En la dinámica política latinoamericana, el desgaste del capital político suele ser una constante para los mandatarios a medida que avanza su gestión. En esta entrevista en Modo Fontevecchia , de +Perfil , Radio Perfil (AM 1190), el analista y director de CB Global Data consultora Opinión Pública, Cristian Buttié, aborda el presente del gobierno de Javier Milei, comparando su evolución en los rankings internacionales con figuras de la región como Nayib Bukele, Claudia Sheinbaum y Lula da Silva.
A través de un minucioso desglose que contempla la distancia entre la macroeconomía y la microeconomía, la falta de una estructura política sólida y el comportamiento histórico del electorado argentino frente a las opciones «diferentes», el especialista analiza los techos y pisos de aprobación del presidente y evalúa las reconfiguraciones posibles dentro del tablero opositor de cara a las próximas citas electorales.
Cristian Buttié es analista y consultor político, licenciado en Ciencias Políticas y Gobierno por la Universidad Nacional de Río Cuarto. Cuenta con una maestría en Administración y Negocios, con orientación en Marketing, por la Universidad del Salvador. Es el director general de CB Consultora Opinión Pública, destacada firma argentina especializada en el estudio del clima social, consultoría política y proyección de escenarios electorales en Latinoamérica.
Sí, además Cristian ya viene acertando muchas veces y es muy atractivo su análisis cada vez que nos juntamos aquí. Ahora estás con la comparación de Milei internacionalmente, el ranking que lideran Bukele y Sheinbaum, y, al mismo tiempo, creo que Milei está en el último tercio, habiendo estado en su momento, si no recuerdo mal, entre los primeros; ahora está en la segunda parte de la lista. ¿Esto es habitual en todos los presidentes que pasanasan tres años y es habitual estar al comienzo, como le pasa hoy, por ejemplo, a Fujimori, y habrá que ver si dentro de tres años está última... o a Abelardo de la Espriella, por ejemplo?
Abelardo de la Espriella, por ejemplo. Es habitual arrancar arriba, pero el caso Lula, después de cuatro años y con las elecciones presidenciales tan cerca, se mantiene en ese lote, con posibilidad de competir.
Pero l¿os personajes como Lula son... no sé si llamarlo la excepción?
Sí, a ver.
Sheinbaum es otro caso.
Bueno, Sheinbaum... recordá que en México no hay reelección, ellos tienen seis años.
Y se acabó.
Y se acabó, pero viene de una gestión y una imagen positiva de AMLO, de López Obrador. Cada país es un traje a medida, con lo cual obviamente hay desafíos para cada uno de ellos. El caso Milei es un caso en el que, con el diario del viernes, era difícil predecir una caída estrepitosa, incluso después del resultado electoral del año pasado. Pero después, con el diario del lunes, analizando los sucesos, su forma de gobernar y su construcción política —porque creo que el gran talón de Aquiles del Gobierno es cómo trata de desarrollar una estructura y una estrategia política—, no es sorprendente esta caída. Si no hay un éxito económico, que es la columna vertebral de este gobierno... y digo en la micro: recién escuché la nota y comparto totalmente que el gran desafío es llevar los éxitos de la macro, como los promueve el Gobierno, a la micro, al bolsillo de la gente. Si eso no llega y le sumás una forma de gobernar tan dicotómica, tan de amigo-enemigo, es muy difícil el éxito.
Es decir que es previsible.
Es previsible esta caída. Y es previsible que siga cayendo
Es previsible de acá a las elecciones del año próximo
Si no hay una recuperación económica. Si no se percibe transversalmente en toda la sociedad, es previsible que Milei recorra un camino similar al de Mauricio Macri. ¿Cuál es el activo? Que al frente no hay nada. Ojo, en 2018 tampoco había nada; era una Cristina que podía ser, pero todo el mundo sabía el techo que tenía, muy similar a lo que le pasa a Kicillof: piso alto, techo bajo. Pero sabemos que todo se ordenó de la noche a la mañana, todo se ordenó con un tuit. Yo creo que acá Milei, entendiendo que no tiene nada al frente —por lo menos hasta ahora—, corre el gran riesgo de que todo se ordene.
