima de guerra. Es decir, hay pragmatismo en el gobierno cuando las papas queman.

Sin embargo, no veo una direccionalidad que permita decir que realmente existe un conjunto de medidas de política consistentes y profundas que permitan que Main Street pueda estar mejor.

¿Lo que estás diciendo es que puede haber durante cierto tiempo una diferencia entre Main Street y Wall Street, pero que a la larga terminan siendo lo mismo?

Pero seguro. ¿Querés un ejemplo más grande? La crisis del 30. Creo que fue la primera en la que hubo una euforia durante los años veinte y nadie supo ver que se estaba incubando una crisis. Y la verdad es que, nuevamente, tanto el Fondo Monetario Internacional como los mercados muchas veces, por mirar solamente el árbol, no ven el bosque.

Yo creo que la comparación con la década del noventa, donde hay enormes diferencias, también marca eso.

Vos recordarás que México, a principios de los noventa, era señalado por el Fondo como el mejor alumno de la clase. Subió la tasa de interés en Estados Unidos y vino el efecto Tequila. Cuando México cayó, pasaron a decir que la Argentina de Menem y Cavallo también era el paradigma de la política económica. ¿Y qué pasó después?

Entonces, creo que si el gobierno no atiende ciertos signos problemáticos de la economía real y no cambian algunas cosas, por ejemplo la inversión en infraestructura, no se puede tener una estrategia de crecimiento sostenido sin promover la educación, la ciencia y la tecnología, ni sin atender la salud. Es muy paradójico que un gobierno de orientación de centroderecha, derecha, liberal o neoliberal tenga un retroceso en la inversión. Teóricamente, lo que un gobierno de estas características debería reflejar como resultado es que la inversión aumenta.

Sin embargo, la inversión extranjera directa en 2025 dejó a la Argentina en el fondo de la tabla respecto de América Latina. Y los datos más actuales, medidos por Orlando Ferreres, un consultor que simpatiza con las políticas ortodoxas, muestran que la inversión sigue retrocediendo en la Argentina.

¿Y esto por qué? Porque no hay perspectiva de rentabilidad. Porque la industria, el comercio y la construcción muestran una performance muy negativa por la caída de los salarios y porque la gente ya está muy endeudada.

Entonces, la economía en general y los indicadores que todavía le dan esperanza a Wall Street están muy tironeados por cuatro sectores: la energía, la minería, el sistema financiero y el agro. Pero son sectores que no generan gran cantidad de empleo. Por eso creo que siempre hay que mirar cómo evolucionan el consumo y el empleo.

El empleo, con el multiempleo y distintas estrategias que la gente encuentra para seguir adelante, todavía aguanta. Pero el consumo viene cayendo hace meses, tanto en autoservicios y supermercados como incluso en centros comerciales.

Entonces, yo miraría eso. Y veo, por lo que hablo con muchos inversores financieros, que incluso están preguntando por la evolución política probable y por lo que ocurre en la economía real.

Cuando uno habla con los especialistas en pobreza, los del Observatorio de la UCA, siempre existía la discusión de que la mejor manera de combatir la pobreza era invertir en salud y educación, aunque eso producía efectos a largo plazo, mientras que el asistencialismo alimentario producía efectos en el corto plazo. ¿Sería posible, tratando de imaginar una defensa de la política económica del gobierno, decir que ya se va a invertir en tecnología, educación y salud, pero que primero hay que ordenar la macroeconomía y hacer que vengan inversiones? Es cierto que no están viniendo, pero hay muchos proyectos del RIGI que eventualmente podrían concretarse. Hay 100.000 millones de dólares aprobados para invertir. ¿Se podría sostener, intertemporalmente, que lo que están haciendo es lo correcto y que más adelante Main Street y Wall Street van a terminar confluyendo? ¿Le asignás alguna posibilidad a que esas hipótesis tengan lógica?

A ver, si la lógica está orientada a que hay que tener una política fiscal que sea sostenible en una Argentina bimonetaria, endeudada y que no tiene capacidad de emisión. ¿Cierto?

Yo creo que la discusión, y creo que es relevante, pasa por cómo llegás a ese resultado.

Por ejemplo, para decir algo simbólico, uno podría decir: "Se ajusta la casta", o "nos ajustamos todos el cinturón", o "los que más tienen". Pero si vos decís que le vas a bajar los impuestos a los autos de lujo y a las embarcaciones, y al mismo tiempo decís que no hay plata, quiere decir que podrías resolver la cuestión fiscal de otra manera.

Porque evidentemente no es una medida justa y estás resignando recursos cuando, para mí, generar ciencia y tecnología, investigación, desarrollo y tener un pueblo educado es fundamental. No hay país en el mundo que pueda crecer sin ciencia y tecnología, sin investigación, sin desarrollo y sin un pueblo educado, mucho más con el cambio tecnológico.

De nuevo, en el corto o mediano plazo, si a los commodities les va bien, uno puede tener una estrategia de crecimiento en un país fragmentado y dualista. Pero a los países a los que les va bien son aquellos que usan sus recursos naturales para desarrollar cadenas de valor, para generar un derrame hacia el sector industrial y el sector de los servicios.

