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Día 837: Kicillof y la táctica "catch all" de Lula para vencer a Milei

El giro discursivo y estratégico del gobernador refleja un intento de ampliar su base electoral más allá del kirchnerismo tradicional. A través de gestos pragmáticos y señales hacia distintos sectores, busca posicionarse como una alternativa competitiva frente a la derecha sin romper su identidad.

DÍA 837: KICILLOF Y LA TÁCTICA “CATCH ALL” DE LULA PARA VENCER A MILEI
DÍA 837: KICILLOF Y LA TÁCTICA “CATCH ALL” DE LULA PARA VENCER A MILEI | Net TV

El politólogo alemán, Otto Kirchheimer, desarrolló el concepto de catch-all, partido atrapatodo, al observar cómo los partidos de masas europeos de posguerra abandonan su rigidez ideológica para sobrevivir en democracias de consumo. Argumentó que, para capturar un electorado más amplio, estas organizaciones debieron desdibujar su identidad de clase y fortalecer el rol de los líderes mediáticos sobre la militancia de base.

Así, el partido se transformó en una estructura pragmática que prioriza el éxito electoral inmediato y la gestión técnica, sacrificando la profundidad doctrinaria para atraer a grupos sociales diversos y contradictorios entre sí. Varios politólogos coinciden en que la evolución de Luiz Inácio Lula da Silva es el caso de estudio perfecto para entender la transformación de un partido de cuadros en una maquinaria "catch-all". Si bien el Partido de los Trabajadores (PT) nació con una identidad obrera y socialista muy marcada en los 80, Lula, para vencer a Bolsonaro e incluso en este tercer mandato ha profundizado su pragmatismo y amplitud ideológica.

De hecho, eligió como vicepresidente a Geraldo Alckmin, de centroderecha, algo así como el Macri brasileño.

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Axel Kicillof parece con sus gestos y declaraciones iniciar un proceso de transformación en un candidato catch-all para vencer a Milei. Un día participa de una movilización contra una ley del Gobierno, al otro se saluda con Macri, al otro después de haber dicho que no la indultaría si fuera presidente declara que Cristina Kirchner es inocente y al siguiente publica una columna en Clarín o se reúne con el gobernador radical de Santa Fe, Maximiliano Pullaro.

La Cámpora lo acusa de traición, pero por ahora no logra frenar su crecimiento político. Recientemente, la agrupación kirchnerista perdió la conducción y la mayoría de la representación del PJ bonaerense.

¿Alcanzarán los gestos de Kicillof para construir la idea de un candidato más amplio que excede el repertorio kirchnerista? ¿Deberá actualizar su programa de Gobierno y acercarse a figuras más de centroderecha como Miguel Ángel Pichetto o Horacio Rodríguez Larreta?

El Partido de Lula se llama Partido de los Trabajadores, pero no hay solo referencias a obreros, ni mucho menos a conflicto sindical. Hay gente trabajando, personas felices haciendo sus tareas, haciendo mover al país, mientras se lo ve a Lula haciendo política, gestionando y unido a su pueblo, como una pieza más, una importante, pero otra pieza al fin, de una máquina viva que es Brasil. No habla de lucha, habla de reconstrucción, amor, unión.

En México, Morena es el ejemplo actual más potente de un partido atrapatodo. Aunque nació con una narrativa de izquierda nacionalista, ha logrado aglutinar a sectores que van desde exmilitantes del PRI y el PAN hasta movimientos sociales, empresarios y sectores religiosos. Su éxito radica en una plataforma basada en el combate a la corrupción y la justicia social, conceptos lo suficientemente amplios como para que casi cualquier ciudadano pueda sentirse representado sin necesidad de adherir a un manifiesto socialista tradicional.

Está también el caso de Emmanuel Macron en Francia con su partido Renacimiento que es emblemático. Se fundó explícitamente bajo la premisa de "ni derecha ni izquierda", buscando capturar el centro político y atraer a profesionales urbanos, moderados de ambos bandos y sectores que priorizan la gestión técnica y la estabilidad de la Unión Europea por sobre las disputas ideológicas clásicas.

Este espacio logró en varias ocasiones con diferentes aliados como La France Insoumise, frenar el avance del Frente Nacional de Marion Anne Perrine Le Pen, la extrema derecha francesa.

Volviendo a Axel Kicillof, recientemente tuvo gestos bastante polémicos teniendo en cuenta su procedencia. La publicación de una columna en el diario Clarín firmada por Axel Kicillof, con motivo de los 250 años de La riqueza de las naciones, parece responder a una táctica de doble pinza por parte del gobernador.

Por un lado, el gesto implica un distanciamiento nítido respecto al núcleo duro del kirchnerismo en un momento de alta sensibilidad política. Apenas días antes de que La Cámpora entronizara la consigna "Cristina Libre" como eje central de su movilización para el 24 de marzo -marcada por la tradicional caminata propia desde la ex ESMA hasta la sede de San José 1111-, Kicillof decidió ocupar espacio en las páginas del medio que la expresidenta señala como el artífice intelectual de su persecución. Según la narrativa de Fernández de Kirchner, Héctor Magnetto es quien desea verla "presa o muerta" a través de sus supuestos esbirros judiciales.

Al publicar allí, Kicillof se sustrae de esa lógica de confrontación total y, aunque mantenga formalmente el reclamo por la situación judicial de la exmandataria, fuerza una ruptura simbólica innegable. El gobernador parece buscar activamente que la propia organización liderada por Máximo Kirchner lo señale como alguien que ya no pertenece estrictamente a ese redil.