¿Qué sería que todo se ordene?
Que encuentre un gran polo opositor, que hoy está muy desordenado y donde las diferencias son notorias, incluso ante la potestad de que el electorado te plantea que no quiere volver al pasado. Ya volvió al pasado y le fue mal en 2019, tuvo la experiencia de Alberto Fernández. Pero con un Milei con el 52% de imagen «muy mala», eso, en términos electorales, se expresa en que te votan cualquier cosa con tal de que se vaya Milei, muy parecido a lo que le pasaba al gobierno de Alberto Fernández. Digo, ¿por qué a Milei se le anexan 26 puntos más después de las generales? Por gente que quería cambiar; incluso sin conocer a Milei, su mal mayor era que siguiera gobernando el gobierno de turno. Entonces, que no haya nada en la vereda de enfrente es un activo a corto plazo, pero es un problema a mediano y largo plazo.
Cristian, tratando de ver ese mediano y largo plazo, cuando uno repasa los cuarenta y pocos años de democracia, lo que observa es que la tendencia del argentino a votar por outsiders, o por personas que no eran las favoritas, o no eran esperables, o tenían alguna originalidad, excentricidad o particularidad, no se da solo con Milei. A Néstor Kirchner no lo conocía nadie, y hay muchos que piensan que en aquel momento del «que se vayan todos», Néstor Kirchner gana simplemente porque era diferente a Menem, era diferente a los otros. Cuando uno va hacia atrás...
Menem fue un gran caso también.
Menem era otro caso.
La interna con Cafiero del 88.
Exactamente. Nadie hubiera esperado que no fuera Cafiero y que esa persona que lucía impresentable se convirtiera luego en un presidente de diez años. Si uno va hacia atrás también, Alfonsín es el padre de nuestra democracia, pero en su momento nadie imaginaba que podía ser presidente y lo que se suponía era que iba a ganar el peronismo. Y lo mismo Macri: nadie imaginaba que un empresario hubiese podido llegar a esa posición tan rápido partiendo de un partido tan pequeño. ¿Hay una tendencia de la sociedad argentina —y probablemente de muchas otras en diferentes lugares— a que, frente a la incomodidad o al malestar con el estado de cosas, prefieran a alguien raro y distinto, a ver si con alguien diferente se gana?
Sí, claramente. Bueno, caso Colombia: Abelardo de la Espriella es un caso claro para seguirlo.
¿Y eso no es un predictor para 2027 y un problema para Kicillof?
Pero deja de ser sorpresa. Es muy difícil que pueda mantener el capital de la sorpresa, de lo disruptivo, de lo distinto. Yo creo que el argentino —si nos centramos en Argentina y con este canal histórico que me parece interesantísimo— te da la oportunidad, da la oportunidad a lo distinto. Ahora, si no estás a la altura de las circunstancias, no tiene problema en cambiarte. Porque incluso si analizás el caso de Alberto Fernández: desde el momento cero se sabía que no tenía capital político, el capital lo tenían Cristina, el kirchnerismo y una parte Massa. Alberto jugaba sin fichas en ese partido, pero la gente le dio una cuota de confianza, incluso aún más en la pandemia, cuando llegó a tener un 70% de aprobación. Bueno, después se desmoronó por sus acciones, porque no hubo actores externos que lo desmoronaran: arrancó con la foto de Olivos y después, obviamente, siguió en el marco de una gestión que no era buena. El argentino te da una cuota de confianza, Milei es un claro ejemplo y a lo largo de la historia hubo muchos casos. Ahora depende de mantener ese nivel de expectativa. Creo que el kirchnerismo lo supo interpretar y creo que también arranca una construcción política: lo primero que hace Néstor Kirchner, producto de su triunfo, fue desconocer al padre, que fue Duhalde, cuando da esa elección de 2005. Yo no veo a Milei entendiendo la construcción política. No veo el armado de Milei entendiendo lo que es la construcción política, incluso con un Santilli que viene con una praxis mucho más desarrollada que cualquiera de los que estaban. No lo veo entendiendo, lo veo tropezando mucho y confiando en una forma de gobernar que sirve al corto plazo: mantener un núcleo duro fidelizado diciéndole lo que quiere escuchar y que el resto no importe. El verdadero desafío es perforar techos, no fidelizar pisos, ni hablar de cara a un proceso electoral. Entonces, separo lo económico y lo político, porque en lo económico —materia en la cual no me considero alguien capacitado para hablar, pero entiendo que hay una hoja de ruta— en lo político no la veo. Literalmente no la veo.
