OPINIóN
Brasil

Lula se encuentra bajo una fuerte presión

Informes publicados por el Banco Central y otras instituciones financieras del vecino país indican que el nivel de endeudamiento de las familias alcanzó el nivel más alto desde que comenzó la medición de ese parámetro.

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Lula da Silva | Cedoc Perfil

Siempre “es la economía”, como dijo Bill Clinton en su campaña presidencial de 1992, la que determinaría el rumbo de una elección. La célebre sentencia se aplica a los tiempos que hoy fluyen en el Brasil de Lula da Silva. Aunque su gestión revela algunos indicadores buenos: el nivel de desempleo más bajo desde que se comenzó a medir el indicador, y un crecimiento del PBI del 2,5% anual, en más de la mitad de la sociedad domina el malhumor.

La encuestadora Datafolha acaba de publicar un estudio que abarca los más diversos segmentos poblacionales y sus mayores preocupaciones. La percepción sobre la economía, dice la investigación, es que esta empeoró los últimos meses; eso implica un reversión del proceso vivido el último trimestre de 2025, cuando todo parecía mejorar. Desde luego, esa “sensación” de los brasileños tiene un reflejo en las estadísticas: 46% de los consultados teme un futuro negativo, contra el 41% de quiénes manifestaban esa creencia a fines del año pasado. Como consecuencia, el pesimismo hoy invade una franja mayor de la población que se expresa, entre otros factores, en el miedo a un eventual desempleo, a un aumento de la inflación y a un endeudamiento cada vez más difícil de enfrentar.

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Informes publicados por el Banco Central y otras instituciones financieras del vecino país indican que el nivel de endeudamiento de las familias alcanzó el nivel más alto desde que comenzó la medición de ese parámetro. Así lo refleja una encuesta publicada por la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo: en enero último, el porcentaje de familias endeudadas llegó a 79,5%, cuando en el mismo mes de 2025 la cifra era tres puntos más baja (76,4%). Los déficits financieros incluyen varios rubros: tarjetas, créditos bancarios, operaciones en descubierto, y financiación de los pasivos financieros.

La inflación también tiene su papel en las reservas familiares, si bien las cifras exponen niveles muy bajos, cuando comparados con los estándares internacionales: 2025 terminó con un alta anual de precios de 4,26% y la proyección para este año es de 3,8%, si bien la guerra de Medio Oriente puede llevar ese índice a más del 4%. Con todo, para 50% de los encuestados por Datafolha, la lucha antiinflacionaria del gobierno es negativa; mientras que apenas 23% la evalúa como positiva.

Con esos datos a la vista, cabe preguntar: ¿qué explica ese enfado de la mitad del electorado con el actual gobierno? Las respuestas de las consultoras apuntan en un sentido: el fenómeno de polarización entre el “lulismo” y el “bolsonarismo”. Esto queda explícito, dicen, al observarse las tendencias entre los votantes de Lula y los de Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente preso. “Los sentimientos negativos aparecen en forma más intensa entre quienes votaron en Jair Bolsonaro y ahora votarán en Flavio”, sostienen los analistas. Deducen entonces que las elecciones de 2026 “no solo serán una elección entre candidatos o proyectos gubernamentales, sino un referéndum sobre la dirección que debe tomar el país marcado por la polarización y por desafíos económicos persistentes”.

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Según Marcia Cavallari, directora de la consultora Ipsos-Ipec, “la fotografía muestra un país dividido en tres partes: una que prefiere al Partido de los Trabajadores, otra que prefiere al Partido Liberal (del ex mandatario Jair) y una tercera que no tiene simpatías ni por uno ni por otro. El desafío y la oportunidad para otras fuerzas políticas es abocarse a los brasileños que se declaran sin partido”. Claro que, según muestran las encuestas, los postulantes del centro no logran despegar como para conformar la “tercera vía”.

Desde luego, Lula y su equipo revisan con redoblada atención las conclusiones de las consultoras. El presidente expone su propia ansiedad en cada acto que aprovecha para discursear. En su última aparición, esta semana, confesó: “Hemos tomado medidas para proteger al consumidor, para evitar la subida de los precios”. Se refería al nuevo impuesto que regirá sobre la exportación de petróleo, que ayudará a su vez a financiar la subvención de los combustibles. “Queremos asegurarnos que la guerra (de Israel y Estados Unidos contra Irán) no llegue a la estación de servicio, al bolsillo del del conductor del camión y, sobre todo, a la ensalada de lechuga, la cebolla y la comida que la gente tiene en común”.

DCQ