Uno puede y debe convocar a la inversión extranjera, pero no es lo mismo, por ejemplo, como lo hace Argentina con el RIGI, que como lo hace Brasil, que le dice a los chinos: "Yo te voy a importar autos y todo, pero vos tenés que producir en Brasil". Yo no veo en la Argentina ningún tipo de política industrial. El gobierno, de alguna forma, se enorgullece de no tenerla. Entonces, que hayamos tenido una pésima política industrial en muchos momentos de la historia no quiere decir que nos tengamos que ir al extremo opuesto y no tenerla.

Cuando países de centroderecha, de centroizquierda, el propio Trump, Europa, China y el sudeste asiático tienen política industrial, la Argentina no la tiene. Tiene un tipo de cambio atrasado y todos los desincentivos para la producción.

Por eso las inversiones extranjeras, salvo en esas áreas críticas vinculadas a las materias primas, se están yendo.

Voy nuevamente a la posición incómoda para mí de tratar de hacer de fiscal de tu idea y defender la hipótesis del gobierno. Por lo menos para el pensamiento crítico y poder llegar a una conclusión. ¿Podríamos decir que este gobierno sostiene que esa desinversión es, en realidad, el resultado de una transformación? ¿Que se están yendo los que ya no encuentran competitivo producir en Argentina y que todavía no se notan las inversiones de todos los que están llegando? ¿Que de aquí a dos años la inversión va a ser muchísimo mayor de lo que era antes con las políticas anteriores?

Yo te diría que perfectamente vos podrías liderar una transformación, pero tendrías que tener una política industrial para contener sectores, para contener empleo y para racionalizar.

Lo que hizo Australia.

Exactamente. Creo que es el paradigma. Vos lo estás diciendo.

Por otro lado, yo creo que es posible que al gobierno le vaya bien. Imaginate que el precio del petróleo y de los minerales siga en una tendencia creciente durante los próximos años. La política externa podría ser sustentable.

Pero en algún momento, y esto la historia lo enseña, cuando vos tenés una caída por alguna razón exógena a la economía de tu país, terminás teniendo una crisis.

Entonces, me parece que lo que podría robustecer una estrategia de transformación que potencie los recursos naturales es generar una base económica mucho más sustentable.

Y por eso esto no es ideológico. Esto es lo que hacen, vuelvo a decir, países tan distintos, desarrollados y subdesarrollados, gobiernos cercanos a Trump o de centroizquierda.

Entonces, me parece que en eso, así como yo te digo que en el corto plazo y en el día a día el gobierno recalcula y tiene una mirada pragmática en lo táctico, en lo estratégico hay una mirada muy miope.

Recién entrevistamos a un analista en Colombia y decía que el establishment había tenido momentos de miedo: uno con Pablo Escobar y otro con las FARC. ¿Percibís en la Argentina que empieza a haber cierto temor en el establishment, en tus clientes, a que la política empiece a mirar las elecciones del año próximo y eso esté indicando que este modelo económico no es sustentable?

Yo creo que hay mucha preocupación por el año que viene porque, pase lo que pase, va a ser un año de volatilidad, de dolarización y de máxima incertidumbre política. Creo que ciertas actitudes violentas y maximalistas del gobierno generan en muchos el temor de que pueda haber un péndulo.

Creo que a una parte del gran empresariado le gustaría que hubiera otra base de sustentación: un PRO recargado o un mileísmo sin Milei. Y otra parte del empresariado no quiere el retorno a políticas más desarrollistas, pero, en todo caso, la dinámica de confrontación y de sobreideologización en lo estratégico genera una gran preocupación. De nuevo, en algunos casos porque el miedo es el retorno al populismo y, en otros, porque realmente ven el peligro de que ciertas cosas en las que mucha gente coincide puedan revertirse o que choque la calesita por no ver algunos problemas.

Porque vos seguramente entrevistás a colegas míos de distintas orientaciones y todos te van a decir que hay un problema con el tipo de cambio, que hay un problema con una apertura de estas características, que hay un problema con la infraestructura y que hay un problema con no tener una política industrial. Esas cuestiones sí generan preocupación, salvo en sectores que están mirando mucho el dato puntual, pero no algunos signos profundos.

Y como esto en la Argentina ya pasó, vuelvo a decir: la variable de sustentabilidad hoy tiene que ver con el precio del petróleo y con el precio del litio. Pero para que realmente esto sea sostenible, vos tenés que generar una estructura económica que permita producir divisas genuinas, no solamente a través del agro.

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Y necesitás tener algo que genere empleo.

Cuando yo escuchaba recién en tu programa qué impacto va a tener la inteligencia artificial sobre el empleo, recordaba un informe del Fondo Monetario Internacional que plantea que en diez años se puede perder, en términos netos, el 33% del trabajo. La sustentabilidad del empleo y la sustentabilidad del sistema de seguridad social van a ser cuestiones críticas.

Por eso me parece que hace falta un pensamiento fresco. Hace falta realmente sacarse las anteojeras ideológicas y las formas viejas de ver la Argentina y el mundo, porque los riesgos son enormes.