O sea, Cristian, dado que repetimos estas conversaciones con cierta regularidad, hoy decís que de 1 a 10 las posibilidades de Milei de ser reelecto son menos de 5.
Cinco o menos, sí. Me parece bien la definición, porque la posibilidad de un balotaje es alta. Entendiendo el «muy mala» de Milei, que es un porcentaje del electorado que lo único que quiere es que no siga Milei, obviamente hay una gran parte de votos de Massa en ese balotaje donde Milei no pescó un solo voto. No hay nadie que no haya votado a Milei que hoy lo votaría, y sí hay una erosión producto de no lograr mantener este nivel de expectativa.
Ahí está la síntesis: no hay nadie que no haya votado a Milei que lo votaría, y algunos de los que lo votaron no lo votarían.
Totalmente.
Y eso lo coloca por debajo del balotaje.
El resultado de las legislativas —por más que es muy importante aclarar que una elección legislativa no es lo mismo que una ejecutiva— te lo demarca. En el mejor de los escenarios, logrando un resultado extraordinario, sacás un 41%.
El 41% que perdió Mauricio Macri.
Exactamente, pero porque del otro lado hubo un 47%.
Exacto.
Por eso se especula con que mientras mantengamos esta pecera entre 33 y 40 somos competitivos. Pero entendé que si hay un balotaje, posiblemente el mejor de los escenarios para el Gobierno es que tengan que elegir entre Drácula y Frankenstein: «Bueno, no te gusta Milei, pero ojo que enfrente está el kirchnerismo». Pero si aparece algo distinto, si se ordena, si aparece... no sé cómo llamarlo, porque no es un tuit ordenador, sino algo que ordene, te puede salir el tiro por la culata.
Primeramente, el kirchnerismo sería el mejor antídoto para la derrota de Milei. Ahora, ¿Kicillof representa o es un significante de ese kirchnerismo? ¿Tendría que ser algo con capacidad de llegar al balotaje que no sea Kicillof, o algo que resignifique al propio Kicillof?
A Kicillof le es muy difícil sacarse la marca kirchnerista, no ser parte del pasado. Por eso, por más que salen muy de atrás y arrancan muy de atrás gobernadores con alto nivel de desconocimiento o outsiders, por lo menos pueden arrancar de menor a mayor. Yo creo que Kicillof está muy parecido a lo que era Cristina en 2019: piso alto, techo bajo. Cristina lo interpretó, se dio cuenta de que aportaba el piso yendo como candidata a vice y poniendo un candidato a presidente que acercara posiciones y perforara techos. Hay que ver si eso pasa, sumado a lo que ocurre en la provincia de Buenos Aires, que es una película en sí misma: la continuidad del peronismo en la provincia de Buenos Aires.
¿Pero no lo tiene más asegurado en la provincia de Buenos Aires que a nivel nacional?
Sí, por el aparato de los intendentes, que es determinante; intendentes que están viendo si sale o no la reelección de ellos.
Lo que vos estás diciendo es que, según desdoblen o no desdoblen, los intendentes jugarían diferente.
Lo que pasa es que, si desdoblan, garantizás o tenés amplias chances de mantener el poder en la Provincia, pero te quedás sin esa bala de plata para disputar las generales.
Y después es muy difícil gobernar una provincia como Buenos Aires, con 20% de coparticipación y 40% de la población, con un presidente en contra. Cristian, la seguimos.
Sí, señor.
Nos repetimos de acá a un par de meses. Muchísimas gracias.
Por favor.
MEG