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MODO FONTEVECCHIA
CRISIS EN LA ERA DE MILEI

Desintegración laboral sin desempleo: cómo es el fenómeno que afecta a la Argentina

"Es un desempleo oculto", afirma Agustín Salvia, al describir un proceso en el que miles de personas dejan el empleo formal para volcarse a actividades independientes de subsistencia, con jornadas más largas y condiciones laborales cuestionables.

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Salvia. Para el sociólogo, “la línea de pobreza está envejecida”. | cedoc

El investigador del CONICET Agustín Salvia sostiene que existe una "desintegración laboral sin desempleo", porque "se aceleró un proceso de autogeneración de empleo" que absorbe la desocupación, pero con mayor precariedad. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), advirtió que "la Argentina está teniendo un proceso de fragmentación del mercado de trabajo" y definió este fenómeno como "un desempleo oculto", impulsado por el crecimiento de actividades informales y de baja productividad.

Agustín Salvia es un sociólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió su doctorado en Ciencias Sociales en el Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México. Actualmente es investigador del CONICET, desempeñándose como director del programa Cambio Estructural y Desigualdad Social en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires. Además, es jefe del Observatorio de la Deuda Social en el Departamento de Investigaciones Institucionales en la Universidad Católica Argentina.

Especialmente queríamos que nos expliques la "desintegración laboral sin desempleo". O sea, esta característica de la etapa de Milei. ¿Cómo es eso y cómo llegamos a eso?

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Es para un tratado. El análisis, que no es lineal, vinculado a la información oficial o tradicional que brindan los datos de la Encuesta Permanente de Hogares, y otras encuestas, siempre te permiten ver un poco la parte de la superficie de los procesos económicos, sociales, ocupacionales. La mirada aguda de la investigación científica permite ver otras cosas.

¿Qué ves? Efectivamente parece que el desempleo no crece en un contexto recesivo, donde se cierran empresas. Sin embargo, hay un proceso profundo, y que no es nuevo, viene ya desde hace 10, 15 años, pero que se acelera en el contexto de la etapa de Milei. ¿Qué es esto? Es que los tres segmentos, las tres Argentinas, profundizan sus desigualdades alrededor del mundo del trabajo. La estructura social del empleo, de una u otra manera, es la parte más importante de la reproducción social. Aporta el 75, 80% de los ingresos de las familias, el mundo del trabajo.

Y cuando mirás eso, ves que, hace 10 años atrás, los sectores que hacían mayor aporte al valor agregado eran la industria, la construcción, el comercio, la educación y la salud. Cuando mirás hoy cuál es, entre el 2023 y el 2025, el mayor aporte al valor agregado, lo da la minería, la agricultura, los sectores primarios, las finanzas y los servicios a las empresas. Te está dando claro que algo cambió en el modelo productivo, en el régimen económico. Y que eso no se traduce en desempleo, por mucho que ha habido reconversiones productivas, cierres de empresas.

Lo que está pasando es que se aceleró un proceso de autoempleo, de autogeneración de empleo, de desarrollo de actividades de pequeña y muy baja productividad en las microempresas o microemprendimientos familiares o personales. Y que lo que ya tenía la Argentina, que era efectivamente un 25 o 30% de la fuerza de trabajo vinculada a una economía informal de subsistencia, se ha incrementado en forma importante, absorbiendo el desempleo.

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Es un desempleo oculto, pero bueno, absorbiendo el desempleo. Es un desempleo con mayor precariedad laboral, incluso, en algunos casos, con vocación por parte de los trabajadores a movilizarse a esos segmentos que no son transables y en los cuales, si compiten con mayor calificación profesional que los que ya tenían, logran mejores remuneraciones en servicios como mantenimiento, plomería, electricidad, servicio doméstico, que los que ya tenían antes. Porque vienen segmentos con mayor calificación.

La uberización, lo mismo. Las actividades de transporte vía plataformas o trabajos de servicios personales logran tener hoy un espacio. ¿Frente a qué demanda? La demanda de los sectores medios, no. La demanda del segmento que, del 30% de la mano de obra en Argentina, de la fuerza de trabajo en Argentina, participa en forma mucho más integrada del aumento de la productividad que están generando los sectores dinámicos y sobre los cuales la negociación colectiva, aunque más fragmentada que hace 10, 15 años, les da ventajas comparativas con respecto al resto de los trabajadores.