Por otro lado, esta intervención le permite proyectar una imagen de mayor pragmatismo ante el círculo rojo y los sectores políticos no kirchneristas que, durante la larga disputa entre el Gobierno y el holding mediático, se posicionaron del lado de este último. Al elegir un aniversario de la obra fundacional de Adam Smith para expresarse, Kicillof ensaya una interlocución con el mundo empresarial y los espacios opositores moderados. Es un intento de demostrar que su gestión puede trascender las batallas culturales del pasado y ofrecer una alternativa política capaz de dialogar con actores que el kirchnerismo residual considera enemigos irreconciliables.

Ahora, es cierto que como ahora reivindica críticamente a Adam Smith, Kicillof también ha negado su concepto más famoso. De “la mano invisible del mercado” no existe a reivindicar críticamente a su creador, todo en unos veinte días. Probablemente no sea algo errático, sino justamente aquella búsqueda de mostrase pragmático. Una suerte de emulación de Sergio Massa sin la carga de la derrota electoral y los números descontrolados de la inflación.

En definitiva, el texto en Clarín funciona como una declaración de autonomía y una carta de presentación para un proyecto político que aspira a capturar adhesiones más allá de las fronteras del movimiento que lo vio nacer.

Es interesante este fragmento por sus sutilezas. Kicillof dice Cristina inocente”, lo que no es exactamente igual a Cristina Libre, ni mucho menos a que en el kirchnerismo no hubo corrupción. La inocencia la deja en Cristina y tampoco dice que tiene que estar en libertad. Luego, plantea que hay que “luchar para adelante y para el futuro”.

Hay otros ejemplos de coaliciones atrapatodo que lograron frenar el avance de la extrema derecha. Uno de los casos más emblemáticos es de las últimas elecciones de Alemania.

El triunfo de la Unión (CDU/CSU) en las elecciones alemanas de febrero de 2025 consolidó a Friedrich Merz como el nuevo canciller tras un giro pragmático que frenó el avance de la ultraderecha. La campaña de Merz se centró en la seguridad, el control migratorio y la competitividad económica, presentándose como la única alternativa sólida frente a la crisis del anterior gobierno tripartito. Para neutralizar a Alternativa para Alemania (AfD), que alcanzó un histórico 20%, la CDU aplicó un estricto cordón sanitario, descartando cualquier pacto con ellos y atrayendo a votantes moderados que buscaban estabilidad. En el Congreso, la fragmentación obligó a revivir la Gran Coalición entre la CDU y el Partido Socialdemócrata (SPD). Aunque el SPD de Olaf Scholz sufrió una fuerte caída, se convirtió en el socio necesario para alcanzar la mayoría de 316 escaños. El proceso de investidura fue dramático: Merz fracasó en la primera votación por disidencias internas, pero logró el cargo en la segunda vuelta con 325 votos.

Esta coalición bipartidista ahora gobierna bajo la presión de reactivar la economía y fortalecer la defensa europea, mientras la ultraderecha, consolidada como segunda fuerza, lidera una oposición feroz.

Mientras, Kicillof abre sus brazos para prepararse para las elecciones de 2027, Milei tiene problemas internos de todo tipo. Por un lado, Macri dijo que el PRO debe tener su propio candidato a las elecciones y Patricia Bullrich, hoy la política con mejor imagen del país, inclusive, según varias encuestas, por encima del Presidente, empieza a tener juego propio y suma tensiones con Karina Milei. Si efectivamente se divide el voto a la derecha y Kicillof logra encabezar una lista opositora que trasciende al peronismo y logre atraer votos desde la centroderecha hasta la izquierda, tendría chances de ser el nuevo presidente.

Para esto, debe deskirchnerizarse sin perder los votos del kirchnerismo. Es decir, debe mostrarse más amplio, sin que la base electoral K lo identifique como alguien ajeno a su espacio. Por ahora, intenta construir en los sectores politizados este perfil, no queda claro que esto se haya hecho realidad en la mayoría del electorado argentino que parece seguir identificándolo con Cristina Kirchner.

Hay quienes pueden pensar que este tipo de táctica política es poco honesta o de falta de principios. La realidad es que la experiencia del poder indica que muchas veces hay que abandonar los preceptos ideológicos y echar mano a herramientas de otras escuelas ideológicas. Inclusive los bolcheviques tuvieron que generar ciertos grados de apertura económica con la NEP para poder sobrevivir como Gobierno frente a la presión del resto de las potencias.

Por otro lado, Cristina Kirchner y la Cámpora acusan a Kicillof de querer seducir al establishment con sus gestos. El gobernador podría responderles que es exactamente lo que quiso hacer el propio kirchnerismo al elegir como candidato presidencial a Daniel Scioli, hoy funcionario de Milei, Alberto Fernández quien se había alejado durante la confrontación con el campo o el propio Sergio Massa. Para el mundo K, si lo hace Cristina es una táctica brillante, si lo hace alguien por fuera es una traición.

Lenin mismo dijo que “el árbol de la vida siempre es verde y la teoría es siempre gris”. Es decir, que los desafíos políticos que provienen de la realidad, muchas veces superan las predicciones teóricas o la rigidez ideológica.

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Por otro lado, hasta ahora, la táctica catch all, como describimos a lo largo de esta columna, viene siendo la más efectiva a la hora de frenar a la extrema derecha. Por esto, es natural que la oposición a estas fuerzas la utilicen.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi