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Disputa global creciente

Día 787: La paradoja china de Javier Milei

La estrategia de alineamiento con Estados Unidos convive con decisiones económicas que terminan favoreciendo a China. A medida que se profundiza la apertura comercial, esa tensión empieza a mostrar costos políticos y económicos.

DÍA 787: LA PARADOJA CHINA DE JAVIER MILEI
A pesar de críticas previas al "comunismo chino", Milei ha renovado acuerdos como el swap de monedas por 18.000 millones de dólares | Producción Modo Fontevecchia

Una antigua parábola china cuenta que un hombre quiere robar una campana y, como sabe que hará mucho ruido y lo descubrirán, decide taparse los oídos. Este breve relato -atribuido a Han Feizi, el llamadoMaquiavelo chino”- ilustra la necedad de negar la realidad para evitar sus consecuencias. Algo parecido parece ocurrirle a nuestro presidente, Javier Milei, cuya política económica termina favoreciendo a China, rival geopolítico de su principal aliado, Donald Trump, y el país que mejor demuestra que el intervencionismo estatal fue clave para construir una potencia global.

¿Seguirá el Presidente tapándose los oídos? La apertura de las importaciones permitió que plataformas como Temu y Shein inunden el mercado de productos textiles, poniendo en riesgo a miles de pymes locales.

De hecho, más de la mitad de las compañías argentinas del sector textil reportó caídas en sus ventas en 2025 en comparación con el año anterior, y cerca del 60 % redujo su planta de personal, mientras que solo un 35 % espera recuperar niveles de producción comparables a 2023.

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Además, el crecimiento de las importaciones ha tenido impacto directo en el empleo: desde que se flexibilizaron las normas de importación con la gestión actual, se estimó que el sector ya perdió alrededor de 10.000 puestos de trabajo en la industria textil, en parte por la incapacidad de las PyMEs locales de competir con la oferta extranjera y el ingreso masivo de prendas importadas

En ese contexto, Mercado Libre, la empresa de Marcos Galperín -el argentino más rico del país y uno de los principales aliados del Presidente- denunció a Temu porcompetencia desleal y publicidad engañosa”. Como si fuera poco, el aperturismo extremo de Milei también lo llevó a enfrentarse con otro aliado estratégico, Paolo Rocca, a partir de la licitación de los caños para un gasoducto de Vaca Muerta.

Desde Techint sostienen que el acero utilizado por la empresa india ganadora está subsidiado por China y forma parte de la estrategia agresiva del gigante asiático para avanzar comercialmente sobre el mundo, mientras Estados Unidos responde con aranceles. Hay un concepto chino que esnán yuán běi zhé”. Literalmente significa: “conducir el carruaje hacia el sur queriendo ir al norte”. Es exactamente lo que sucede a Milei. Por un lado, está de acuerdo con el total libre comercio y cree que debe haber libre competencia y que las empresas que vendan mejores productos y más baratos deben sobrevivir sin importar si son argentinas o extranjeras. Esa es la mejor manera de favorecer al capitalismo.

Sin embargo, cuando aplica ese principio la partida la ganan empresas chinas que son respaldadas por el Estado. Es decir, no subsidia ni ayuda a las empresas argentinas para que compitan y estas son derrotadas por las empresas chinas.

Por otro lado, tiene un alineamiento total con Estados Unidos, pero esta política favorece a China que justamente busca colocar mayor cantidad de productos en el mundo desde que el propio Trump le subió los aranceles. Entonces la situación es la siguiente. Estados Unidos trata de dañar a China subiendo los aranceles, que necesita compensar esa falta de ventas en suelo norteamericano, colocando más productos en otros lados y la política de Milei, el principal aliado de Trump en la región le sirve al gigante asiático para poder hacerlo.

Si vamos más al centro de todo este manojo de contradicciones y paradojas, Milei cree en un mundo libertario en el que el Estado no se meta en la vida de los individuos y deje competir libremente a las empresas y es aliado de Trump, el presidente proteccionista que le pone aranceles a todos los países para proteger su industria.