Es decir, logran mejoras salariales con mayor autoexplotación laboral, pero con mejoras salariales en los sectores dinámicos. No solamente por lo regional, Vaca Muerta, sino todo lo que tenga que ver con energía, agroindustria, finanzas, servicios a las empresas. Tienen hoy por hoy un aumento de las remuneraciones que igualan o van por arriba de la inflación. Mejoran la situación que se tenía antes de Milei. No importa qué pasa políticamente, pero económicamente son los demandantes de bienes y servicios de consumo más sofisticados: el turismo o los servicios personales de cuidado o de higiene. Todo eso tiende a movilizar al segmento más informal de trabajo, abajo, no con mejores remuneraciones, pero sí con más posibilidades de trabajo.

Entonces, la Argentina está teniendo un proceso de fragmentación del mercado de trabajo, con un fuerte debilitamiento del segmento formal asalariado privado, tanto también del segmento público del empleo, y un incremento importante de los segmentos informales, con una fuerte división entre actividades de subsistencia en los sectores más marginados y pobres, de un segmento de clase media más tradicionalmente vinculado al mercado de trabajo formal y que ahora se está acostumbrando a hacer cuenta propia, autoempleo, a trabajar de manera dependiente en actividades de comercio, de servicios personales. Y ese proceso de deterioro del mercado de trabajo, lo acelera el cambio de régimen económico y político-económico de Milei.

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Acá encuentro tres dimensiones. Una tecnológica, que es algo que no había antes, que eran las apps, que permiten organizar el cuentapropismo dentro de una organización más grande. Otra que tiene que ver con lo que debe suceder en cualquier país del mundo que haya una crisis económica, o en los países muy subdesarrollados, donde el cuentapropismo es la única forma de sobrevivir. Me imagino situaciones como en África, donde debe haber países con el 80% de la gente autoempleada.

Y luego otra dimensión de orden sociocultural, de subjetividad de época, donde determinadas personas, no por una cuestión de precariedad económica, sino por el contrario, prefieren autoemplearse, inclusive con mejores ventajas desde el punto de vista material. Estas tres dimensiones, ¿se dan en otras partes del mundo o es un fenómeno que en la Argentina se da de una manera distinta? Y, en ese caso, ¿por qué?

Es un fenómeno general, pero en la Argentina tendrías una situación, al menos, que hace la diferencia de toda esta dinámica que está ocurriendo. Vos ya tenías en la Argentina un segmento relativamente formalizado, vinculado al mercado interno, con normas y regulaciones de tipo más tradicionales, más asalariadas, más de relación de dependencia, más de trayectoria ocupacional orientada a un proceso de protección social, previsión social y seguridad social.

Y ese segmento, en el contexto del cambio tecnológico, en el contexto del cambio de época y en el contexto de estas organizaciones o empresas que asimilan efectivamente trabajo cuenta propia bajo una relación mercantil y no asalariada, hacen que esos segmentos sean altamente proclives a incorporarse a este cambio de relaciones laborales o del mundo del trabajo.

Lo hacen, te diría que ahí es tanto el modelo vocacional, cultural, que puede estar ocurriendo en algunos países desarrollados. Aparece más como una necesidad que como una oportunidad. Aparece más como forzados a llevar adelante eso, porque no hay otras condiciones de oportunidad para algo distinto.

El que quedó desocupado en la construcción o en la industria se uberiza rápidamente porque no tiene tiempo de esperar a que el sector formal se dinamice y haya un puesto asalariado que lo incorpore. Dice: "Yo no tengo tiempo ni tengo los recursos, tengo que ponerme a trabajar en lo que sea". Y trabajaba antes ocho horas y ahora tiene que trabajar catorce, quince, para ganar lo mismo.

Ese segmento puede estar incorporado culturalmente a decir: "Ah, bueno, soy un trabajador independiente". No es real. Sus condiciones de vida se han precarizado. Le duele la espalda, tiene otros problemas, digamos, tiene menos tiempo para ocuparse de la familia, menos tiempo de recreación.

