El fuego no da tregua en la Patagonia y continúan los focos activos en los alerces y en otros tres parques nacionales. “Fuimos en ese primer momento a querer dar una mano”, dice Nazareno Calfullanca, brigadista voluntario de Cholila, Chubut, quien comenta que, en medio de las llamas, viento constante y pueblos amenazados por el fuego, la respuesta voluntaria se organiza muchas veces sin estructura previa, pero con una estrategia precisa: estar donde el incendio avanza hacia las casas, el bosque y la vida.
La experiencia de Calfullanca permite entender cómo operan estas brigadas voluntarias en el territorio, dado que no se trata de un reclutamiento formal. “Se explotó todo en Rivadavia, se estaba prendiendo toda la villa y lo primero que hago yo es llamar a un amigo”, contó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). Desde ese momento, el desplazamiento hacia la emergencia implicó motos dejadas en casas de familiares, kilómetros caminados, controles policiales y el cruce constante con vecinos evacuados. “10 kilómetros caminé”, recuerda.
Una vez en el lugar, el trabajo comienza sin parar. “Me puse a trabajar directamente, así como venía, con el cansancio que traía de la caminata”. La dinámica es caótica: “Apagábamos en un lado y se prendía en otro, los focos nos saltaban por adelante”. El escenario principal es el incendio de interfase, donde el fuego avanza entre casas y monte. “Ahí está todo enfocado a lo que es casa y bosque”, explica.
Las brigadas voluntarias se conforman, muchas veces, por acople. “Me encontré con unos chicos autoconvocados del Hoyo y me acoplé a ellos”. Luego vendrían brigadas oficiales de distintas provincias. “Trabajé con brigadistas de Misiones, después con Santa Cruz, con San Juan. Todos muy buena onda, me enseñaron un montón”. El aprendizaje se da en el terreno comenta Calfullanca: “Así se usa esta herramienta, así trabajamos nosotros, todo el protocolo”.
El trabajo físico es extremo y continuo. “Salen 7 u 8 de la mañana a terreno y vuelven 6 de la tarde, y si hay un incendio de interfase tenés que salir igual”. Las condiciones no siempre son seguras. El brigadista contó su accidente con naturalidad: “Me trompecé con un palo y caí al fuego. Por milagro no me quemo, pero me fracturé el dedo”. Aun así, regresó al frente: “Me curé, paré un día, me puse una venda y seguí laburando”.
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Con la experiencia acumulada, muchos voluntarios terminan organizándose. “Me armé una brigada de autoconvocados”, relató. Así nació la brigada Los Escorpiones. “Somos chicos humildes, chicos de barrio”. Se trata de grupos pequeños, orientados al ataque rápido. “Nos preocupa sobre todo el incendio de interfase, el que llega a las casas”.
La logística es precaria. “Comen lo que les dan en el terreno. A veces la vianda, con el calor, no llega en buen estado”. Sin embargo, la motivación persiste. “Dejan el alma, la vida, dejan su familia”. El vínculo con el territorio también es clave: “Yo tengo conocimiento del terreno, tengo capacitaciones, eso ayuda mucho”.
El daño es grave y aún difícil de dimensionar. “Yo creo que un 70% de Cholila se ha quemado”, dijo, aunque aclaró que no tiene cifras oficiales. “Las veranadas, las invernadas, las cordilleras están totalmente quemadas”. Y el peligro continúa: “Mientras no llueva, no va a parar”.
El desafío no termina con el control del fuego. “Va a haber mucho trabajo después, en la reconstrucción, las casas, el forraje para los animales”. Por eso, el pedido final apunta al acompañamiento estatal: “Espero que el gobierno pueda ayudar a todas estas familias afectadas, a los damnificados por el fuego”.
RM