Si Milei realmente luchara por un mundo librecambista, debería oponerse a las políticas de Trump. Pero no, pareciera que en el fondo más que un mundo libertario es un mundo reaccionario en el que los derechos de las mujeres, las minorías sexuales y el cuidado del medioambiente. En eso sí está de acuerdo, en la agenda de la batalla cultural contra los valores del progresismo pero Trump defiende a los obreros norteamericanos mientras Milei no.

Y si bien Trump lo invita a la CPAC y se plantea la necesidad de la batalla cultural, lo que realmente le preocupa es la propia lucha geopolítica que libra con China. Por eso el propio titular del Tesoro norteamericano, Scott Bessent le dijo que hay que terminar con la influencia de China en el país. Algo que parece estar cada vez más lejos de ocurrir.

En 1938, León Trotsky veía la potencialidad del inicio de una Segunda Guerra y del deterioro brutal de las condiciones de vida en la mayoría del mundo. En ese momento dijo: “La crisis histórica de la humanidad es en realidad la crisis de su dirección revolucionaria”. Es decir, según él, había condiciones para el socialismo y una vida mejor para las masas, pero las direcciones de los partidos socialdemócratas y estalinistas eran, según él, los que bloqueban estas revoluciones.

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Trump y Xi Jinping, en el centro de la creciente tensión entre las dos principales potencias globales
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Los aranceles impulsados por Donald Trump reactivaron la guerra comercial con China

Parafraseando un poco sus palabras, podríamos pensar que la actual crisis económica y social del planeta es la crisis de sus élites. Hay condiciones de producción y tecnológicas para mejoras dentro del sistema capitalista, pero no hay una élite global con un proyecto común. Según Peter Turchin en “Final de partida. Élites, contraélites y el camino a la desintegración política”, la historia de la humanidad no avanza como dice Marx por el motor de la lucha de clases, sino por el conflicto entre élites generado por la sobreproducción que ellas mismas provocan.

Las masas aparecen luego instrumentalizadas por diferentes fracciones de las élites que son desplazadas o perjudicadas en un determinado proceso histórico. La burguesía en La Revolución Francesa contra la monarquía o muchos sectores de clase media en las revoluciones llamadas comunistas.

En el mundo, un sector de la élite claramente entendió que los consensos globalistas, China, los impuestos a las riquezas y el Estado de bienestar eran un problema para el desarrollo de sus negocios y parece haber recurrido a la extrema derecha para borrar de un plumazo estas condicionalidades. Del otro lado, hay otro sector de la élite que ve con desconfianza a estos líderes y prefiere buscar alternativas más de centro o inclusive progresistas.

En Brasil esto fue muy claro con el grupo O Globo que primero apoyó a Bolsonaro y luego se fue espantado detrás de Lula, aun después de que había fomentado su prisión. En nuestro país, están en su momento de mayor confusión.

Mientras que el Centro de Economía Política Argentina indica que hay casi 20 mil empresas que cerraron desde que empezó la gestión libertaria y los dos empresarios más ricos del país enfrentan las consecuencias de la apertura indiscriminada a los productos chinos, los industriales nucleados en la UIA siguen esperando una reforma laboral.

Tal vez deberían recordar una vieja distinción formulada por otro dirigente chino prominente, Mao Zedong, en su Libro Rojo: en la política y en la vida existen contradicciones primarias y contradicciones secundarias. En la Argentina actual, la contradicción primaria del empresariado no es con sus trabajadores, sino con el capital internacional -en especial el chino-, mientras la disputa laboral es secundaria. Sin embargo, muchos siguen guiándose más por prejuicios ideológicos.