Hay un determinado segmento intermedio, formal, que teníamos en Argentina, en un contexto distinto a lo que ocurre en otros países, donde ese segmento encuentra oportunidades de movilidad social ascendente o, por lo menos, de tener mejores condiciones de trabajo o encontrarse con mejores condiciones de trabajo. Y en el nuestro no. En realidad aparece quizás el espejito de color de la independencia o de la autonomía laboral, pero te precariza las condiciones.

Todos los otros indicadores que tenemos dan cuenta de eso. Son los segmentos que se endeudan y no pueden pagar, son los segmentos que terminan destruyendo el auto porque, pagando el seguro, pero después el auto se deteriora y ya no sirve para un servicio de excelencia. Son proyectos de subsistencia, de sobrevivencia, duran tres, cuatro años y después tenés que remontar esto. Significa muchas dificultades para ese segmento laboral.

Mientras que los trabajadores asalariados dicen: "Acepto que me bajen el salario porque no quiero que cierren la empresa, porque cualquier cambio va a producir un deterioro aún mayor". Los datos que presentamos en el informe son estos: todos aquellos que se movilizaron del sector privado formal o incluso público hacia segmentos de autoempleo, ya sean formales o informales, ya sean gente con monotributo o autónomos sin monotributo, todos ellos deterioraron su condición económica.

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¿Hay, en la duración respecto de la sustentabilidad del proyecto, algo parecido a lo que fue en los 90, las indemnizaciones para convertirse en algún tipo de actividad cuentapropista que luego no resistió? En lugar de Uber, el remis propio.

Sí, es así. Creo que el proyecto político-económico del gobierno apunta a que eso no sea transitorio y que, en una fase de expansión de sectores primarios que queden en cadenas de producción interna, los trate de absorber o, por lo menos, de fragmentar. Eso no está ocurriendo.

Ese es el cuello de botella, un problema del modelo actual, que no está creando o generando los niveles de inversión que requieren los segmentos intermedios, que hagan posible que esas inversiones que hace la gente alrededor de un remis, de una cafetería o creando un servicio de comida, vendiendo por internet, que todo eso solo es sostenible en la medida en que mejora el consumo interno y que hay un crecimiento con mayor consumo interno y que aumente la productividad general de la economía.

Ahí hay un punto intermedio. Se está aumentando la productividad de la economía en los sectores que ya venían con alto nivel de productividad, pero los segmentos intermedios no despegan en materia de inversión y creación de empleo, solo de autoempleo, no de creación de empleo con mayor capacidad de consumo. Y, por lo tanto, ahí hay un cuello de botella.

Otro gobierno podría haber encarado el mismo proceso de transformación, quizás no tan dramático, con costos sociales tan importantes. Pero creo que el sistema no daba para más y esta reconversión económico-productiva tiende a un componente de necesidad, a nivel de lo que ocurre en el mercado global.

Y lo está haciendo a un costo del mercado interno muy elevado, pero esperando algo que yo estoy convencido de que el gobierno ya venía esperando en el 2024, en el 2025, que ocurriese, y no ocurrió, y tampoco está claro que ocurra en el 2026. Que es que el argentino con capacidad de inversión cree empresas y genere mayor demanda agregada.

Esa mayor demanda agregada no se está generando. Porque no hay esa inversión, porque la gente prefiere atesorar más que invertir, porque no hay seguridades, por lo que fuese. Y esa dinámica hace que esos segmentos se vean claramente muy afectados a un proceso de dualización económica. Es decir, sean expulsados hacia los segmentos de más baja productividad, que requieren asistencia pública, y que todo se deteriore en su mundo de vida, y que haya una pobreza estructural en Argentina más crónica que la que tenemos hoy.

Es decir, efectivamente, lo que creo, en comparación, me parece interesante, es que aquello que prometían 1992, 1993, 1994, después de la crisis del 95 y el 97, que significaba un proceso de movilidad social ascendente para jóvenes profesionales o técnicos o clases medias-medias, esa es la expectativa en juego. Pero no está claro que el modelo actual garantice un resultado exitoso para esos segmentos.

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