Mientras los chinos siguen manteniendo al campo argentino. En diciembre pasado, la empresa estatal Cofco International Ltd adquirió un cargamento de 65 mil toneladas de trigo argentino. Hace algunos días, un conjunto de fabricantes de alimentos realizó otra operación que no tiene precedentes: compró 30 mil toneladas de harina de soja argentina. Toda una maniobra que podría despertar el enojo de los productores estadounidenses, que venden poroto de soja a China, y convertirse en un dolor de cabeza para Trump.

Todo marcha de acuerdo al plan”, pero no del gobierno, sino del Partido Comunista chino, paradojas del primer gobierno anarco capitalista de la historia. ¿Será que la posición dominante de China y su penetración en la economía hace que seamos sinodependientes y no podamos cumplir con los pedidos de Trump y Bessent?

Según una excelente nota de Simone McCarthy para CNN, cuyo título traducido es “China lleva décadas incursionando en América Latina. ¿La «doctrina Donroe» la expulsará?” se le complicará bastante a Trump poder frenar el avance del gigante asiático en la región.

Fijense en el título el concepto de doctrina Donroe. La “doctrina Donroe” es el nombre informal de la política con la que EE. UU. busca frenar o expulsar la influencia china en América Latina. Inspirada en la vieja Doctrina Monroe, plantea que infraestructuras estratégicas -puertos, energía, telecomunicaciones- son asuntos de seguridad hemisférica, justificando presión diplomática, económica e incluso sanciones para limitar la presencia de potencias extrahemisféricas.

El artículo subraya que esta ofensiva llega después de dos décadas en las que China construyó una red profunda de relaciones en la región. El comercio bilateral alcanza cifras récord -cerca de medio billón de dólares anuales- y la financiación china en infraestructura supera los 300.000 millones desde 2000. Empresas vinculadas a Beijing participan en minería de cobre y litio, redes eléctricas, fibra óptica, puertos estratégicos como el de Chancay en Perú y fábricas automotrices en Brasil. Para muchos países, estos proyectos llenaron vacíos de inversión, aceleraron la logística y ofrecieron financiamiento que Occidente no proporcionaba con la misma escala o rapidez. Desde la mirada local, la cooperación con China aparece menos como una alineación ideológica que como una oportunidad de desarrollo.

El presidente chino Xi Jinping
Xi Jinping, líder del Partido Comunista chino, impulsa la expansión económica del país

Sin embargo, la presión estadounidense introduce costos políticos crecientes. Casos como Panamá -que anuló contratos portuarios ligados a Hong Kong- muestran cómo la rivalidad entre potencias puede forzar decisiones soberanas difíciles. Analistas citados advierten que Washington exige limitar la presencia china en sectores estratégicos, mientras que Beijing busca tranquilizar a sus socios, enfatizando que su enfoque es económico y no militar. China no parece dispuesta a retirarse: más bien apunta a recalibrar su presencia hacia áreas menos sensibles, como energía verde, salud o logística.

Si bien Trump supone un endurecimiento de la política norteamericana con respecto a China, ya en Biden estaba presente la preocupación por la disputa geopolítica con el gigante asiático.

Además, es interesante como Milei atrasa más de 25 años con su planteo frente a las importaciones. Lo que dice Milei ahora, ya lo decía Clinton a fines de los noventa en Estados Unidos. El expresidente nortemaricano planteaba que lo más importante era que los ciudadanos consigan mejores productos a menor precio y ganó las elecciones.

Más de dos décadas después, Trump explica que lo más importante son los puestos de trabajo norteamericanos y Milei siguió anclado a una discusión sostenida principalmente por un expresidente demócrata. Las paradojas son interminables.

Volviendo al presente, el trasfondo es que América Latina se convierte en un laboratorio de la competencia global entre superpotencias. Estados Unidos intenta recuperar influencia histórica ofreciendo alternativas financieras, aunque expertos dudan de que el sector privado norteamericano iguale la capacidad de inversión estatal china. Los gobiernos regionales, por su parte, procuran equilibrar intereses para evitar depender exclusivamente de uno u otro bloque. El resultado es una región atrapada en una puja estratégica mayor, donde infraestructura, comercio y diplomacia se transforman en instrumentos de poder, y donde cada decisión económica adquiere una dimensión geopolítica.

De hecho, según la autora no se puede entender la intervención de Trump y Venezuela y la posterior captura del mandatario Nicolás Maduro si no se tiene en cuenta la disputa geopolítica de Estados Unidos con China y la doctrina Donroe. China, aliada desde hace mucho tiempo del gobierno de Caracas, ha invertido durante años en los yacimientos petrolíferos y la infraestructura del país sudamericano. La salida de Maduro supone un duro golpe para esa alianza, que podría dejar a los bancos chinos con miles de millones de dólares en deuda venezolana impaga.

¿Será consciente Javier Milei de todo este trasfondo o simplemente estará pensando que si abre las importaciones los argentinos comprarán productos más baratos y de esta manera se ayuda a controlar la inflación, principal activo para seguir ganando elecciones? En ese sentido, el libertario parece estar tironeado por ambos lados. Por un lado, la apertura de las importaciones lo ayuda a bajar los precios, pero si enoja Bessent no hay más línea de crédito y sin dólares frescos, el valor de la divisa norteamericana sube y con ella, los mismos precios que quiere controlar vía apertura importadora.

Como pueden ver, la acumulación de contradicciones en el Gobierno es alarmante.

Si no encuentra la solución a ellas, pueden terminar en un cóctel explosivo.

Por ahora, las contraprestaciones de la ayuda de Trump y Bessent no se manifestaron con fuerza. Milei hace los deberes y vota siempre junto a Estados Unidos en las Naciones Unidas y viaja seguido a Mar-a-Lago. Pero, ¿qué hará cuando efectivamente el titular del Tesoro le plantee que tome medidas económicas contra China?

Probablemente, con el triunfo de gobiernos de derecha en la región como en Chile, Bolivia, Ecuador y ahora Costa Rica, tenga más aliados y sus exigencias para enviar dinero aumenten. Hasta ahora Milei vino usufructuando la suerte de ser el único aliado de Trump en Sudamérica, eso con el triunfo de Paz en Bolivia y Kast en Chile dejará de ser así.

Todo esto, suponiendo que Trump sigue manejando la política global con la libertad con la que lo viene haciendo. El 3 de noviembre hay elecciones legislativas en Estados Unidos y en general siempre son difíciles para el partido oficialista.

Si bien falta mucho, las primeras encuestas dan una ventaja para los demócratas y es imprescindible preguntarse cuál sería el impacto en la economía argentina de una derrota trumpista. Imaginemos ese escenario. La crisis generada luego de las derrotas legislativas del 2025 en la que los bonistas empezaron a cambiar sus bonos por dólares, lo que provocaba el alza de la divisa norteamericana, la perforación de la banda con la consecuente suba del riesgo país y la pérdida de margen para el financiamiento externo, fue frenada por el respaldo de Trump y Bessent.

Es decir, hay confianza del mercado en Milei porque nuestro Presidente está respaldado por la primera potencia económica del mundo. ¿Qué pasaría si esto de repente dejaría de ser así porque Trump ya no tiene tanto margen político?

Probablemente, en ese caso las consecuencias serían conocidas: mayor volatilidad cambiaria, presión sobre los activos financieros locales y una reconfiguración de las expectativas de los inversores internacionales, con impacto directo en tasas de interés, riesgo país y disponibilidad de financiamiento externo.

¿Correría Milei detrás de los malvados comunistas chinos con los que juró en campaña que no se relacionaría? Probablemente. Por otro lado, un triunfo de Trump y un aumento de las exigencias de restricción comercial con China tendría un impacto económico negativo sobre el campo, el generador de divisas y motor de la economía argentina. Como ven, la paradoja china de Javier Milei exige empezar a reconocerla y a tener política para ir desenredando los nudos.

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Por ahora, el Presidente, al igual que el ladrón de campanas de Han Fei, sigue tapándose los oídos.

Producción de textos e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MV/LT